Croniquilla del verano y otoño sangriento de 1936.  Las víctimas de la 2ª tanda de Peñaparda

(Croniquilla dedicada a todos los lectores de buena fe y, sobre todo, a mis informantes de Peñaparda, donde la familia emparentada con “tia Juana de las Ligas”, viuda de Félix Hueso Pascual, me ha acogido como amigo desde 1972). 

 

Como se apuntó en la croniquilla del día 1º de septiembre, los victimarios locales de Peñaparda, ayudados por dos de Villasrubias y algunos otros de pueblos cercanos de Salamanca y Cáceres, confirmaron su lado menos humano entre los días 8 y 12 de septiembre con la muerte de tres vecinos (otros se libraron casi de milagro), aunque de la fecha exacta de la ejecución de José Chanca no hay constancia cierta. El jefe local de Falange, Félix Rodríguez Martín, a su vez alentado por su padre, el secretario municipal Emilio Rodríguez, y poseído de una desenfrenada codicia, incitaba a sus compinches a estas actuaciones macabras y crapulosas, que acarrearían su propia desgracia  y la de otros administradores de la muerte, desenmascarados (pero no todos) en la Causa 728/37, cuyo complicado análisis se inició tiempo atrás (Iglesias 2008a y 2008c).  Los peor parados serían el propio Félix, su padre Emilio y Julián Collado, cuñado del primero y yerno del segundo, que fueron condenados a muerte, aunque Emilio, quizá en razón de su edad, sería conmutado.  

La modalidad utilizada por los verdugos en los tres casos señalados fue la saca domiciliaria individual, de evidente motivación interesada y rencorosa dentro de la propia familia para Felipe Benito y menos clara para José Chanca y Félix Hueso, pero, como ya se ha dicho, salta a la vista también la motivación ideológica. En el intenso y complicado necrologio de Peñaparda hay que incluir a los dos ejecutados por  sentencia de consejo de guerra, Félix Rodríguez y Julián Collado, en el primero de los cuales se comprueba el dicho de que “Así paga el diablo a quien bien le sirve”, mientras que en el caso de Julián parece claro que fue eliminado por su sindicalismo socialista, que permitió a los manipuladores de la jurisdicción militar deshacerse de varios aquellos indeseables “lacayuelos de la muerte”, atribuyéndoles un falso pasado izquierdista.   

 

9 de septiembre de 1936. Felipe Benito Hernández (a) “El Cubano” o “Menade 44 años, labrador, concejal, casado en segundas nupcias con Catalina Rodríguez Martín (hermana del jefe local de Falange y jefa ella misma de la Sección Femenina), de cuyo matrimonio así como del primero no quedaban hijos. Falleció en un “punto ignorado” en la fecha indicada, a consecuencia de “la anormalidad reinante”, sin indicación del lugar donde fue enterrado (RCPact. def. 04/08/39). Según testimonios, Felipe había estado en Cuba, donde habría hecho considerables ahorros (P 2007). Estaba separado de su segunda mujer, a cuya familia pertenecían algunos de sus propios asesinos, quienes lo fueron a buscar a su casa y lo obligaron a que firmara documentos de venta de vacas y tierras. “Tia Mena”, su madre, presenció todo, y fue amenazada también. De acuerdo con la información oral, fue asesinado en el Puerto de Perales, siendo objeto de actos de barbarie: “(…) le descargaron del camión vivo o muerto, no se sabe. Lo enterraron y para terminar dijeron: “Nunca quisiste levantar el brazo derecho”, y se lo dejaron fuera” (P 2006).  

Globalmente, todo ello se confirma en la documentación procesal de un juicio sumarísimo en cuya sentencia se indica quiénes fueron los ejecutores de Felipe Benito. Félix Rodríguez declaró que su cuñado Felipe en las elecciones de febrero de 1936 “trabajaba en la candidatura de izquierdas (C.728/37). Y Filomena Hernández reveló que Félix había impuesto a su hijo Felipe (a quien a principios de 1937 se consideraba “desaparecido”) ocho mil reales de multa “por sus ideas izquierdistas”, bajo amenaza de muerte, y le quitó recibos de deudas de varios vecinos por valor de noventa mil reales, hechos sucedidos el 5 de septiembre de 1936.  

9 de septiembre de 1936. Félix Hueso Pascual, de 38 años, hijo de Julián y Lorenza, labrador, casado con Juana Gata Collado (“tia Juana de las Ligas”), de cuyo matrimonio quedaban cuatro hijos. Falleció en el término municipal de Robleda en la fecha indicada, a consecuencia de “heridas producidas por arma de fuego”, sin indicación del lugar donde fue enterrado (RCP, act. def. 18/04/1940, a instancia de “la cónyuge Juana Gata”). Probablemente su identidad corresponde al “desconocido” registrado en  Robleda (RCR, act. def. 12/09/1936). Según testimonios, primero estuvo escondido en Los Bonales, hacia El Payo, donde alguien lo vio, sin denunciarlo, pero más tarde otro vecino lo delató: “Se agazapaba en un campo de escobas, cuando uno de los que le andaban buscando, G. “Palero”, lo descubre, pero disimula y le dice: “Estate quieto, no te muevas”. Pocos días después otros lo descubren y lo matan” (P 2006). Se atribuyó su muerte al “Espantao” (P 2005a). En su leyenda se resalta la mezquina motivación crapulosa: “lo mataron por veinticinco pesetas” (P 2007). De hecho el responsable de su muerte, Félix Rodríguez, reconoció que, “a raíz del Movimiento Glorioso”, multó a Félix Hueso con 25 pesetas, que él cobró y “se gastó en un viaje que tuvo que hacer a Salamanca, con motivo de un desfile” (C.728/37, Iglesias 2008a). 

Fecha desconocida de agosto o septiembre de 1936. José Chanca Sánchez (aJincapiéde 44 años, hijo de Domingo y Sofía, sin indicación de profesión (jornalero), casado, sin identificación nominal de la esposa, padre de un niño al menos. Falleció en detención sangrienta en el mismo pueblo, sin indicación de fecha. Se mencionado en la C.2133/37 (Iglesias 2008a). Los testimonios coinciden en el ensañamiento de que fue objeto. Sus verdugos lo sacaron de su casa, lo llevaron al cementerio y lo mandaron cavar su tumba (un detalle ya señalado por un declarante en la C.728/37), diciéndole que la hiciera grande “para estar cómodo”. Le cortaron la cabeza y practicaron otros actos de barbarie. Después fueron a la taberna de Domingo Ramos, para celebrar la fechoría, contando que “la cabeza daba saltos” (P 2006).  

10 de marzo de 1938. Julián Collado Rodríguez, de  de 36 años, hijo de Martín y Francisca, jornalero, socio del Sindicato de Trabajadores de la Tierra y Oficios Varios (STT), casado, sin mención del nombre de su esposa, padre de tres hijas. Fue ejecutado por sentencia de un consejo de guerra el día indicado (C.728/37). A esto se añadió una multa de 150 pts., por responsabilidad civil, pena de la que sería indultado en 1960, 22 años después de muerto. Algunos familiares suyos también fueron represaliados durante la guerra y más tarde. 

Como se explicó ya hace algún tiempo (Iglesias 2008a), Julián Collado fue víctima del contexto local y familiar, por un lado, y de la manipulación jurídico-militar de los represores, que vieron en su pasado sindical una excelente oportunidad para quitarse de encima a una decena de victimarios peñapardinos (eran bastante más numerosos), a quienes procesaron más por ladrones que por matones. Las tendenciosas actuaciones fueron rentables sobre todo en términos de propaganda, pues consiguieron crearse  una inmerecida imagen de justicieros a base de manipular la opinión de los ingenuos lugareños. Y por ello se concluía que, al menos en beneficio de la duda, Julián debía ser incluido entre las víctimas del terror militar.  

En dicha C.728/37, además de varios condenados a prisión, se mencionan tres condenados a muerte: Emilio Rodríguez Mateos, Félix Rodríguez Martín y Julián Collado Rodríguez. Ahora bien, la condena de éste último a la pena capital no parece muy justificada, pues no se aportan datos sobre su implicación real en operaciones crapulosas o como responsable o ejecutor de asesinatos (que en otros casos tampoco se condenaban, como se comprueba en los procedimientos contra el alférez Ernesto Bravo y Agustín Calzada, jefes respectivos de Milicias y de Falange en Ciudad Rodrigo, juzgados en la C.2133/37). Sólo se insiste en su responsabilidad moral, como inductor o cómplice al lado de su cuñado Félix, pero incluso esta faceta, en el momento de los hechos no resulta del todo verosímil. Las declaraciones no lo señalan explícitamente, y solamente la de un fascista local en 1937 lo describe como “cabecilla” de izquierdas y elemento de un “triunvirato de caciques” oportunistas, con su suegro y su cuñado, pero añade que estaba “aparentemente” enemistado con ellos desde las últimas elecciones en febrero de 1936, porque defendía la candidatura de izquierdas, mientras que los otros dos apoyaban la del “Centro” (derechas). Esto no impediría a Félix y Emilio protegerle después, como insinúa otro encartado, Mariano Sánchez García, porque Julián había hecho las paces con ellos:  

 “(…) manifiesta que conoce a Julián Collado cuñado también del Jefe local, quien llevaba con él y con su padre después del movimiento una gran relación y el que, anteriormente a haber estallado el Movimiento, era de los más destacados elementos de izquierdas en el pueblo, sin que pueda expresar el declarante por qué ni ha sido denunciado ni detenido ni eliminado, creyendo que únicamente puede explicarse esto teniendo en cuenta que su cuñado y suegro respectivamente hacían cuanto les daba la gana sin que hayan tenido con éste la misma dureza que con otros individuos del pueblo” (C.728/37: f. 75). 

 Así pues, a raíz de la reconciliación familiar, Julián habría empezado a colaborar con su suegro y su cuñado nada más iniciado el Movimiento. Poco antes había sido detenido inicialmente por las autoridades locales republicanas, debido a un alboroto entre la familia de Juana y estos tres individuos, según declaración del propio Félix Rodríguez y otros encartados en la C.728/37. El 18 de julio,  por “tenencia de armas”,  el trío había ingresado en la cárcel del partido judicial, de donde salió  tres días después (Desaparecidos 1936, AMCR), sin duda cuando el bando faccioso ya había triunfado en Peñaparda. Con anterioridad, según un parte de la Guardia Civil (31/01/1936), efectivamente, en la campaña para  las elecciones de febrero de 1936 Julián Collado obraba por la candidatura de Izquierdas, y lo hacía de un modo violento, pues el 30 de enero de dicho año llegó a amenazar con una pistola a Nicolasa Sánchez Torres (la hija de la asesinada Juana Torres), porque no había querido llevar bancos y sillas de su establecimiento para una reunión de propaganda socialista: “(…) Julián sacando una pistola del bolsillo, la amenazó con ella diciéndole, estáis tomando esto a broma y con esta pistola te levanto la tapa de los sexos (sic) (Gobierno Civil, partes de incidencias de 1935-36, AHPS, legajo 266). El procesado reconoció su ideología en el consejo de guerra (18/09/37), en cuya acta se hace constar que Julián Collado: “confiesa que antes del Movimiento fue de Izquierdas, pero que después comprendió su error, no estando afiliado a Falange” (C.728/37: f. 125vº). 

En suma, aunque Julián no estuviera exento de reproches y compartiera con otros la condición caciquil y en parte tornadiza, no queda probado que fuera un asesino como los otros procesados. 

10 de marzo de 1938. Félix Rodríguez Martín, escribiente, jefe local de Falange, casado, ejecutado por sentencia de consejo de guerra el día indicado (C.728/37, Iglesias  2008a). Había sido detenido por “tenencia ilícita de armas”, el día 18 de 1936, con salida el 21 de julio de 1936 (sumario 138 de 1936, AMCR, Desaparecidos 1936). Agustín Calzada, jefe local de la Falange de Ciudad Rodrigo y su comarca, lo nombró jefe local. Y en el ejercicio de este cargo fue responsable de las ejecuciones extrajudiciales de Peñaparda, sin paliativos. Más que por sus crímenes, fue juzgado por las extorsiones y robos. Obviamente, su ejecución no le da derecho a figurar en el listado de víctimas elegidas, pero es reveladora de la clase de individuos que los mandos elegían para los “servicios de represión” y de los que, una vez cumplida las sucias tareas, procuraban desmarcarse, bien haciéndolos pasar por elementos “incontrolados” o bien, mediante la manipulación tendenciosa de la jurisdicción militar, atribuyéndoles un falso pasado izquierdista.  

Las víctimas mortales indirectas de la represión cruenta en Peñaparda no se conocen bien todavía. Sin duda los muertos fueron más numerosos que los dos registrados: 

Un Hermano de José Chanca Sánchez (“Jincapié”), de trauma psíquico en fecha incierta de 1936 (P 2008). Según testimonios, le sorprendió la noticia de aquellala detención y bárbaro asesinato cuando cuando estaba cenando. Quedó tan impresionado que ya no volvió a salir de casa y murió (P 2008). 

Bernardino Mateos Toribio, de 37 años, secretario del juzgado municipal, falangista victimario, falleció de enfermedad en la  prisión de Burgos en 1938, cuando cumplía la condena 10 de años en que se le había conmutado la pena inicial de 30 años de cárcel (C.728/37). 

El descontrol de las armas por parte de los soldados franquistas causó varios heridos durante y después de la guerra, niños principalmente, sin que la Auditoría de Guerra viera en ellos motivo de “responsabilidad militar”: 

Los hermanos María y Pedro Mateos Gata resultaron heridos en 1939 por la explosión, efectuada por un soldado que estaba de permiso, de una de las dos bombas dejadas  por un  requeté  (P.prev.127/39). 

Los niños Justo Sánchez y Cipriano Collado sufrieron lesiones a causa de “haber estallado unas bombas italianas con las cuales estaban jugando” (P.prev.P/ 40). 

 

El total provisional de vecinos de Peñaparda afectados por las diversas modalidades represivas reconocidas (sin contar violaciones, vejaciones e injurias, entre otras formas de represión desconocidas o no reconocidas) se eleva a 46: 

  • Víctimas mortales: 14 (2 indirectas) 

  • Presos y detenidos (procesados o no): 32 

  • Depurados: 3 (afectados por otras modalidades represivas) 

  • Sancionados y embargados: 11 (afectados por otras modalidades represivas). 

 

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