Croniquilla del verano y otoño sangriento de 1936. La tercera tanda de asesinados de Robleda

En los primeros días de septiembre se consumó el sacrificio de las víctimas elegidas de Robleda. Algunas quizá serían detenidas entonces, pero fueron eliminadas más tarde, en fecha y lugar incierto en algunos casos (Iglesias 2008a). Fue una “limpieza final” por la vía extrajudicial que, a juzgar por los testimonios de los represores en la documentación procesal y por la información oral de los familiares de los muertos, dejó satisfechos a los victimarios locales.  

1º de septiembre. Amable González Andrés, natural de Reguero (León), de 39 años, maestro nacional, casado con Isabel Villoria Esteban en Robleda, donde pasaba las vacaciones (Zato 1997). Uno de sus cuñados había sido alcalde hasta febrero de 1936 y había tomado la investidura falangista. A pesar de las advertencias, este maestro republicano, de quien por entonces la Inspección había mandado una excelente apreciación, quiso estar en la apertura de curso de su destino en Écija (Sevilla). Allí lo asesinaron, junto al cementerio. La causa de su muerte sería ocultada a las dos hijas que dejaba, hasta que fueron adultas (R 2002). Al año siguiente nació un hijo póstumo que falleció. 

 

2 de septiembre. Dos robledanos dejaron su vida en una detención sangrienta en su localidad y en una ejecución extrajudicial en Zamarra:  

 

Julián Ovejero García, de 20 años, hijo de Serafín y Claudia, jornalero y cabrero. Su identidad nominal fue ocultada por los responsables de su asesinato, que lo inscribieron en el registro civil como Desconocido“que vestía blusa de tela color azul, camisa blanca bastante sucia, pantalón de pana, abarcas de goma y botas de caña, de cuerpo y de una estatura regular”. “Falleció en el campo, el día se ignora”, “a consecuencia de disparo de arma de fuego en la cabeza”; fue enterrado en el cementerio de Robleda (RCR, act. def. 02/09/1936, por “acuerdo de este juzgado”). El acta fue redactada sin duda por Julio del Corral (juez municipal y jefe de Falange), y no por el secretario habilitado (Joaquín García Mateos), a las 15 horas, poco después de la muerte en detención sangrienta. Firmaron como testigos Agapito del Corral y Eugenio Pedraza Lozano, ambos implicados en la represión sangrienta. Todos ellos mintieron descaradamente. La persecución, la ejecución y la conducción del cadáver de Julián Ovejero fueron notorias en  el pueblo. Consiguió escapar en la caza del 13 de agosto, cuando falangistas de Ciudad Rodrigo (“los Cencerrerus”, acusados de estar en todos los fregados macabros), de La Encina, quizá de Villasrubias y sin duda de Robleda fueron a detenerlo a tiros en las eras (“cuando estaba canteando la parva”)  y ocho de ellos lo persiguieron a caballo. Después trató de esconderse con varios familiares en la Sierra de Villasrubias y finalmente se quedó emboscado con su hermano Juan en los parajes de Valdelpino y El Colodrero. En este último,  junto al camino de “Las Pocilgas”, próximo al regato de la Rojolardino, cuando huía con su hermano el día 2 de septiembre, fue alcanzado por un disparo del carabinero Moreiro, que acompañaba a una numerosa patrulla formada por decenas de fascistas y simpatizantes. Los victimarios abandonaron su cadáver en el mismo lugar del asesinato, donde permaneció hasta que su padre, Serafín Ovejero, fue a recogerlo y llevarlo al cementerio terciado en un burro entre dos sacos de paja. Su nombre fue inscrito en una placa del cementerio en una ceremonia de homenaje el pasado 6 de agosto (infra).  

Sebastián Mateos Mateosde 34 años, hijo de Francisco y Josefa, labrador, cartero, asesor de la Sociedad Obrera, casado con Juliana González Gutiérrez. Dejaba tres hijos huérfanos, a los que se añadió una hija póstuma. Era hermano de Tiburcio y Esteban Mateos Mateos asesinados en Boadilla (necrologio de la 1ª tanda, 13 de agosto). Falleció en el término municipal de Zamarra, seguramente en la noche del 2 al 3 de septiembre, a consecuencia de “herida de arma de fuego”. Su acta de defunción (16/11/40) no señalaba el lugar donde fue asesinado y enterrado. En 1938 se daba por “desaparecido” (C.2133/38). Compartió prisión en Ciudad Rodrigo con Juan Ovejero, quien, antes de su propio asesinato, entregó a la viuda el reloj y otros efectos personales de Sebastián (R 1976). Su cadáver era sin duda el que apareció en el enlace de la carretera de Ciudad Rodrigo a las dos Serradillas, junto al de Ángel González Gorjón (croniquilla del día 5 de agosto)registrado como Desconocido y enterrado en el cementerio municipal (04/09/36, Sum./36). 

4 de septiembre: Juan Ovejero García, de 22 años, hijo de Serafín y Claudia, cabrero y jornalero, soltero, hermano de Ángel y Julián Ovejero y cuñado de José Mateos (croniquilla del día 24 de agosto y supra). Se libró del servicio militar por no dar la talla. Según testimonios familiares, cuando abatieron a su hermano Julián en el campo, se sentó a la vera del cadáver para entregarse a la patrulla de los milicianos fascistas y a las autoridades facciosas locales, que lo mandaron a Ciudad Rodrigo. Allí lo interrogarían en el cuartel de Falange o en alguna otra dependencia carcelaria, le dieron de cenar y, declarado inocente y libre, le permitieron volver al pueblo, después de compartir el efímero cautiverio con Sebastián Mateos (supra), a quien esa noche del día 2 de septiembre llevaron a fusilar en Zamarra. Por tanto, pasaría en la cárcel de Ciudad Rodrigo parte de la noche del 2 al 3 de septiembre, en que volvería a Robleda probablemente a pie. Al día siguiente fue a ayudar a sus sobrinos Pablo Samaniego y Anastasio Mateos en el cuidado de las cabras de su padre y de su cuñado José Mateos, ya asesinado, mientras su hermana Mª Antonia se ocupaba del lavado de los aparejos del burro, manchados con la sangre de su hermano Julián, cazado el día anterior (R 1973R 1976). Mientras Juan y sus sobrinos ordeñaban las cabras en la majada, llegaron dos parejas de falangistas locales que detuvieron a tiros al primero y, a consecuencia del susto, dejaron momentáneamente sin sentido a Mª Antonia.  Juan fue llevado al pueblo, pasando casualmente por delante de su madre, Claudia García, a quien los captores amenazaron de muerte si no dejaba sus lamentos. En la plaza de Robleda fue vejado, atado al “pino de la capea”, con una maza de carne a la espalda (porque, siendo los milicianos fascistas los carniceros y tragones de verdad, acusaban a los fugitivos de robar ganado para comer), y fue sometido al tormento de la sed. El concejal Eugenio Pedraza se empleó en tirarle la bebida que un amigo le había ofrecido y le administró dos bofetadas. Por la noche compartió detención en el pueblo con Rosindo Calvo y el yerno de éste, Ángel Varas, detenidos por prestar ayuda a Fermín Mateos (infra), que salieron de la cárcel por mediación del párroco. Serafín Ovejero fue a casa del primero para tener noticias de Juanitu y aquél le dijo: -“Allí queó, en la carci”. Cuando Serafín fue de mañana a ver su hijo ya lo habían sacado (R 2011).  

Según la tradición familiar, su identidad corresponde al “Desconocido”, “como de unos treinta a treinta y dos años, estatura bajo, que vestía pantalón de pana negra, camisa blanca y alpargatas blancas con piso de goma”, fallecido en el término de Peñaparda el día 4 de septiembre de 1936, a consecuencia de “herida de arma de fuego” y enterrado en el cementerio de la localidad (act. def. 04/09/36). En las diligencias practicadas aquel mismo día 4, se indica con precisión el lugar de asesinato: “en el sitio del Gatuñal, en la carretera del Puente de Guadancil a Ciudad Rodrigo en el Km. 79, término de este pueblo, se hallaban dos cadáveres en la cuneta del lado izquierdo”. El informe del médico Esteban Martín Herrero precisa: “uno [que sería el de esta víctima] presentaba una herida producida por arma de fuego en el parietal izquierdo con propulsión de masa encefálica, mortal de necesidad”. En la estadística criminal de guerra franquista esta ejecución extrajudicial, realizada por milicianos fascistas de Robleda y/o de Peñaparda, al servicio de los rebeldes militares, se clasifica como “delito de asesinato” (C.230/37). 

5 de septiembre. Segundo Mateos Baz (a) “EPulgu”, de 29 años, hijo de José y de Isabel, jornalero, casado con Rosa Lucas Martín, de cuyo matrimonio dejaba dos hijas, pobres de solemnidad tras su muerte. De  su detención se tiene noticia por el testimonio de un niño de siete años entonces (R 2007). Éste era vecino de Segundo en “el barrio del Portugalillo”, y lo acompañó en burro a coger baleo en la dehesa de Fuenteguinaldo. Los falangistas de este pueblo pasaron por allí y los llevaron detenidos al ayuntamiento del mismo pueblo, atando el animal a una columna. A Segundo lo presionaron para que revelara el escondite de Fermín Mateos, alcalde huido de Robleda (infra), a quien servía de criado. Al fin soltaron a los dos detenidos, que volvieron a Robleda. Según el informante, era la víspera de Santiago, día festivo en que los mozos, como era costumbre, jugaban el partido de pelota contra la pared de la iglesia en “La Panera” en el espacio delimitado por la pared seca de un huerto. Entonces, los falangistas se acercaron por ambos lados y, al acabar el partido, se llevaron a Segundo para un destino desconocido y del que no volvió. De ser esto totalmente cierto, Segundo Mateos habría sido el primer detenido de Robleda, pero esto es poco probable. El relevo forzado del alcalde y los concejales se produjo precisamente el día de Santiago (AMR, act. ses. 25/07/1936) y Fermín Mateos huyó tras la redada del día 13 de agosto. Probablemente el informante confunde el día de Santiago con el domingo 23 de agosto. La relación de entradas y salidas de la cárcel de Ciudad Rodrigo señala el ingreso de Segundo Mateoscomo “detenido [militar]”, el 24 de agosto de 1936 y su salida el 5 de septiembre (Desaparecidos 1936), que sería la fecha en que fue eliminado clandestinamente. Según datos de la ASMJ, está enterrado y, por deducción, hay que suponer que también fue asesinado en el término de Sancti Spíritus (act. def. de fecha 05/09/36). 

6 de septiembre. Según el registro civil de Robleda, un Desconocido, “como de unos 50 años de edad”, falleció el en “el campo”, el día “se ignora”, a consecuencia de “disparos de arma de fuego”, “el sitio en que fue hallado el cadáver se denomina Regato de los Alisos”, y fue enterrado en el cementerio de Robleda (RCR, act. def. 06/09/1936, por “acuerdo de este juzgado”). La identidad de este “desconocido” se revela en el acta de defunción, fuera de plazo (29/03/1948), de Fermín Mateos Carballohijo de Francisco y María, labrador y dueño de una fábrica de electricidad, alcalde, casado con Vicenta Hernández Mateos, de cuyo matrimonio quedaban cuatro hijas; era hermano de Juan y José Mateos Carballo. En una declaración de Laureano Enrique (21/06/38) se da por “desaparecido”, después del pago de una multa (C.2133/38). Al día siguiente de la caza de hombres el día 13 de agosto, Fermín desapareció de su domicilio y anduvo escondido en los aledaños de su propio molino, en el puente del Granaeru, después en los límites de la provincia de Cáceres. Su hija Rafaela le dejaba la comida escondida en lugares convenidos. En la emboscadura de este alcalde implicarían a Gorgonia Mateos, casada en Gata (R 2005), sin que esto sea seguro. Después le llevaba la comida un vecino, Ángel Varas, antiguo empleado del ayuntamiento, quien, al ser descubierto, tendría que revelar vagamente el escondite, cerca de la sierra de Villasrubias. En la caza de Fermín, algunos de los perseguidores lo vieron, y pasaron de largo, pero no así un antiguo guarda municipal: “¡Aquí está el coneju!”. Presintiendo su destino, el Alcalde habría solicitado ver a sus hijas antes de morir, pero uno de los victimarios zanjó la cuestión golpeando en la cabeza  a la víctima con la culata del fusil y otro lo remató de un disparo. Sobre la autoría de los hechos  hay versiones divergentes. Su cadáver lo llevaron al pueblo terciado en un burro y, antes de depositarlo en el cementerio, lo expusieron en el Atrio de la iglesia, donde cuentan que los asesinos se lavaron las manos en la pila del agua bendita, mientras el cura “don José María, que lo había andado buscando también” (R 2007), interrumpía el acto de culto que estuviera celebrando. Después, para celebrar la captura y muerte del ex Alcalde, los falangistas “encargaron 10 gallos a los del Parador” y se los llevaron para el cuartel de la Falange, donde se ofrecieron la comilona ritual (R 2004). Los enemigos de Fermín demonizaron su memoria, así como la de las otras víctimas, con la intención de justificar su propia barbarie (Iglesias 2008a). El nombre de este alcalde encabeza la nómina del monumento a los republicanos asesinados en Robleda (2008) y este año (06/08/2016) se colocó una placa en el cementerio, costeada por los familiares y demócratas solidarios, con su nombre y el de Julián Ovejero, cuyos restos yacen allí con los de “otros republicanos asesinados en 1936”, compartiendo el espacio con los de familiares de sus propios victimarios. 

 

Con esta muerte los fascistas locales consideraban “pacificado” el pueblo de Robleda, aunque todavía después serían asesinados otros dos vecinos, probablemente detenidos a últimos de agosto y encarcelados en alguna prisión cacereña: José Prieto y Eduardo Gutiérrez. Testimonios recientes de Robleda y de Villasbuenas de Gata han permitido el hallazgo, la exhumación e identificación de los restos mortales de ambos, que yacían en una de las fosas sitas en el paraje de “Los Romeros”, a la derecha de la carretera de La Fatela a Villasbuenas de Gata, cerca de esta localidad cacereña. Otros testimonios recogidos en el informe de C. Ibarra (2012: 138-40) llevan a proponer la fecha del 28-29 de septiembre de 1936 para el asesinato de José y Eduardo. 

  

José Prieto Martín (a) “El Camioneto, de 30 años, hijo de Juan y Juana, transportista, casado con Esperanza Gallego Gil, de cuyo matrimonio quedaban tres hijos, a los que se añadió otro póstumo. Según el acta de defunción, fuera de fecha (01/01/40), falleció en el término municipal de Villasbuenas de Gata (Cáceres) el 6 de octubre de 1936”, a consecuencia de “herida de arma de fuego”, sin indicación del lugar donde fue enterrado. Sus familiares supieron de su asesinato en Villasbuenas, porque alguien les entregó algunos objetos personales. Según testimonios diversos, sus verdugos habrían practicado contra él actos de barbarie (R 2005). Julio del Corral, jefe local de Falange reconocería en junio de 1937 que la orden de eliminar a José Prieto, como a José Benito (Mateos) y a Juan Mateos, la había dado él mismo (C.728/37). Los fascistas y derechistas locales lo acusaron de “comunista” y de haber participado en la resistencia inicial contra los sublevados.  

Eduardo Gutiérrez Roncero (a) “de tio Pedroti” (R 1973) o “de la Maestrina (Alonso 2002), de 29, años, hijo de Pedro y de Marcela, jornalero, presidente de la Sociedad Obrera. Estaba casado con la maestra de párvulos, llamada Salustiana, pero no tenían hijos. Por la causa seguida contra Isabel Montero se sabe que estuvo implicado en un tumulto que se produjo en Robleda el 5 de abril de 1936 (domingo de Ramos), en el cual “resultó herido (...) Froilán Mateos y desarmado el guardia civil Benito” (C.857/37). Esto último se produjo precisamente porque llevaban detenido a Eduardo, y esta circunstancia sin duda pesaría en su destino.  

 

El total provisional de personas asesinadas de o en Robleda ronda la treintena, entre naturales y domiciliadas en el lugar (Iglesias 2008a). Eran varones: 

- muertos en el término del pueblo o fuera de él: 21  

- forasteros asesinados en el término: 7 u 8.  

A estas víctimas mortales elegidas hay que añadir las “indirectas”: 12. Las otras formas de represión también se aplicaron sistemáticamente desde el comienzo de la sublevación hasta después de la guerra y afectaron, a veces por partida doble, a varios vecinos. Las vejaciones, injurias y malos tratos de las familias elegidas fueron habituales, aunque, como en otras partes, no se han registrado en los anales. En cambio, hasta ahora se han identificado: 

- detenidos y presos, procesados: 6 

- depurados o cesados: 5 (algunos de ellos asesinados o/y multados)  

- multados por los jefezuelos fascistas y las autoridades militaristas: 34 (algunos de ellos asesinados o/y depurados). 

 El total de conocidos afectados por la represión franquista en  Robleda se eleva a unas 70 personas. Por no alargar, se deja para la croniquilla de mañana el inventario provisional de las víctimas “indirectas” en esta localidad. 

 

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