Croniquilla del verano y otoño sangriento de 1936: la ratonera de Portugal. Necrologio Aldea del Obispo

Los republicanos de la zona fronteriza que, por sus cargos o sus reivindicaciones obreristas, se sentían en el punto de mira de los represores creyeron al principio que sus opciones de salvación estaban al otro lado de la Raya. Así sucedió con quienes tenían amigos personales en las localidades portuguesas, mediante fugas afortunadas, como las del policía Alfonso Navalón en Fuentes de Oñoro, el alcalde León Almaraz y el concejal Ángel Ramos en Navasfrías, así como otras personas de Alberguería de Argañán y Aldea del Obispo, que  no regresaron hasta más tarde o no lo hicieron nunca. Sin embargo, en general, los perseguidos pronto comprobaron que, lejos de ser tierra de acogida, Portugal era una ratonera en toda regla, en la que varios vecinos de los pueblos salmantinos y cacereños dejaron la vida, unas veces al ser devueltos por las autoridades portuguesas, a sabiendas de que serían eliminados a su regreso a España, y otras veces eliminadas por los mismos agentes del orden lusos.  

En efecto, como es sabido, la “nación hermana” tomó partido por los sublevados contra la República de España y les prestó ayuda mediante la propaganda, el tráfico de armas y la actuación de los miembros de sus fuerzas armadas, que más o menos de forma descarada participaban en la represión franquista y con los mismos métodos, incluidos señuelos análogos a los “falsos bandos de perdón” para que se entregaran los fugitivos emboscados. Por ello la corporación municipal militarista de Aldea del Obispo envió felicitaciones a Radio Club Portugués en octubre y respondió positivamente en diciembre a la propuesta de homenaje a dicha Nación (Iglesias 2016: V, 1.2). 

Es precisamente en el necrologio de esta localidad donde mejor se comprueba la falta de hospitalidad oficial de Portugal con respecto a los fugitivos, cuyos avatares se conocen por testimonios orales, por lo cual resulta incierta la cronología de los tres afectados por la represión directa: José Hernández, Jacobo Andrés y Jacinto Vicente. Guiados por los fascistas locales, falangistas de Ciudad Rodrigo, entre ellos alguno de los “Cencerreros”, sacaron a los dos primeros a las inmediaciones del pueblo y dispararon sobre ellos, aunque al parecer no pudieron rematarlos, mientras que el tercero huyó inicialmente a Portugal. 

José Hernández Lamas, de 38 años, hijo de Juan y Bernardina, jornalero, casado con Dominica Sánchez Blanco, encinta de una niña que nació el 28 de octubre de 1936. Falleció en una saca el 21/08/36, efectuada en el término de Bocacara (actdef. 22/08/36 y 21/07/80, ASMJ). Había estado en Francia. Según testimonios, falangistas conocidos lo sorprendieron cuando estaba metiendo paja y lo llevaron a la cárcel. En el alto de San Pedro, los milicianos fascistas le dieron un tiro en el vientre, sin matarlo. Quizá otras personas lo llevaron herido a la cárcel de Fuentes de Oñoro. De allí fue sacado otra vez y rematado en una cuneta del mencionado pueblo, en cuyo cementerio está enterrado con otra víctima (AdO 2009). Su familia, como la de Jacobo Andrés, sobrevivió haciendo toda clase de trabajos, principalmente costura, y recurriendo al mísero contrabando. 

Jacobo Andrés Lorenzo, de 34 años, ebanista, teniente de alcalde, secretario de la Sociedad Obrera (STT), casado con Consuelo Ferreira Fuerte, padre de una niña. Falleció en lugar y fecha desconocida por octubre de 1936 en una presumible saca carcelaria. Según los testimonios familiares, en la dehesa de El Gardón Jacobo fue tiroteado por los falangistas, pero no muerto, solo herido en una muñeca, lo que no le impidió pasar la frontera. Familiares y amigos de Vale da Mula lo auxiliaron, mientras lo buscaba un sargento de los guardiñas. Disfrazado de mujer, fue a curarse en Guarda, donde, confiado en un presunto decreto, se entregó a las autoridades portuguesas, que lo devolvieron a España. En Ciudad Rodrigo estuvo preso en algún local carcelario hasta octubre. Su esposa, convencida de su eliminación, se consideró viuda hasta su propia muerte. Dejaba una hija, Ascensión Andrés Ferreira, quien a su vez asumió en fecha temprana la condición de huérfana de una víctima asesinada, sin esperanza de confirmación de rumores sobre el posible hallazgo de su padre en Portugal (con engaño interesado por parte de un portugués), depositaria de los pormenores de aquella paliza que los falangistas le propinaron en el cementerio para que revelara la falsa existencia de armas escondidas en el fuerte de la Concepción, antes de su huida a Portugal en busca de un asilo fallido, que incluso aconsejó a los familiares vestirse de luto, para dar por hecho que Jacobo había muerto en la saca de El Gardón. Luego la familia fue a llevarle un brasero y una manta cuando estaba preso en Ciudad Rodrigo, hasta que allí se le perdió el rastro. Ascensión también quedó huérfana de madre a los nueve años, pues Consuelo Ferreira solamente sobrevivió al asesinato de su marido seis años escasos, en parte gracias a la miserable práctica del contrabando, de lo que hay constancia escrita (cf. Dil.830/39). Entonces Ascensión quedó encomendada a la guarda principal de su tía materna Gloria, sobreviviendo ocasionalmente también con el expediente de la costura y del contrabando de hilo, café y bacalao, hasta de huevos, que a veces se  rompían por el camino (AdO 2009). 

Jacinto Vicente Duqueconcejal, casado con Asunción “Chavalina” (ASMJ), sin constancia de otros datos. Falleció en lugar y fecha desconocida de 1936.  Temiendo por su vida, huyó a Portugal cuando empezaron los asesinatos. Después de un tiempo refugiado en el país vecino, se entregó a las autoridades portuguesas, que decidieron su conducción a la frontera por Fuentes de Oñoro. Al llegar cerca de esta localidad fronteriza, adivinando el destino que le esperaba, trató de escapar todavía en territorio portugués, y los guardiñas, aplicándole criminalmente la “ley de fugas”, dispararon contra él y lo mataron. Se ignora la localidad portuguesa en que fuera enterrado (AdO 2009). 

Es posible que haya alguna otra víctima mortal directa. Entre las víctimas indirectas se cuentan: 

Víctor Calvo Martín, vecino de Cercedilla (Madrid), hijo de Cándido y María, casado, de enfermedad en la prisión de Salamanca (05/01/40) 

Consuelo Ferreira Fuerte, de agotamiento y enfermedad, tras la eliminación de su marido (supra) 

Juan Álvarez Pineda, muerto en el campo de concentración de Mauthausen (20/04/43, MCU).  

 

La presencia constante de destacamentos de las fuerzas armadas franquistas en Aldea facilitó la represión carcelaria de sus vecinos, por la vía procesal militar o la gubernativa. En 1938 fueron procesados ocho vecinos que habían desempeñado cargos durante el poder legítimo republicano, incluido Gerardo Zato Simón, que había sido alcalde más de una vez y presidente de la STT (C.1106/38). Todos ellos aceptaron una humillante abjuración de sus antiguas convicciones, a cambio de un leve castigo carcelario. El miedo arraigó de tal modo que todavía se traduce en negativas incomprensibles para homenajear a las víctimas aldeanas por parte de los miembros de la corporación municipal e incluso para tratar del tema de la represión en público. También fue represaliado un antiguo maestro del pueblo, Raimundo Etreros Sousa (López-Delgado 2007: 157), y el carabinero Máximo Vicente Duque (C.595/38).  

 

Así pues, el total provisional de represaliados de Aldea del Obispo incluye: 

  • 3 víctimas mortales directas 

  • 3 víctimas mortales indirectas 

  • 11 presos o detenidos, procesados 

  • 1 antiguo maestro depurado (también preso). 

 

 

 

 

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