Croniquilla del verano y otoño sangriento de 1936: necrologio de la 1ª tanda de La Alberca

La matanza de La Alberca se llevó a cabo el día 12 de agosto sobre todo, pero hubo vecinos albercanos eliminados con anterioridad. Es una de las pocas sacas masivas que tuvo cierta trascendencia en la historia escrita desde 1946, gracias al testimonio del dominico Manuel Mª. de los Hoyosaunque sólo menciona por sus nombres algunas víctimas. Desde entonces las autoridades locales militaristas, franquistas y democráticas han practicado una forma de desmemoria consistente en un hermético silencio, guardado por los hagiógrafos del santuario de la Peña de Francia, los sochantres de la tradición y los cronistas ocasionales de las fiestas religiosas de La Alberca, que unánimemente blasonan del tipismo de esta localidad serrana. Baste decir que, obstaculizada la consulta directa del archivo municipal y tergiversada la información solicitada, hasta 2016 fue imposible conocer la identidad del alcalde republicano, que, sin revelar su nombre, el P. Hoyos daba por ejecutado extrajudicial. Entre 1936 y 2016 las víctimas mortales de La Alberca han tenido menos reconocimiento oficial que el cerdo de San Antón. La Corporación actual, al parecer, se muestra mejor dispuesta e incluso favorecería la exhumación de los restos de vecinos albercanos enterrados en Nava de Francia, pero al ser requerida para más amplia información, ha dado la habitual callada por respuesta.     

En el registro civil de La Alberca (RCLA) se consigna el fallecimiento a causa de “disparos” o “heridas de arma de fuego” de seis personas en 1936, con su identificación nominal o bien como “desconocidos”, entre ellos un matrimonio, cuyos hijos Dionisio y Santiago López López también fueron asesinados, lo que confirma el método de eliminación por familias practicado en las represalias de la retaguardia “nacional”, bien comprobado en la provincia de Salamanca. 

 

Ángel Becerro Martín, de 28 años hijo de Laureano y Juana, soltero, obrero, asesinado en la dehesa del Alto de los Endrinales, el 28 de julio de 1936, por “arma de fuego” y fue “enterrado en el cementerio de La Somada” (act. def. 29/07/1936). 

Juan de la Cruz  Muñoz  Barés, de 36 años, hijo de Marcelino y Petra, soltero. Falleció (29/07/36) en la dehesa de Altejos, donde apareció su cadáver, término de Tamames, en cuyo cementerio fue enterrado (act. def. 30/07/36, AHPS: 197/40). 

Desconocido, cuyo cadáver apareció hacia el 5 ó el 6 de agosto, según el testimonio de Eufemio Puerto Cascón: “(…) un día después de su huida [de Zacarías Maíllo Criado] apareció un cadáver en la carretera que va de La Alberca al Soto[serrano]” (Hernández 2004: 292). 

Desconocido, “un hombre de estatura regular como de 40 a 45 años de edad aproximadamente, barba roja, vestido con pantalón de pana y en mangas de camisa (…)”, que “falleció en el Regato de las Marquesas, el día 12 de agosto [de 1936], a consecuencia de heridas de arma de fuego” y fue “enterrado en el cementerio de La Somada” (act. def., 13/08/36). En el margen del acta de defunción, con fecha de 11/02/1981, el juez delegado Fermín Martín Cambronero ofrece la identidad de este “desconocido”: Rufino De La Rúa Cortés, hijo de Juan y de Juana, nacido en Béjar el 16 de noviembre de 1896, casado, sin indicación de consorte ni de descendencia. La inscripción fuera de plazo se efectúa “en virtud de auto dictado por el encargado del Registro Civil de Béjar, de fecha 17/01/81”. 

Desconocido, “hombre (…), de 40 a 45 años de edad aproximadamente (…), de estatura regular, vestido con pantalón y chaqueta de pana, con albarcas, no pudiendo coger señas en el caracte (sic), por estar desfigurado del calor del tiempo y mala postura de la caída”. “Falleció en el Regato de las Marquesas, el día 12 de agosto [de 1936], a consecuencia de heridas de arma de fuego” y fue “enterrado en el cementerio de La Somada” (act. def., 13/08/36). La ASMJ identifica a este desconocido como Santiago López (padre), natural y vecino de Molinillo, casado con Sinforosa López. 

Desconocida, “mujer desconocida, de 45 a 50 años de edad aproximadamente (…), vestida estilo del país, con falda de percal, con labores blancas, blusa negra y delantal de percal”. “Falleció en el Regato de las Marquesas, el día 12 de agosto [de 1936], a consecuencia de heridas de arma de fuego” y fue “enterrada en el cementerio de La Somada” (act. def., 13/08/36). La ASMJ identifica a esta desconocida como Sinforosa López Gómez, de 65 años, natural y vecina de Molinillo, casada con Santiago LópezDos hijos del matrimonio también fueron asesinados (supra). 

 

La aludida monografía sobre La Alberca de Manuel Mª. de los Hoyos permite comprobar otras circunstancias o deducir la muerte de alguna otra víctima, muy lejos de la cifra de 19 asesinados en total que, según la misma fuente, hubo en este pueblo tan mariano 

 

“(…) Prontamente hicieron su aparición en el pueblo, los camiones que efectuaban la limpia de los elementos directores de la extrema izquierda. Irrumpió enérgica la época de los fatídicos paseos, lamentable desde luego. En la Alberca fue, sin duda, esta reacción la más intensa de la Sierra, acaso por haberse enrarecido más el ambiente, por la mayor obcecación de los elementos avanzados y por la significación del pueblo en la provincia. A ello contribuyó indudablemente algún otro detalle, que aún no es apto para la publicidad, pero de mucho peso” (Hoyos 1946: 354). 

Gregorio Cilleros Sanz (a) “Cachonal”, hijo de Manuel y Benita, de 43 años, casado con Petra Gómez Sánchez, padre de cinco hijos menores de edad. Falleció en su domicilio el 12 de agosto de 1936, “a consecuencia de disparos de arma de fuego”, “enterrado en el cementerio de La Somada” (act. def. 13/08/36). Habría sido tiroteado con anterioridad en El Cabaco, de donde volvió andando unos 5 km. Según cuenta Hoyos, llegó exhausto a la puerta de su casa, sin fuerzas para llamar. Los derechistas locales que montaban la guardia, después de oír los disparos, decidieron efectuar una ronda por las calles en la que descubrieron al moribundo. Entre dos de ellos consiguieron subir a Gregorio a su mísera vivienda, lo metieron en la cama y, después de una discusión, uno de ellos aceptó ir a avisar al médico, que reconoció al herido, apreciando varias heridas, una de ellas mortal de necesidad: “(…) Uno de los tiros le había entrado junto a la tetilla izquierda, con orificio de salida por la espalda”. Los derechistas convencieron al moribundo para que se confesara con un sacerdote. Esta “reconciliación” es para el P. Hoyos una prueba admirable de los “¡inescrutables designios de la Providencia!” La crónica del P. Hoyos no encuentra admirable, ni siquiera menciona, el milagro cotidiano que tendría que hacer Petra Gómez para alimentar a los cinco huérfanos menores de edad que los ejecutores de su marido le dejaron. Según el alcalde José Mª Hoyos, salieron con vida del tiroteo otros tres albercanos, cuando entregados por la Guardia Civil, eran “conducidos” por falangistas a la Comandancia Militar. 

 

La mayor parte de los albercanos fueron sacados el día 12 de agosto para el Canchal de la Fuente del Canto, término de Nava de Francia, como ya señaló el mismo Hoyos (1946: 355):   

 

“Se fusilaba, por lo general, en la desviación de la carretera a la Nava, en un lugar denominado el Canchal. En la soledad y silencio de la noche repercutía en el pueblo, imponente y tétrico, el eco de las descargas, con la consiguiente y profunda impresión de los vecinos”.  

 

Todos ellos fueron enterrados en el cementerio de dicho pueblo, según consignan las actas de defunción que llevan fecha del día siguiente (13/08/36, ASMJ):   

   

Paulino Becerro García, de 42 años, hijo de Luis y Paula, jornalero, casado con Juana González Barrado.  

Manuel Guinaldo Mancebo (a) “Potrico”, de 39 años, hijo de  Laureano y Teresa, casado con Florentina Martínez Luis, jornalero, casado con Florentina Martínez Luis, padre de dos hijos menores. 

Jesús Hernández Cilleros, de 52 años, hijo de Martín y Josefa, jornalero, casado con Victoria Salgado Angulo, padre de dos hijas. 

 Víctor Martín López (a) “El Niñete”, de 31 años, hijo de Pedro y Bonifacia, jornalero, STT, casado con Eustaquia Sánchez Sánchez, padre de dos hijos menores.  

Santiago Muñoz Barés, de 39 años jornalero, casado con Julia Becerro Martín (y por tanto cuñado de Ángel Becerro), padre de tres hijos menores.  

Leoncio Rodríguez Martín, de 38 años, jornalero, casado con Nieves Pies García, padre de dos hijos menores. 

José Manuel Sánchez García (a) “Hijo del Capi”,  de 20 años, soltero, jornalero. 

Nicolás Simón Hernández, de 51 años, hijo de Antonio y Matea, jornalero, casado con Juana Hernández Maíllo (y por tanto cuñado de Faustino Hernández), padre de dos hijas menores. Era el alcalde republicano. Sin identificarlo nominalmente, el P. Hoyos (1946: 355) señala que fue víctima de la perversa aplicación de la “ley de fugas”: “(…) al Alcalde le dieron el paseo, ejecutándolo, según rumor, en el mismo trayecto, al tratar de sublevarse”.  

 

Otros albercanos fueron sacados también el día 12, pero consiguieron salir con vida de la prueba. Fueron eliminados en otra ejecución el día 20 de agosto (cf. Necrologio de La Alberca para este día).

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Comentarios: 4
  • #1

    sex telefon (martes, 12 septiembre 2017 16:15)

    klonowianka

  • #2

    szczegóły anonsu (jueves, 14 septiembre 2017 15:43)

    pittsburczyk

  • #3

    seks laski (jueves, 14 septiembre 2017 20:28)

    niepokradzeniem

  • #4

    sex telefon (viernes, 13 octubre 2017 10:53)

    niepowypowiadany