[Croniquilla dedicada a todas las personas que asistieron a la presentación de La represión franquista en el sudoeste de Salamanca (1936-1948)

[Croniquilla dedicada a todas las personas que  asistieron a la presentación de La represión franquista en el sudoeste de Salamanca (1936-1948): alcaldes, concejales y responsables políticos de la Ciudad y su Comarca, compañeros del Centro de Estudios Mirobrigenses y su secretaria Socorro Uribe Malmierca, familiares y vecinos de víctimas, suscriptores y otras personas interesadas por la memoria histórica, algunas llegadas de lejos. De un modo u otro, con su presencia, contribuyeron a un inesperado y estimulante éxito de público, que es complementario de la extensa implicación de mirobrigenses y foráneos en la publicación del libro, cuyos ejemplares, por otro lado, están casi todos vendidos. Dedicatoria agradecida para la prensa digital local y las páginas web del CEM y de Farinatos por la Memoria, que difunden nuestras croniquillas y necrologios].

 

La segunda serie de razias de guardias y milicianos fascistas se centraron en los últimos días de julio contra pueblos que, a imagen de la Ciudad, se habían señalado por sus manifestaciones hostiles al Movimiento: Retortillo, El Bodón, Villar de Ciervo, Robleda y de nuevo Ciudad Rodrigo. Una de las primeras operaciones de los comandos represivos (aludidos el pasado día 21) tuvo lugar en Retortillo. El alcalde republicano Isaías Montero Egido y los concejales se habían negado a entregar el mando municipal a unos individuos fascistas llegados de Vitigudino el día 22. Esto sucedió en el contexto de una huelga que los socios de la Casa del Pueblo (STT) y la agrupación de Socorros Mutuos habían proclamado el día 20 para defender la República. Por ello el día 25 de julio de 1936 (fiesta señera de Santiago, de descanso obligado durante la faenas de la siega) José Vidriales Varas, tres números de la Guardia Civil y cuatro falangistas se presentaron en esta localidad. La Comandancia de Salamanca les había encomendado la misión de efectuar un recorrido con registros, recogida de banderas y detenciones en Muñoz, Martín de Yeltes, Boada y La Fuente de San Esteban. En Retortillo detuvieron a cinco personas que serían sumariados por el procedimiento “de urgencia” en Salamanca, tres hombres y dos mujeres (C.747/36).

A consecuencia de la documentación incautada, estos y otros numerosos vecinos, cargos municipales, sindicalistas y huelguistas fueron procesados entre 1936 y 1937, empezando por el alcalde Isaías Montero, zapatero de profesión, condenado a reclusión perpetua y una sanción de 10.000 pts. (este importe equivalía a la fortuna que por entonces se les calculaba a los labradores “ricos”), juzgado con otros diez (C.878/36). La misma suerte corrieron el concejal Facundo Calderón García y otros seis (C.748/37), así como otros 23 vecinos (C.380/37). Los peor parados fueron tres vecinos que habían huido en la redada del 25 de julio, porque habían oído que a los socios de la Casa del Pueblo los sacaban de la localidad y eran “fusilados por las fuerzas militares y milicias armadas”: Celso Moro, Cristino Bartolomé Martínez y Máximo Muriel. Estuvieron huidos hasta el día 12 de agosto, cuando cayeron en una trampa análoga a los falsos “bandos de perdón” (Espinosa 2006a: 146). Fiándose de la buena disposición, al parecer no fingida, del alcalde militarista, un sargento de Ingenieros retirado, se presentaron en el pueblo, donde fueron detenidos. Los tres fueron procesados, junto con Juan Inés Moro, acusada de haber ocultado entre el estiércol una pistola de su hermano Celso (C.462/36). La joven fue absuelta y los tres varones condenados a muerte en el consejo de guerra (28/09/36) y ejecutados (23/10/36).

En total se ha identificado a más de medio centenar de vecinos represaliados:

-          5 víctimas mortales

-          46 detenidos y presos (informados y procesados)

-          un maestro depurado

-          3 multados (seguramente fueron más numerosos).

 

Las autoridades locales hasta ahora no han dejado constancia de reconocimiento alguno de estas víctimas, ni siquiera de las que fueron asesinadas. Esta es la identificación nominal y socio-profesional del Necrologio republicano de Retortillo:

 

Victorino García Calzada, de 38 años, natural de Boada, hijo de Juan y de Francisca, casado con María del Rosario Sánchez Moro, jornalero; sacado de su domicilio (09/08/36) para Castillejo de Huebra, término de Muñoz, donde fue enterrado fuera del cementerio, en una fosa común, según testimonio de su nieto Victorino García Calderón (ASMJ, inscripción de la defunción fuera de fecha, 26/03/80).

Heliodoro Sánchez Moro, de 25 años, hijo de Julián y de Rosalía, vaquero, vocal de comité de huelga (20/07/36), detenido y preso en Ciudad Rodrigo, aunque no figura en el listado de la cárcel del partido judicial (Desaparecidos 1936). Como su cuñado Victorino García fue de los primeros eliminados clandestinamente (09/08/36), en la misma saca, lugar y demás circunstancias, según testimonio del citado Victorino García, su sobrino nieto (ASMJ).

Cristino Bartolomé Martínez Muriel, de 27 años, hijo de Hermógenes y de Paula, soltero, jornalero, secretario de la Sociedad de Trabajadores de la Tierra (STT), concejal. Huyó a la finca de Pito y Sierro cuando la Guardia Civil y la Falange lo buscaban para llevarlo a Salamanca (25/07/36), fue detenido en Retortillo por los “guardias cívicos”, preso en Vitigudino (12/08/36) y en Salamanca (20/08/36). Un consejo lo condenó a muerte por “adhesión a la rebelión” (28/09/36) y fue ejecutado en el campo de El Marín (23/10/36), siendo enterrado en el cementerio de Salamanca (23/10/36), según la C.462/36.

Celso Moro Hernández, de 31, nacido en Cerralbo, hijo de Nicolás y de Margarita, soltero, jornalero, teniente de alcalde, presidente de la STT, huido, apresado, procesado, condenado a muerte, ejecutado y enterrado en las mismas circunstancias que Cristino Bartolomé Martínez.

 

Máximo Muriel Blanco, de 26 años, hijo de Aniano y de Rosario, soltero, jornalero, vocal de la Sociedad de Trabajadores de la Tierra (STT), huido, apresado, procesado, condenado a muerte, ejecutado y enterrado en las mismas circunstancias que Cristino Bartolomé Martínez.

Croniquilla del verano y otoño sangrientos de 1936: cese de las gestoras republicanas y creación de las milicias fascistas (21/07/2016)   Ángel Iglesias Ovejero

Una vez declarado el bando de guerra en Ciudad Rodrigo, las fuerzas rebeldes usurparon el poder municipal en los pueblos de la comarca. Depusieron a los gestores republicanos y nombraron para los cargos a vecinos adictos a los golpistas en las localidades donde habían detectado conatos de “resistencia” a la Sublevación o, con anterioridad, una marcada exigencia de reformas republicanas por parte de los socios de la Casa del Pueblo. Esta operación violenta, realizada con intervención de oficiales militares y jefes de puestos de la Guardia Civil y de Carabineros, apoyados por gente armada a sus órdenes, llevaría una semana aproximada. La deposición se efectuaría al proclamar el estado de guerra en alguna localidad (desde el día 20 de julio) y la imposición de la comisión militarista se formalizaría al día siguiente, a partir del 21 de julio, como en la Ciudad y en Aldea del Obispo.

De este relevo forzado en Ciudad Rodrigo se encargó Juan Sáez Chorot, capitán de la Guardia Civil y comandante militar provisional de la plaza. El día 21 de julio, de una tacada confirmó la destitución de la corporación legítima (“por haber abandonado la Gestora municipal sus funciones”, lo cual era una mentira manifiesta, pues los gestores legítimos habían sido detenidos por el ejército y los agentes rebeldes) e impuso otra de corte militarista, presidida por Magín Vieyros de Anta, sargento de Infantería retirado. En otras localidades del partido judicial mirobrigense los comandantes de los puestos de la Guardia Civil o de Carabineros efectuaron el nombramiento por delegación de la autoridad militar de la 7ª Región Militar (Valladolid). En teoría el nombramiento de nuevas gestoras incumbía al gobernador civil golpista (primero Rafael Santa-Pau y después Ramón Cibrán, jefes militares ambos), pero a veces actuaban como delegados otros oficiales o personas civiles hasta que fueron cesados el 5 de agosto. En el partido de Sequeros actuaron como delegados para esta misión, además de Ventura Sánchez-Tabernero, marqués de Llén, Antonio Maíllo, jefe de Acción Popular, y Manuel Fuentes, jefe de Falange en dicha localidad.

En la indicada sesión de plenos del 21 de julio, el Cap. Sáez, siguiendo un bando del general Mola fechado en Burgos el día anterior, autorizaba y alentaba a la nueva Corporación para la creación de “una milicia fascista” a base de las Juventudes de las formaciones derechistas, “constituyendo un Cuerpo de Agentes para el mantenimiento del orden” (AMCR, ses., 21/07/36). Con este objetivo serían equipados como los militares, llevando correaje, armamento, distintivos. Los “servicios” que, hasta su disolución en 1939,  prestaron estos milicianos fascistas son de sobra conocidos en general; los detalles se expondrán llegado el caso. Las diversas facciones ya tenían jefes o los tuvieron pronto, aunque solamente Falange y Acción Popular parecían tener una organización bien establecida en Ciudad Rodrigo, con Juan Agustín Calzada Hernández y Lorenzo Muñoz Báez al frente, respectivamente. El alcalde Vieyros en la susodicha sesión nombró jefe de las milicias de la Ciudad a Eusebio Arévalo Vicente, que, por suerte para él y sobre todo para los mirobrigenses, no dejó huellas conocidas de sus “hazañas”,  pues enseguida sería eclipsado por Ernesto Bravo Rivero, alférez de complemento del Rgto. de Infantería de la Victoria (Salamanca), que se hallaba de permiso en Ciudad Rodrigo al iniciarse el Alzamiento. De su eficacia represiva él mismo se hizo pregonero cuando fue procesado y de sus amenazas con la pistola en la mano testificaron las víctimas de sus extorsiones (C.2133/37).

 

Los milicianos fascistas en seguida fueron inseparables acompañantes de los comandos de la Guardia Civil que la jerarquía militar de Salamanca enviaba a determinados pueblos o zonas para los registros domiciliarios, detenciones de republicanos señalados y recogida de “donativos” para el Ejército, que eran multas y verdaderas extorsiones. Las primeras redadas de este tipo se comprueban en torno al 25 de julio en Retortillo y los pueblos de la Sierra. Una vez instalado el terror en regla, en la segunda semana de agosto, los milicianos fascistas practicaban las correrías con más autonomía, sobre todo allí donde no había puestos de la Guardia Civil o de los Carabineros, pero no actuaban por su cuenta. Ellos mismos dejaron claro que, para las ejecuciones extrajudiciales, tenían delegación e incluso órdenes verbales de las autoridades militares y, llegado el caso de ser acusados de “gravísimos cargos”, los consejos de guerra los absolvieron (C.2133/37), a no ser que los jueces instructores hicieran pasar a los victimarios por antiguos izquierdistas (C.728/37).

Croniquilla del verano y otoño sangriento de 1936: el bando de guerra y las primeras detenciones en Ciudad Rodrigo y Saelices  (para 19/07/2016)

La noticia de la sublevación militar contra la II República llegaría a Ciudad Rodrigo y su zona de un modo confuso los días 18 y día 19 de julio. Las autoridades republicanas de la Ciudad, los líderes políticos que apoyaban al Frente Popular y los socios de la Casa del Pueblo estuvieron reunidos en el ayuntamiento para seguir las emisiones de radio, que también escuchaban otros simpatizantes y curiosos. La Guardia Civil se negó a entregar las armas, anteriormente requisadas por orden gubernamental, para que los sindicalistas pudieran defender la República, pero no proclamó el bando de guerra ni impidió hasta la tarde del 19 la salida de coches con emisarios portadores de consignas para una serie de pueblos de la comarca. La corporación municipal y los responsables políticos, con la ayuda de algunos policías y carabineros, consiguieron mantener el orden republicano y trataron de que se hiciera lo mismo en los pueblos. Para ello enviaron a dichos emisarios con la orden de que obstaculizaran el paso de las fuerzas rebeldes y los fascistas que las apoyaban. Así intentaron hacerlo principalmente los sindicalistas de Saelices, El Bodón, Fuenteguinaldo y Robleda, entre otros pueblos.

El día 20 de julio efectivos del Ejército, la Guardia Civil y Milicias Facistas, llegados de Salamanca, proclamaron el estado de guerra (bando del general Andrés Saliquet, El Norte de Castilla, Valladolid, 19/07/36) en Ciudad Rodrigo, Fuentes de Oñoro y Saelices. El mismo día comenzó la represión, pues entonces serían detenidos seis vecinos de la Ciudad y tres de Saelices, que, por orden militar, fueron enviados a la prisión provincial, adonde llegaron otro detenido el día 30 de julio y otros dos el día 3 de agosto, uno de ellos vecino de Salamanca. En total doce, contra los cuales el Cap. Gaspar Holgado enseguida empezó  a instruir un juicio sumarísimo (J.sum.265/36):

 

Joaquín Gaite Veloso, catedrático de enseñanza media, socialista, Luis Sánchez Rivero, agente de Vigilancia, Aristóteles González Riesco, registrador de la propiedad, socialista, gestor provincial, Epifanio Cejudo Cejudo, peatón de correo (Saelices), Eusebio Garduño Alonso, jornalero, socialista (Saelices), Martín Cenizo Calderero, jornalero (STT) , socialista, concejal (Saelices), Vicente Repila Tetilla, carretero, Emiliano Calvo Vallejo, alpargatero, socialista, Aquilino Moro Ledesma, sastre, concejal, de Izquierda Republicana , Domingo Hurtado Martínez, electricista, comunista, Manuel Martín Cascón, abogado, alcalde, de Izquierda Republicana, y Antero Pérez Rodríguez (vecino de Salamanca), abogado, contable, presidente de las Juventudes Socialistas. (Para otros detalles y necrologio se remite a la croniquilla del día 30 de agosto).

 

 

El día 20 quizá serían detenidos también dos jornaleros de Saelices, Aquilino Mateos Blanco y Santiago Sánchez Peinado, respectivamente presidente y secretario del Sindicato de la Tierra (STT), que el día 7 agosto serían ejecutados clandestinamente en la dehesa de Majuelos (ver croniquilla y necrologio del día 8 de agosto).

Croniquillas y necrologios  del verano y otoño sangriento de 1936 en el SO de Salamanca en su octogésimo aniversario (18/07/2016)

 (Ángel Iglesias Ovejero)

 

Hoy se cumplen 80 años del inicio de la represión franquista, que duró en este territorio desde el bando de guerra (19 de julio de 1936) hasta el fin de la Dictadura, pero sus efectos se han hecho sentir hasta hoy. Por ello, como prometíamos el 14 de abril pasado, es buen momento para tratar de dar un paso más en el reconocimiento de sus víctimas, ya iniciado con el homenaje a las víctimas de Casillas de Flores el día de ayer. Con ello no se trata de fomentar el odio (¿contra quién, contra los represores muertos impunes?), como los tardo-franquistas quieren hacer creer a los incautos, al tiempo que aprovechan la ocasión para dárselas de mansos corderos y de enviar “generosos” perdones (que no les cuestan nada, porque regalan lo que no es suyo, después de haberse cobrado con creces, durante cuarenta años, las deudas a que fueran acreedores en otras partes, si es que realmente las tuvieron) y pavonearse de la buena educación que han recibido y lo buenos que son. Las víctimas republicanas de esta zona nunca fueron perdonadas, ni vivas ni muertas, sino injuriadas, negadas y olvidadas oficialmente. Ellas y sus familiares tienen derecho a una dignificación de su memoria, que es un deber que incumbe a todos los demócratas. Y para cumplirlo es necesario que éstos sepan lo que pasó, sin tapujos, hasta donde sea posible. Los negacionistas y olvidadizos pueden seguir por su camino, derramando lágrimas de cocodrilo si lo desean (en realidad ni olvidan ni perdonan, como lo prueban las cruces de los “caídos por Dios y por España”, que no fueron otra cosa que carne de cañón en una guerra promovida por Franco y los suyos, cuyas nóminas encabezan a veces el yugo y las flechas, así como el nombre de José Antonio Primo de Rivera, todos ellos todavía “presentes” en numerosos pueblos, a pesar de su ilegalidad). Nosotros seguiremos exactamente el sentido contrario: contra la negación y el olvido, sin odio, porque no tenemos adversarios ni energía para ello, y sin perdones históricos, porque no tenemos delegación de nadie para impartirlos.

A grandes rasgos los avatares de la guerra y la represión en la provincia de Salamanca han sido analizados por Santiago López y Severiano Delgado. Sobre la primera hay poco que contar. No era posible la resistencia, sin armas, contra los enemigos de la República, los rebeldes del Ejército, la Policía, los Institutos armados y las Milicias fascistas, también armadas enseguida, si es que sus miembros no lo estaban ya antes del Alzamiento, como sucedía con los falangistas y japosos (Juventudes de Acción Popular) de Ciudad Rodrigo en la primavera de 1936. El terror fue el germen del Nuevo Estado, que ya se cobró las primera víctimas el día mismo de la proclamación del estado de guerra en Salamanca (19/07/1936). Pero el conocimiento de los hechos y de sus agentes y pacientes durante mucho tiempo fue obstaculizado por el miedo y las políticas de la memoria hasta finales del siglo XX (F. Espinosa 2006): la “negación” durante toda la Dictadura, el “olvido” en la Transición (1977-1981) y la “suspensión” de actividades de reconocimiento después (1982-1996). Con la apertura de los archivos militares se pudo analizar la “represión legalizada”, pero no la “extrajudicial”, que fue la más extendida en los pueblos de la comarca mirobrigense en 1936. Este fue el motivo básico de nuestro trabajo sobre La represión franquista en el sudoeste de Salamanca (recientemente editado por el Centro de Estudio Mirobrigenses y cuya presentación está prevista para el próximo día 23), que, además de los obstáculos previstos, se encontró con la cantinela de que la memoria histórica, apenas “resurgida”, ya se daba por superada y obsoleta (“¿qué queremos eso?, ya hace mucho tiempo que pasó”).

En gran medida este trabajo se basa en información oral y escrita relativa a unas sesenta localidades del SO de Salamanca afectadas por la violencia de Estado entre 1936 y 1948, período en que estuvo vigente el estado de guerra. Así se comprueba que las represalias se centraron en una veintena de pueblos, donde los represores habían detectado una fuerte implantación sindical y arraigo republicano, manifiesto en los intentos de aplicación de las reformas (sobre todo la reforma agraria) antes del Movimiento, los conatos de oposición al producirse el mismo o de desafección después. Por esta razón los ayuntamientos de las aludidas localidades fueron invitadas a colaborar en la edición del libro, cosa que hicieron las corporaciones de Aldea del Obispo, El Bodón, Ciudad Rodrigo, Fuenteguinaldo, Mogarraz y Robleda. En los otros municipios dieron la callada por respuesta (porque, al parecer, la mezquindad y el olvido son compatibles con la falta de cortesía). Tampoco quiso colaborar la Diputación de Salamanca, confirmando así que esta provincia es la más negada para el reconocimiento de la memoria de la represión en la Comunidad de Castilla y León, que tampoco ha sido pionera en ese sentido. Sin embargo, no sería justo privar a los vecinos de dichos pueblos (ni a otros posibles interesados) del conocimiento de lo que pasó en ellos a partir del 19 de julio de 1936. En consecuencia, aquí nos proponemos recordar brevemente las principales efemérides (o lo que deberían ser efemérides recordadas), a modo de crónica fragmentaria sobre la violencia ejercida contra ciudadanos indefensos, principalmente en el primer año de la guerra civil.

Las principales referencias bibliográficas son las ya mencionadas: Santiago López García y Severiano Delgado Cruz (2001): “Víctimas y Nuevo Estado (1936-1940)”. En: Ricardo Robledo Hernández, coordinador, J-L. Martín, director: Historia de Salamanca. Siglo XIX. Salamanca, Centro de Estudios Salmantinos, 219-324; (2004): “La guerra civil en la comarca de Ciudad Rodrigo”. En: La raya luso-española: relaciones hispano-portuguesas del Duero al Tajo. Salamanca, punto de encuentro. Coed. Diputación de Salamanca, Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo y Centro de Estudios Mirobrigenses, 158-161; (2007): “Que no se olvide el castigo: la represión en Salamanca durante la guerra civil”. En: Ricardo Robledo: Esta salvaje pesadilla: Salamanca en la guerra civil española. Barcelona, Crítica, 99-187. Ángel Iglesias Ovejero: La represión franquista en el sudoeste de Salamanca (1936-1948), Centro de Estudios Mirobrigenses (2016), donde pueden verse otras fuentes y bibliografía (p. 637-663). Para detalles sobre personas represaliadas en la provincia de Salamanca se remite también a la base de datos de la Asociación de Salamanca por la Memoria y la Justicia (ASMJ): salamancamemoriayjusticia.org.

 

Los necrologios responden al objetivo de que los lectores corrijan eventuales errores y señalen detalles y otros nombres de víctimas. La operación ya ha empezado a dar sus frutos en el homenaje de las víctimas de Casillas de Flores, donde Pilar Martín ha confirmado que su tío José Martín fue una de las víctimas mortales, hasta ahora consideradas dudosas.

 

Homenaje a las víctimas mortales de Casillas de Flores en la represión franquista (16/07/2016)

(Ángel Iglesias Ovejero)

Mañana está prevista en Casillas de Flores la colocación de una placa con los nombres de las víctimas mortales de esta localidad en la represión franquista, que hasta ahora no han tenido ninguna forma de  reconocimiento por parte de las autoridades locales ni de ninguna otra de la provincia de Salamanca y la Comunidad de Castilla y León. El homenaje, en el que sería deseable la presencia de la corporación municipal, se debe a la iniciativa responsable y generosa de las familias Gómez Álvarez y González Moreiro,

descendientes respectivos de Antonio Álvarez Martínez y de José María Moreiro Ríos.

 

Como anticipo de las croniquillas y necrologios del verano y otoño sangriento de 1936 en el SO de Salamanca, a partir del próximo día 18, se propone aquí el necrologio de Casillas de Flores, con las víctimas mortales hasta ahora identificadas.

 

José María Moreiro Ríos, de 37 años, hijo de Ángel y Cándida, dueño de un establecimiento de bebidas, alcalde republicano, casado con Isabel Gómez Martín, con quien tenía tres hijos menores. Murió “víctima de la guerra” el día 8 de agosto de 1936, según la dedicatoria de su esposa e hijos en la lápida del cementerio de Casillas de Flores, donde está enterrado (Iglesias 2009a). Un expediente de 1979, a instancia de su viuda, con información testifical, corrige la fecha de su muerte y la causa (detención sangrienta en las afueras del pueblo): “el día 13 de agosto de 1936 fue sacado de su domicilio de Casillas de Flores (...) y muerto violentamente [por mano] del hombre” (AMCR, Viudas; RCCdF., act. def. 03/03/80). La fecha del día 8 quizá corresponda a la de un primer intento de detención del que conseguiría librarse provisionalmente, gracias a la ayuda de Ángel Montero Estévez, que a su vez tendría que esconderse en Portugal y sería multado con 50.000 pesetas, de nuevo denunciado en 1941 (C.171/41).

 

Felipe Rastrero Antúnez, de 59 años, hijo de Manuel y Rosaura, sin indicación de profesión, casado con Rosalía González Alfonso, con quien tenía cinco hijos. Falleció “en Casillas de Flores” el día 13 de agosto de 1936, “por motivos de la guerra civil española”, sin indicación del lugar donde fue enterrado, según su tardía acta de defunción  (RCCdF., 29/10/1981, “expediente instado por Dª Celia Rastrero González”). Según testimonios de familiares (CdF 2006), fue víctima de una detención sangrienta en su propio domicilio. Después de un registro, los victimarios le dispararon a las piernas y, cuando se desangraba sin asistencia médica, lo remataron en presencia de su familia (Iglesias 2009a).

 

Antonio Francisco Álvarez Martínez (a) “Portones”, de 36 años, hijo de Manuel e Isabel, jornalero, teniente de alcalde republicano, casado con Julia Moreiro Antúnez, con quien tenía tres hijos menores. Había estado en Francia. Fue detenido por carabineros en presencia de su esposa e hijos. Después de un fugaz paso por la cárcel local (CdF 2009), ingresó en la prisión del partido judicial como “detenido [militar]” a las 20.15 horas del día 30 de julio de 1936. En teoría fue puesto “en libertad” el 8 de octubre; pero de hecho fue objeto de una saca carcelaria (AMCR, Desaparecidos 1936). En un informe policial de 1979 se añade que esta salida en libertad se produjo “en unión de otros que figuran en distinto expediente, sin que conste nada más” (AMCR, Viudas), sin duda en referencia a los vecinos de Fuenteguinaldo también sacados aquel día. Sobre su destino y enterramiento caben diversas conjeturas; el más probable parece la finca de Aldeanueva de Portanobis, término de Castillejo de Martín Viejo. Allí se practicó una exhumación (2010) en la que se hallaron restos de tres víctimas.

 

Antonio Cánovas (o Canovas) Mesa (nat. de Mazarrón, Murcia), de 38 años, hijo de Juan y María de las Mercedes, quizá albañil, presidente de la Sociedad Obrera (STT), casado con Basilisa González Zamarreño, sin constancia exacta de descendencia. Según el acta de defunción tardía, falleció “de muerte violenta” el día 15 de octubre de 1936 en las afueras de Ciudad Rodrigo, sin indicación del lugar de sepultura (RCCR, act. def. 31/01/1981). La documentación de archivo revela que fue detenido el mismo día que Antonio F. Álvarez y, aunque se benefició de una fugaz salida de la cárcel, ambos debieron de compartir los mismos avatares finales de la saca carcelaria y lugar de enterramiento.

 

Timoteo Feliciano Mateos Ríos, de 29 años, hijo de José y Adela, jornalero. Fue detenido el 7 de octubre con los vecinos de Fuenteguinaldo, con quienes ingresó en la prisión del partido judicial y como ellos fue sacado a las 4 horas de la mañana del día siguiente (AMCR, Desaparecidos 1936), siendo asesinado en el camino de Gazapos, cerca del antiguo monasterio de La Caridad. Había estado en Francia, donde tenía un hermano,  Manuel “Penche”, que regresó a España para defender la República (CdF 2007).

 

Manuel Bermejo Hernández (a) “de tio Clico”, de 33 años, hijo de Quirico y Julia, jornalero. Estuvo casado dos veces, primero con María Antonia Palos González (15/11/1926) y después con Manuela Álvarez Lanchas (21/11/1931), prima hermana de Antonio Álvarez, sin que haya constancia de su descendencia (CdF 2008). Sería asesinado en lugar desconocido con posterioridad al 29 de septiembre de 1936, pues en esa fecha el informante Vicente Carballo, que debía haberse incorporado antes al servicio militar y no pudo hacerlo por enfermedad, estuvo cinco días en el hospital de Ciudad Rodrigo y allí coincidió con Manuel “de tio Clico”, que también estaba enfermo. Precisamente allí, los enemigos de Manuel solicitaban apoyos al mencionado informante para su eliminación, a lo que Vicente se negó (CdF 2008).

 

Quirico Bermejo Escamochero (a) “tio Clico” (nat. Villamiel, Cáceres), hijo de Ramón y Ladislaa, jornalero, aunque sembraba una huerta, con la cual habría alimentado a varios hijos que tenía con su esposa Julia Hernández, tres al menos registrados en el libro de bautismos (Archivo diocesano CR). Fue asesinado como su hijo Manuel, pero quizá después de éste y en una detención sangrienta en fecha indeterminada (CdF 2008 y 2009). La detención se habría producido con el engaño habitual en estos casos, solicitando su entrega “porque no le pasaría nada”.

 

Los testimonios orales y escritos hablan de una decena larga de casillanos ejecutados extrajudiciales, con total impunidad de los victimarios, pero de momento solamente se han obtenido datos incompletos sobre algunas de estas presumibles víctimas. En su eliminación habrían participado falangistas de Casillas de Flores, que también actuaron en los asesinatos cometidos en Fuenteguinaldo y en los conatos de Navasfrías. Según rumores, había una copiosa “lista” de elegidos para el sacrificio, que habría aligerado un sargento de la Guardia Civil, por estar casado con una mujer de Casillas y ver en el listado el nombre de un cuñado. Otros se librarían en el viaje macabro porque “las fuerzas” los habrían dejado escapar o, con más probabilidad, los detenidos saldrían con vida del juego de la muerte (“caza del conejo”), que, desde el mes de agosto de 1936, los noveles “falangistas” practicaban en la aplicación criminal de la “Ley de fugas”. Y finalmente, algunos afortunados se salvaron de milagro o por influjo de derechistas pudientes.

 

Entre los de la “lista” figuraba el padre del informante Emilio Hernández (de ocho años entonces), Francisco Hernández, a quien un tal “Gallina” (que se menciona en otras detenciones) “le metió la escopeta en la boca”. Después tuvo que esconderse cerca de la frontera portuguesa con un hermano suyo, llamado Ángel, y dos primos. Emilio les llevaba la comida. Esto sucedió después de que gente amiga condujera en un carro de vacas a la madre y otros tres hijos (el mayor enfermo de meningitis) a las Cuestas de Alberguería de Argañán, adonde todavía fueron a buscar al padre, “cuando estaban trillando”, pero el dueño de la finca se interpuso. Esta persona perseguida acabó de pastor del conde de Montarco (CdF 2006).

 

Muchas dudas han generado los nombres de José Bernal y José Martín. Según unos informantes, José Bernal desapareció y su madre preguntaba por él, hasta que un vecino (G.) le dijo: “No lo busques más, porque lo maté yo” (CdF 2006). Otro informante pone en duda que muriera e incluso llega a afirmar que “era político, pero no lo mataron” y se casó dos veces (CdF 2007-2008,  Iglesias 2009a). No puede excluirse la homonimia parcial o alguna otra circunstancia que lleve a confundir personas. En efecto, otros informantes mencionan a José Martín entre las víctimas mortales del pueblo: “(…) el hijo de una tal María “la Casquella”, la cual insultaba a todos [los represores] porque le habían llevado un hijo” (CdF 2009). Cabe la posibilidad de que los dos apellidos divergentes se refieran a la misma persona: José Bernal Martín, hijo de Valentín y Adelaida, nacido en Casillas de Flores el de 22 de febrero de 1896 y bautizado el 26 siguiente (ADCR).

 

Dudas parecidas envuelven el destino de dos hijos de Felipe Rastrero y Rosalía González: Manuel y José Rastrero González. Según el informante Vicente Carballo, estos hermanos fueron víctimas de una ejecución fallida por falangistas casillanos:

 

“Los sacaron los falangistas (…) y los quedaron como si los hubieran matado. [Manuel y José] consiguieron escapar al monte, donde otro hermano, Jesús, iba con las cabras. José tenía que incorporarse al ejército, y el abuelo, que, a diferencia del padre, era de derechas, medió y se pudo incorporar en Salamanca, no sin encontrarse con un guardia de Casillas (…), que era un cabrón. Estuvo en la guerra y después se apuntó en la División Azul, por miedo de que lo mataran los falangistas, pero hubo otros 18 ó 20 de Casillas que estuvieron en esa División, algunos buscando la vida, e hicieron carrera militar. José Rastrero estuvo después en Francia, pero no tuvo suerte, murió allí, sin que se sepa la causa. Manuel Rastrero, al parecer, estaba en Francia antes del Movimiento” (CdF 2008).

 

Algunas de estas y otras dudas similares se habrían resuelto con una simple consulta del archivo municipal de Casillas de Flores, lo que en su momento no se pudo efectuar a satisfacción, porque era de los que “no estaban catalogados”. Los herederos de la tradición local todavía están a tiempo de procurar otras informaciones, incluidas las referidas a las “víctimas indirectas” de la represión, entre las que se han identificado tres fallecidos:

 

Tomasa Mateos Hernández, muerta en desamparo y por depresión (22/11/38), al estar su marido en el frente de guerra franquista y su madre en la cárcel (C. 1309/38)

Manuel García Peña, muerto en el campo de concentración de Mauthausen (12/02/41) (MCU)

Manuel Álvarez Moreiro, de 17 años, hijo de Antonio F. Álvarez, jornalero. Falleció en extrañas circunstancias relacionadas con la tenencia de armas (29/03/48). Su cadáver apareció en el campo y presentaba herida de arma de fuego.  Oficialmente el hecho fue calificado de “suicidio”, pero a sus familiares no les convenció esta versión, por considerarla inverosímil (CdF 2009).

 

Además de la represión sangrienta, en Casillas de Flores hubo afectados por otras modalidades represivas:

-11 presos o detenidos

- 4 depurados (2 maestras y 2 militares, uno de estos también preso)

- 9 sancionados con multas (5 de ellos también presos).

 

jue

10

nov

2016

Croniquillas del verano y otoño sangriento de 1936. Recordatorio de sacas fallidas, repetidas o no: “la carrera del conejo”.                                    

Desde que se inició la represión con la publicación del bando de guerra en Ciudad Rodrigo (19 de julio), la detención sangrienta y la saca fueron los procedimientos extrajudiciales más eficaces en todo su partido judicial. De hecho eran variantes de un mismo modus operandi, que se iniciaba con el registro domiciliario para recoger armas, documentos u objetos emblemáticos, como ya se ha expuesto (croniquilla del 25 de julio), y eventualmente incluía un juego macabro, una caza humana, que los ejecutores denominaban carrera “del conejo” o con expresiones análogas y, tardíamente, los informantes a veces interpretan como un generoso “sálvese el que pueda”. Se trataba más bien, por parte de los verdugos, de ofrecer alguna excusa creíble (en el caso improbable de que alguien les pidiera cuentas) de una presunta aplicación de “la ley de fugas” (croniquilla del 6 de agosto). Lo cierto es que en todo el período, gracias a alguna circunstancia favorable y sobre todo a la decisión y pronta reacción en el momento del tiroteo, algunas víctimas escaparon, aunque no todas de forma definitiva. En el mes de noviembre el método criminal se seguía aplicando, como se tendrá ocasión de ver en la saca de Aurelio José Juan en Espeja (próximo día 17), que ilustra bien todo el protocolo macabro, pero cada saca fallida es un caso aparte. A estas alturas, a modo de balance, se puede establecer aquí un inventario provisional de las más conocidas, tanto por testimonios como por documentos procesales o por ambas fuentes, distinguiendo los tres momentos en que la fuga era más o menos posible.

 

a) Sacas (o ejecuciones) fallidas en el momento de la detención en el domicilio de la víctima o el campo:

 

24 de julio. Graciliano HERNÁNDEZ TOMÁS, vecino de Gallegos de Argañán, fue herido de disparos efectuados desde una camioneta, de paso por el pueblo y ocupada por guardias civiles y milicianos fascistas. Fue curado en el Hospital de la Pasión y de nuevo detenido el 8 de agosto. Según testimonios, apareció cadáver en Pedrotoro, víctima de la saca carcelaria del 16 de octubre (croniquilla).

8 de agosto. José María MOREIRO RÍOS, alcalde republicano de Casillas de Flores, debió de escapar a una detención sangrienta en su domicilio, pero pocos días después fue sorprendido en un escondite cercano y ejecutado en una nueva detención (croniquilla del día 16 de julio).

13 de agosto. Julián OVEJERO GARCÍA se fugó en las Eras de Robleda, siendo perseguido a caballo por una numerosa patrulla de carabineros y fascistas, pero finalmente sucumbió en otra caza en el campo el día 2 de septiembre (croniquilla del día 6 de dicho mes). Entonces se fugó algún otro vecino cuyo nombre se ignora.

17 de octubre. Aurelio José Juan, vecino de Espeja, después de un registro domiciliario, fue sacado por jóvenes falangistas para la finca de “La Dehesita”, donde fue herido en una pierna por disparos; sin embargo consiguió huir y esconderse en casa de su suegro. Una vez curado en Espeja y en Ciudad Rodrigo fue procesado en Salamanca y condenado a muerte, pena que le sería conmutada por la de reclusión perpetua (croniquilla del próximo día 17).

 

b) Sacas fallidas en el momento de la conducción de los detenidos o en el traslado de una cárcel a otra, lo que daba pie para la aplicación criminal de “la ley de fugas” (en la terminología testimonial se habla de “tirarse del camión”):

 

31 de agosto. Francisco SÁNCHEZ TORRES, vecino de Peñaparda, se fugó del camión en que era conducido con otros vecinos, un hermano suyo y la madre de ambos, que le habría desatado las ligaduras con los dientes. Pero la fuga solo duró dos días, al cabo de los cuales fue llevado a ejecutar en Extremadura, junto al regato de los Arravises, término de San Martín de Trevejo (croniquilla del 1º de septiembre).

11 de septiembre. Dos vecinos de El Bodón, se fugaron cuando, después de la falsa puesta en libertad de la cárcel de Ciudad Rodrigo, eran conducidos en un camión para su ejecución extrajudicial, que al parecer se efectuó antes de llegar a la finca de Medinilla, término de Bañobárez, donde fueron enterrados sus cadáveres (croniquilla del 11 de septiembre). Esta fuga dio lugar a muchas especulaciones en cuanto a las circunstancias y al número de fugados: Agustín Lorenzo [falangista de El Bodón], al llegar a cierto punto dijo “sálvese el que pueda” (...). Se escaparon sólo dos, tio Plácido (...) y “tio Minguín”, un Emeterio, que vivía ahí (...), se escaparon más, el padre de Usebio, el marido de tia Munda, el padre de Casto (EB 2007). Pero realmente solo se han comprobado las huidas de dos bodoneses: Plácido RAMOS NICOLÁS, y Emeterio Pino Moreno (a) “Minguín”. Solamente este último conseguiría escapar definitivamente. Según testimonios de la familia de Plácido, éste fue desatado por un falangista de El Sahugo cuando lo llevaban en el camión y estuvo escondido algún tiempo “por la parte de Monsagro” y posteriormente en su casa, donde sería detenido por segunda vez y llevado para un incierto destino, donde sería asesinado.

Fecha sin determinar. Un vecino de Carpio de Azaba, cuyo nombre no se menciona: “se tiró de la camioneta en que era conducido” (P.prev.CdA/38: f. 1).

 

c) Sacas fallidas en el momento de la ejecución, bien por fuga, por fallo en los disparos o alguna otra circunstancia análoga, incluida la indecisión o renuncia de los ejecutores:

 

Fecha incierta de julio o primeros días de agosto. Maximiano Vallejo Casado, vecino de Salamanca que se había escondido en su pueblo natal de Martiago, fue sacado para El Risco (carretera de Ciudad Rodrigo), donde se libró de la ejecución extrajudicial en circunstancias mal definidas. Después fue procesado y condenado a 20 años de prisión (croniquilla del 11 de agosto).

Primeros días de agosto. Tomás FRAILE FRAILE, vecino de Ciudad Rodrigo, fue objeto primero de una tentativa de asesinato que después se consumó, cerca del pantano del Águeda (croniquilla del 10 de agosto).

5 de agosto. Dos vecinos de Mogarraz, Norberto Herrera Sánchez y Zacarías Maíllo Criado, fueron detenidos por una patrulla mixta de guardias civiles y milicianos fascistas. Estos últimos presumiblemente fueron los encargados de la ejecución extrajudicial nocturna en el término de Herguijuela de la Sierra, en la cual Norberto fue herido en una pierna y Zacarías salió ileso (croniquilla del 5 de agosto).

Madrugada del día 11 de agosto. En la saca de varios detenidos en una comisaría de Ciudad Rodrigo, que, al mando presumible del alférez Ernesto Bravo, fueron llevados para su ejecución al Puente del Águeda (Castillejo de Martín Viejo), se escapó el concejal mirobrigense Ángel LÓPEZ DELGADO. Observando que la primera víctima fue bajada del coche y ejecutada, emprendió una veloz carrera al llegar su turno y, aunque herido, consiguió esconderse en Las Hurdes. Pero fue detenido de

nuevo, entregado a la jurisdicción militar, que lo condenó a muerte y fue ejecutado el 17 de junio de 1937 (croniquilla del 30 de agosto).

12 de agosto. En la saca masiva de vecinos de La Alberca el día 12 de agosto salieron con vida cuatro vecinos: Gregorio CILLEROS SANZ, que tras el tiroteo volvió andando cinco kilómetros, para fallecer en su domicilio, pocas horas más tarde (croniquilla del 12 de agosto). Los otros tres, Baldomero CALAMA HERNÁNDEZ, Braulio GARCÍA GUZMÁN y Faustino HERNÁNDEZ MAÍLLO fueron primeramente sacados con el pretexto de su conducción a la Comandancia Militar, pero consiguieron fugarse a los montes aledaños, donde fueron capturados por falangistas de la localidad. Y el día 20 siguiente, de nuevo con el mismo pretexto de un intento de fuga, fueron ejecutados clandestinamente en “la dehesa de Zarzosillo”, término de El Cabaco (croniquilla del 20 de agosto).

Fecha incierta, hacia mediados de agosto. Dos vecinos de Casillas de Flores, Manuel y José Rastrero González, hijos de Felipe RASTRERO ANTÚNEZ, ejecutado extrajudicial, fueron dejados por muertos, pero consiguieron escapar con vida (croniquilla del 16 de julio).

Antes del 20 de agosto. Dos vecinos de Aldea del Obispo fueron sacados para el campo y tiroteados, pero salieron con vida: José HERNÁNDEZ LAMAS y Jacobo ANDRÉS LORENZO. José fue herido por disparos en el Alto de San Pedro, siendo curado en Fuentes de Oñoro, de donde fue llevado y asesinado en el término de Bocacara el día 21 de agosto. Jacobo, después de ser sacado para la dehesa de Gardón y herido en una muñeca, huyó a Portugal, siendo detenido en Guarda y devuelto a España. Finalmente sería ejecutado en alguna saca carcelaria de Ciudad Rodrigo por el mes de octubre (croniquilla del 21 de agosto).

Hacia el 25 de agosto. Tres vecinos de El Sahugo, Juan Iglesias Muñoz, Ventura Manchado y Gabriel “del Carretero”, fueron sacados por falangistas locales y de Ciudad Rodrigo hacia Valdepino de Abajo o de Arriba. Después de una discusión en la carretera, serían invitados a volverse y correr en dirección de El Valle (Valdepino del Medio), sin duda para servir de blanco, pero se negarían a obedecer, siendo golpeados de nuevo, pero no fusilados gracias a la intervención del guardia civil que acompañaba al comando (Iglesias 2008a: 191-192).

 

En consecuencia, más de la mitad de las víctimas de detenciones sangrientas y sacas fallidas fueron de nuevo sacadas y dos de ellas procesadas y condenadas a muerte (una conmutada):

 

* Detenciones sangrientas fallidas: 4, seguidas de ejecuciones extrajudiciales: 3

* Sacas fallidas en la conducción: 4, seguidas de ejecuciones extrajudiciales: 2

* Sacas fallidas en la ejecución: 16, seguidas de ejecuciones extrajudiciales: 7; y de condenas a muerte: 2 (una de ellas ejecutada)

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dom

06

nov

2016

Croniquillas del verano y otoño sangriento de 1936. Prolongación de las sacas. Ángel Iglesias Ovejero

El Decreto 55 del 1º de noviembre de 1936, que regulaba definitivamente el procedimiento sumarísimo (croniquilla), seguramente sirvió para apuntalar el rumor, fomentado por la propaganda “nacional”, de que Franco había prohibido las sacas (Iglesias 2016b: 307). Pero esto no fue así. No solamente hubo dos sacas carcelarias en Ciudad Rodrigo, una el 25 de noviembre y otra el 16 de diciembre, cuyos afectados han sido perfectamente identificados, además de otra fallida en Espeja el día 17 de noviembre, como se especificará en su momento. En varias de ellas se comprueba la eficacia del mecanismo bien rodado para no dejar rastro, que si en algunos casos anteriores no dio del todo el resultado buscado, en otros la perfidia de los mandos represores y de los ejecutores consiguió que, además de borrase la identidad de las víctimas, solo quedaran de ellas vagos recuerdos en testimonios difíciles de contrastar, así como de los lugares y las fechas de su ejecución a lo largo del verano y otoño sangriento, incluso después del citado Decreto o casi coincidiendo con él. En su mayor parte fueron evocadas de pasada en la croniquilla del pasado 6 de agosto:

 

Verano/otoño de 1936. Asesinatos y enterramientos clandestinos de DECENAS DE DESCONOCIDOS en la finca de Los Carvajales, entre ellos la legendaria “MAESTRA DE ACEBO”.

Fecha indeterminada del verano/otoño de 1936. Según testimonios, en la parte derecha de la carretera a Salamanca, subida la cuesta de Castillejo de Huebra (Muñoz), aparecieron DOS CADÁVERES, que “eran de la parte de Ciudad Rodrigo”.

31 de octubre. Cadáver de una “DESCONOCIDA HEMBRA”, en el término de Peñaparda.

Otoño de 1936, en la época de recogida de la bellota. Testimonios de El Bodón señalan hallazgos de cadáveres de VARIOS DESCONOCIDOS asesinados en el paraje del Canto Hincao, término de Carpio de Azaba.

29 ó 30 de noviembre. Hallazgo de los cadáveres de DOS DESCONOCIDOS en el río Águeda, cerca de La Caridad, según el acta del juez (30/11/36, Sumario 92, act. def. 02/12/36).

Otoño de 1936. Los ejecutores fascistas abandonaron CADÁVERES en el término de Bocacara, entre ellos de VECINOS DE LA FUENTE DE SAN ESTEBAN, al parecer sacados a mediados de diciembre (croniquilla del 14 de dicho mes).

Fecha incierta de 1936, quizá en el otoño. Un PASTOR DESCONOCIDO, según testimonios, fue arrojado desde el puente del Águeda, término de Castillejo de Martín Viejo.

Fecha indeterminada, quizá en el otoño. DOS PERSONAS DESCONOCIDAS, cuyos cadáveres habrían sido depositados junto al cementerio de Fuenteguinaldo.

Fecha desconocida de 1936, quizá en el otoño. Hallazgo del cadáver de un DESCONOCIDO en El Picotu, término de Navasfrías.

 

Según los expedientes de 1979, hay otras víctimas mortales que han sido identificadas, pero se conocen mal las circunstancias exactas de la motivación, detención y ejecución, incluida la fecha de ésta, como sucede con un vecino de Ciudad Rodrigo:

 

Valentín PINTO TOMÁS, casado con Mercedes Gómez Martín, que en 1979 estaba domiciliada en el barrio de San Isidro, nº 5. Según el informe policial de dicho año: “de la documentación que presenta se deduce que el mismo falleció durante el

período 1936-39 por acción directa del hombre” (Exp. Viudas / Desaparecidos 1936).

Es un ejemplo entre tantos que esperan testimonios o pruebas escritas que ayuden a completar la ficha de identificación social de los represaliados y su condición de víctimas. En los casos anteriores está casi todo por hacer.

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mar

01

nov

2016

Croniquillas del verano y otoño sangriento de 1936: El Decreto 55 y las víctimas mortales de la represión judicial en la comarca de Ciudad RodrigoÁngel Iglesias

A finales de octubre de 1936, con el ejército nacional-africano a las puertas de Madrid, los “nacionales” se veían ya ganadores de la guerra o poco menos. Tanto es así que, en previsión de la inminente “liberación” de la Capital y de la represión prevista, no ya para castigar a los que habían defendido el Gobierno legítimo de la República, sino para la erradicación del republicanismo, se publicó el Decreto 55 (1º de noviembre, BOE nº 22), firmado por Franco. Sin embargo esta entrada triunfal en Madrid, bien porque la resistencia del ejército fiel y los milicianos (con la ayuda de las brigadas internacionales) fuera más encarnizada de lo esperado por sus atacantes “liberadores” o porque para la aniquilación de los valores republicanos Franco (de acuerdo con Mola, quien pensaba que al enemigo no bastaba con vencerlo, sino que era necesario destruirlo), prefiriera una guerra larga. Esta es una teoría puesta de relieve por algunos historiadores, pero no constituye en sí ninguna arriesgada revelación. En la asignatura obligatoria de “Formación del Espíritu Nacional” se explicaba que Franco, el magnánimo, no había querido entrar en Madrid por la fuerza para no destruir la Capital (y en esto la propaganda del Régimen no mentía, Franco sólo pretendía destruir física o moralmente a los republicanos, para lo cual no dejaba piedra sobre piedra, si lo estimaba oportuno). Fuera necesaria o voluntaria la renuncia a entrar en Madrid, recuerda J. Marco (2012: 197-198), Franco concibe una “guerra larga” en la que, con el desarrollo de una legislación adecuada al caso, se podrá efectuar una lenta y profunda “limpieza política”, sin renunciar por ello, habría que añadir, a los métodos expeditivos de las sacas, como se podrá apreciar por estos pagos en los meses de noviembre y diciembre.

El Decreto 55, cuyo objetivo era acelerar las diligencias en detrimento de las garantías personales, no contenía grandes novedades en lo que atañe a la represión en la retaguardia “nacional”. Concretamente, en la comarca de Ciudad Rodrigo los juicios sumarísimos se incoaron apenas publicado el bando de guerra en la cabecera el día 19 de julio. Desde entonces hasta noviembre de 1936 se desarrolló y aplicó (por anticipación) todo el montaje perverso de la justicia militar, que por sus pasos contados, tenía su fundamento en el bando de la Junta de Defensa Nacional (Burgos, 28 de julio). Su contenido se revisó en el Decreto 79 un mes más tarde (31/08/36) de la misma JDN, en el sentido de acelerar y extender el procedimiento sumarísimo de la jurisdicción militar (Carlos Jiménez Villarejo 2007) y se concretó en el Decreto 108 (publicado el 13/09/36 por la JDN), que declaraba “fuera de la ley los partidos y agrupaciones políticas o sociales” que habían integrado el Frente Popular (art. 1) y decretaba la incautación de sus bienes por el Estado (art. 2), así como la suspensión y destitución de los funcionarios y empleados que habían servido al gobierno legítimo (a. 3). Y todo ello se reestructuró en dicho Decreto 55 (01/11/36), según el cual, dejando sin efecto las disposiciones republicanas del Código de Justicia Militar introducidas por el decreto de 11 de mayo de 1931 (E. González Padilla 2003), se implantaba el “sumarísimo de urgencia”, se definía este procedimiento, los actores que intervenían y la composición de los tribunales.

En esta zona occidental salmantina, como en otras sin duda, se ensayaron novedosas variantes del procedimiento jurídico-militar antes de su formulación teórica. Dado el carácter expeditivo de su aplicación, presenta analogías con los métodos de la Santa Hermandad, a juzgar por las huellas que ha dejado en el Refranero: “La justicia de

Peralvillo, que después de ahorcado el hombre le leían la sentencia” (Correas). De hecho, cuando el citado Decreto 55 dictó las normas para la instrucción de la “responsabilidad militar”, ya habían sido procesados decenas de vecinos y naturales del ámbito mirobrigense (y sucedió lo mismo con los tribunales específicos para juzgar la “responsabilidad civil”, en 1937, y la “responsabilidad política”, en 1939, que actuaban por la vía gubernativa). Algunas de esas personas fueron condenadas a muerte y ejecutadas en el campo de El Marín, cerca del cementerio de Salamanca, conde fueron enterrados sus cadáveres, antes del 1º de noviembre (varias ya mencionadas, por lo que se remite a los necrologios correspondientes):

 

10 VECINOS sumariados de Ciudad Rodrigo, Saelices el Chico y Salamanca (J.sum.265/36), condenados a muerte y ejecutados el 30 de agosto (ver croniquilla)

Máximo BENITO DE SAN GUILLERMO, de 22 años vecino de Cabrillas, jornalero, soldado, soltero. Fue procesado (C.531/36), condenado a muerte y ejecutado el 23 de octubre (ver croniquilla)

Celso ESCANILLA SIMÓN, de 31 años, natural de Ciudad Rodrigo, maestro y alcalde de Bogajo, hijo de José y Victoria, casado con Ángeles Santos, sin constancia de descendencia. Fue procesado con otros tres “por tenencia de armas, folletos extremistas y excitación a la rebelión” (J.sum.432/36), condenado a muerte y ejecutado el 23 de octubre

Los sindicalistas, promotores en Retortillo de una huelga para oponerse al Alzamiento, Cristino Bartolomé MARTÍNEZ MURIEL, de 27 años, secretario de la Sociedad de Trabajadores de la Tierra (STT) y concejal, Celso MORO HERNÁNDEZ, de 31 años, presidente de la STT y teniente de alcalde, y Máximo MURIEL BLANCO, de 26 años, vocal de la STT, fueron apresados y procesados (C.462/36), condenados a muerte en consejo de guerra (28/09/36) y ejecutados en el mismo lugar y fecha que los anteriores (croniquilla del 25 de julio).

 

Como puede observarse, los mandos militares de Salamanca agruparon varias ejecuciones el día 23 de octubre. Obviamente, después del 1º de noviembre hubo otros sumariados y condenados a muerte, sin que el procedimiento cambiara gran cosa en su forma:

 

Ángel LÓPEZ DELGADO (a) “EL CARRACEDO”, de 33 años, natural de Correjanes (Orense), vecino de Ciudad Rodrigo, comerciante, concejal socialista. Después de una saca fallida el 9 de agosto de 1936, fue capturado en Las Hurdes y procesado (P.sum.84/37), siendo condenado a muerte en consejo de guerra (28/04/37) y ejecutado el 17 de junio de 1937 (croniquilla del 30 de agosto)

Agustín FROUFE CARLOS, de 22 años, natural de Puerto Seguro, vecino de Salamanca, abogado, secretario de las Juventudes Marxistas Unificadas. Fue procesado dos veces (J.sum.334/36, C.333/36), condenado a muerte en ambos consejos de guerra, siendo conmutado la primera vez por el Presidente de la JDN (24/08/36), pero finalmente ejecutado el 20 de junio de 1937 (croniquilla del 12 septiembre).

Jesús MARTÍN RODRÍGUEZ, natural y vecino de Ciudad Rodrigo, barbero, hijo de Luciano y Petra, ejecutado por sentencia de consejo de guerra el 6 de julio de 1938 (López-Delgado 2001: 294)

Félix RODRÍGUEZ MARTÍN, represor, y Julián COLLADO RODRÍGUEZ, vecinos de Peñaparda, procesados (C.728/37), condenados a muerte en consejo de guerra (18/09/37) y ejecutados el 10 de marzo de 1938 (croniquilla del 1º de septiembre).

 

Entre los conmutados se cuentan sendos vecinos de La Bouza, Peñaparda y Espeja:

 

Dionisio HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ, de 29 años, natural de Alp (Gerona), hijo de Victoriano y Filomena, maestro de La Bouza, casado con Ramona Hernández Ferreira, con quien tenía cuatro hijos. Fue procesado a raíz de un registro en el domicilio de Victoriano Hernández, su padre, en Salamanca, donde fue detenido el 22 de agosto (P.sum. 1024/36). Existían indicios de que con anterioridad padre e hijo habían estado huidos en Portugal en compañía de Raimundo Etreros, maestro de Pedrosillo de Alba, que había ejercido en Aldea del Obispo cuando Victoriano estaba allí destinado como sargento de Carabineros y fue acusado de actividades subversivas relacionadas con los sucesos de Asturias en 1934 (AHPS: 414). Eran considerados “peligrosísimos” los tres. En La Bouza le hallaron documentación marxista a Dionisio, pero esto no probaba su participación en actividades revolucionarias. Se consideraron circunstancias agravantes la notoriedad y el cargo que ejercía, por lo cual en el consejo de guerra ((14/04/37) fue condenado a la pena capital; y a reclusión perpetua a su padre, que era brigada de Carabineros retirado. Dionisio fue conmutado (19/05/37) y cumplió su castigo carcelario en Salamanca, Pamplona, Astorga y Orense. Se benefició de la libertad condicional en 1943 y, tras la rebaja de condena, salió en libertad definitiva en 1946.

Aurelio JOSÉ JUAN, de 34 años, natural de Ituero de Azaba, jornalero, casado, presidente de la STT y de la agrupación socialista de Espeja. Procesado (C.1322/36) después de haber sido herido en una saca fallida (Iglesias, Represión franquista: 420). Condenado a muerte en consejo de guerra (06/03/37), conmutado (croniquilla de Espeja, prevista para el 17 de noviembre).

Emilio RODRÍGUEZ MATEOS, secretario municipal de Peñaparda, represor, procesado (C.728/37) y condenado a muerte en consejo de guerra (18/09/37), pero conmutado, a diferencia de su hijo Félix Rodríguez y su yerno Julián Collado (1ª croniquilla de Peñaparda, día 1º de septiembre).

Primitivo PRIETO ROMÁN, de 24 años, hijo de Guillermo y Francisca, jornalero, ¿STT?, “cabo de la Brigada de Trabajadores” (Iglesias 2009a). Según sus familiares, lo denunciaron tres vecinas, una de ellas falangista, por un comentario efectuado cuando volvió de permiso del servicio militar franquista, diciendo que, con respecto a la guerra, “la pelota estaba en el tejado”. Esto lo hacía sospechoso de soldado poco entusiasta con el Alzamiento y rojo, por lo cual aquel mismo día por la tarde ya tenía la notificación para que fuera a la cárcel del pueblo (EB 2007). En la causa que se le siguió “por rebelión militar” (C.788/37) se confirma que efectivamente su desgracia empezó por una conversación de camino con tres vecinas, en la que condenaba las muertes causadas por “los nacionales” en el pueblo y otras partes. Este comentario lo habría formulado el día 19 de febrero de 1937, de vuelta de Ciudad Rodrigo, a la altura de la dehesa de Casablanca. En las declaraciones de unos y otros en el proceso salieron a relucir las ideas y actividades sindicales y políticas de Primitivo Prieto, su relación con “Milhombres”, secretario de Manso, así como su liderazgo en el intento de oponerse al Movimiento, hostilizando a la Guardia Civil el domingo 19 de julio 1936. Fue detenido en el Regimiento dela Victoria (17/03/37), juzgado y condenado a la pena de muerte en el consejo de guerra (23/07/36), conmutada en 30 años de prisión (29/07/37), y se le concedería el indulto (25/03/1946), porque según una cláusula del mismo en Primitivo se daba el requisito necesario: “no se atribuye al interesado, a juicio de este Ministerio, participación en actos de crueldad, muertes, violaciones, profanaciones, latrocinios ni otros que, excediendo del propósito subversivo, acusen calificada perversidad” (C.788/37: f. 39). Un requisito que

raramente habrían cumplido los ejecutores fascistas, si hubieran sido juzgados, y no se les aplicó cuando lo fueron en Peñaparda y Robleda. Según testimonios, no todos corroborados por su historial en la cárcel, cumplió casi diez años en las cárceles de Salamanca (donde habría sido compañero de prisión del peñapardino Serafín Caneiro y del navasfrieño José Moreiro), Burgos, Astorga, Toro (trabajando en la construcción de la Azucarera) y Madrid, para terminar en las obras del Valle de los Caídos, de donde volvió enfermo hasta que murió en 1963, después de estar casado con la viuda de José Hernández, uno de los asesinados en 1936. Según su expediente, el indulto le llegó cuando cumplía condena en el destacamento penal de Lozoyuela (Garganta de los Montes, Madrid), y con anterioridad, efectivamente, había sido transferido a la prisión Central de Burgos (23/11/1938).

Amador HERNÁNDEZ RAMOS (a) “Milhombres”, de 33 años, natural de El Bodón, vecino de Salamanca, hijo de Tomás e Isabel, empleado del secretariado de STT, casado con una bodonesa, pequeño de talla y gran orador, muy activo en los pueblos de la comarca. Se le instruyó juicio sumarísimo con otros líderes republicanos de Salamanca (C.486/36), en cuyo consejo de guerra (21/10/37) fue condenado a muerte, pena conmutada por 30 años (11/05/39) y posteriormente por la de 6 años, que en parte cumplió en Salamanca, Pamplona (26/08/39), Astorga (1942), Gijón (30/12/42) y Burgos (01/06/43), donde primero le darían la libertad condicional (14/09/43) y después la definitiva (21/06/48).

 

Total de afectados por condenas a muerte en consejos de guerra (naturales o vecinos de localidades de la comarca mirobrigense, 25:

* Ejecutados : 20

* Conmutados: 5.

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lun

24

oct

2016

La exposición sobre el fuerte de San Cristóbal y los presos de la zona mirobrigense afectados por la fuga del 22 de mayo de 1938

Entre el 24 y el 31 de este mes está prevista una exposición sobre el fuerte de San Cristóbal en la Casa Municipal de Cultura de Ciudad Rodrigo, a cargo de “Foro por la Memoria” y que coordina a nivel local Susana Luengo (Farinatos por la Memoria). Esto da pie para recordar a algunos comarcanos mirobrigenses que estuvieron presos e incluso uno de ellos sucumbió allí. En dicho establecimiento penitenciario de Pamplona, sito en el monte Ezkaba, en mayo de 1938 había 2.497 reclusos, en su mayoría republicanos. Algunos de ellos habían planeado una fuga, que 795 presos pusieron en ejecución el 22 de dicho mes, con intención de pasar a Francia, destino que solamente lograron alcanzar tres fugados. Por lo general la aventura, por falta de previsión y diversas razones, se terminó de mala manera para muchos: 585 fueron capturados (400 de los cuales murieron de hambre), 207 fueron muertos en el campo en aquella descomunal cacería humana (como sucedió en las detenciones y sacas sangrientas) y 17 fueron procesados, 14 (o 16) de los cuales fueron ejecutados públicamente en Pamplona (08/09/38), por sentencia de consejo de guerra (como sucedió en las parodias jurídico-militares de los sumarísimos de Salamanca). Algunos muertos de este centro penitenciario fueron enterrados en un cementerio habilitado junto al Fuerte, donde los antropólogos de la sociedad Aranzadi han exhumado los restos de poco más de media docena. Al parecer, su nombre y otros datos figuraban en un papelito introducido por el capellán de la prisión, José María Pascual, en sendas botellas, pero solamente se han recuperado los de algunos. Estos detalles, según anuncia el programa, se podrán comprobar y ampliar en esta exposición durante la visita guiada de hoy día 24 y en la conferencia de Félix Sierra el día 26 (para la fuga en general, se puede consultar el libro del mismo Félix Sierra e Iñaki Alforja, Fuerte de San Cristóbal, 1938. La gran fuga de las cárceles franquistas, Iruñea, 2006 [1990]).

En la fecha de la fuga había tres presos de la comarca de Ciudad Rodrigo, que en dicha prisión cumplían condenas impuestas por consejos de guerra celebrados en Salamanca. Dos de ellos participaron en la escapada, con diversa fortuna, y el tercero se abstuvo o no le dio tiempo de tentar la odisea. Los dos primeros eran vecinos de Villar de Ciervo.

 

Emiliano PIZARRO FERREIRA, de 38 años, jornalero, socio de la STT, concejal republicano, casado con Ángela Zamarreño (croniquilla del pasado 16 de septiembre). Murió en la fuga.

Valentín LORENZO BAJO, de 36 años, hijo de Domingo y Josefa, jornalero, secretario de la Sociedad de Trabajadores, casado con Sabina Lorenzo. Fue procesado (C.884/36) y condenado a 12 años y un día de reclusión, que cumplía en la prisión de Pamplona desde el 26 de junio de 1937. Valentín fue uno de los tres afortunados fugitivos que, como él mismo tuvo ocasión de contar, después de casi diez días de camino, consiguió llegar a Francia (31/05/38), donde su aventura tuvo un largo recorrido. Antes de terminarse la guerra civil volvió a la zona republicana. Cuando ya era inminente la derrota en Cataluña tuvo que conducir una columna de 2.000 prisioneros hasta Figueras y después exiliarse a Francia (07/02/39), donde conoció el régimen de los campos de concentración en Argelès-sur-Mer (Pirineos Orientales). Luego se enroló en una compañía de trabajadores en Meyssac (Corrèze) y más tarde

fue obligado a integrarse en un cuerpo de trabajadores para la Alemania nazi (14/04/43), pero le alcanzaron los efectos de un bombardeo inglés en Burdeos (17/05/43) y tuvieron que amputarle una pierna. Se asentó en esta ciudad, donde pudo rehacer su vida familiar hasta que murió en 1986 (referencias en Iglesias 2016a: 655).

El tercer preso comarcano de Ciudad Rodrigo era un antiguo carabinero, enviado a otro destino primero y después procesado (C.925/36, Iglesias 2016a: 315):

 

Eloy ULLÁN BOTE, de 45 años, natural de Saelices el Chico, carabinero con destino en Carpio de Azaba, después trasladado a Salamanca, casado con María Álvarez, sin constancia de la eventual descendencia. Tenía una hermana (María Paz) casada con Eladio RIVERA HUERTAS, una de las víctimas de la saca carcelaria de Ciudad Rodrigo el 16 de diciembre de 1936 (croniquilla prevista). En agosto de 1936 fue destinado a Salamanca, debido a una denuncia de la gestora militarista de Carpio de Azaba, donde era comandante del puesto, acusado de izquierdismo, al igual que sus compañeros Valentín Vicente y Juan Moreno (Inf.CdA/37). En Salamanca (01/10/36) lo denunció Sebastián Martín Pérez, sargento de la Guardia Cívica, por un desliz verbal y presuntamente por un desaire, en una discusión sobre las competencias de cada uno, cuando ambos prestaban servicio de noche cerca del Puente Romano. En la Comandancia de Carabineros lo apoyarían en el sentido de que Eloy y otro compañero cumplían un servicio específico de reconocimiento de vehículos y viajeros, que no incumbía al Sargento, pero la denuncia surtió su efecto. Detenido al punto en la citada Comandancia (01/10/36), no hizo falta siquiera rastrear en los antecedentes izquierdistas del Carabinero, cuyas repetidas explicaciones sobre las motivaciones de amor propio del Guardia Cívico no convencerían a los jueces instructores. Pronto dictaron auto de procesamiento y poco después de elevación a plenario (28/10/36), cuando Eloy ya había sido trasladado al cuartel de Caballería de Calatrava. En el consejo de guerra (21/11/36), presidido el coronel Pedro Sánchez Sánchez, la sentencia fue consecuente con la petición del Fiscal, 30 años de reclusión, por “adhesión a rebelión militar”, con expulsión inmediata del Instituto. La pena le sería conmutada (10/06/43) por la de seis años y un día de cárcel, que cumplió en la prisión provincial de Salamanca y en la de Pamplona (18/01/37). Su nombre aparece en el listado de los 4.943 presos de la prisión del fuerte de San Cristóbal, con el nº 558 de la relación de 1936-1940. No habiendo querido o podido participar en la fuga, salió de allí en libertad condicional (31/05/42) antes de la conmutación de pena.

No hay constancia de que hubiera víctimas mortales entre los vecinos de Carpio de Azaba. Sin embargo se registra el hallazgo de un CADÁVER en el Canto Hincao, dehesa del Manzano, ayuntamiento de este pueblo (C.463/37). Seguramente no sería el único, pues según testimonios de El Bodón, en dicho paraje aparecieron cadáveres algunos DESCONOCIDOS en la época de la recogida de la bellota, es decir ya bien avanzado el otoño de 1936 (EB 2006). Por otro lado, es posible que algún vecino, si no fue asesinado, no estuvo lejos de serlo, pues del compañero sentimental de Balbina Lorenzo Martín se dice en un procedimiento previo contra ésta que: “fue detenido a principio del Glorioso Movimiento Nacional y se tiró de la camioneta en que era conducido” (P.prev.CdA/38: f. 1).

Todo parece indicar que en este pueblo cercano a la cabecera del Partido, donde no se comprueban conflictos llamativos en la primavera de 1936, la represión se orientó casi desde el inicio del Alzamiento por la denuncia y la vía de la justicia militar. La proximidad permitía el desplazamiento de los líderes del Frente Popular, sobre todo los del emergente partido de Izquierda Republicana. Los vecinos que no podían actuar directamente, como los citados carabineros, lo hacían a través de sus esposas, según los

represores. De modo que en Carpio se comprueba otro motivo recurrente en las denuncias: los cónyuges resultan siempre sospechosos de simbiosis política. A finales de julio de 1936 entraron en la cárcel mirobrigense Emilio Hernández, antiguo oficial de prisiones, y Esteban Arroyo García, alcalde republicano, socios fundadores de Izquierda Republicana en dicha localidad, entre cuyos simpatizantes también se incluía a la esposa del primero, María Matos Maderal, maestra, que sería cesada en el cargo.

La “limpieza política”, que ya se había iniciado en 1937 por la vía gubernativa, para sancionar la “responsabilidad civil”, de la que se encargaba la Comisión de Incautación de Bienes por el Estado (CIBE), se prosiguió en 1939 con el Tribunal de Responsabilidades Políticas (TRP). Y así se llega a un total provisional análogo al de otros pueblos cercanos y pequeños; una decena de vecinos afectados por la represión:

-sin víctimas mortales de la localidad

-represión carcelaria: 7

-depurados, cesados: 5 (dos también presos)

-sancionados o embargados: 3 (también presos).

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dom

23

oct

2016

Las víctimas mortales de la represión procesal en el Campo Charro. Necrologio de Cabrillas. Ángel Iglesias Ovejero

En general, la represión de los pueblos del Campo Charro, más o menos cercanos del nudo de comunicaciones ferroviario de La Fuente de San Esteban, corrió a cargo de los comandos de la Guardia Civil enviados desde la Comandancia de Salamanca (croniquilla del pasado 25 de julio). Quizá por esta razón fueran menos frecuentes las sacas extrajudiciales, porque los miembros de los Institutos armados, en previsión de una posible responsabilidad si el gobierno republicano se hacía con el control de la sublevación, exigirían que las órdenes importantes de los mandos fueran formuladas por escrito. Pero esta apreciación sobre el efecto benéfico de la implicación directa de la Guardia Civil quizá sea fruto de una falta de información suficiente. Lo cierto es que los contrastes sociales y los incidentes entre los jornaleros y los patronos del campo, relacionados con la reforma agraria y la normativa laboral, fueron similares a los de otras zonas. Y la oposición al Alzamiento mediante la huelga en período de la siega fue incluso más seguida en localidades de este territorio. Por todo ello, como sucedió inicialmente en Retortillo, la persecución contra los huelguistas se llevó a cabo por la vía procesal de la jurisdicción militar, que produjo algunos muertos en pueblos limítrofes de la comarca mirobrigense, como San Muñoz y otros de El Abadengo (Iglesias, Represión franquista: 313).

En Cabrillas, municipio en que antes del Alzamiento se habían producido incidentes parecidos a los evocados, también hubo una víctima mortal de la represión jurídico-militar, pero por razones diferentes. La única hasta ahora identificada del necrologio de esta localidad.

 

Maximino BENITO DE SAN GUILLERMO, de 22 años, hijo de José Antonio y Escolástica, soltero, jornalero. Falleció (23/10/36) por ejecución de sentencia de consejo de guerra (29/09/36). Lo procesaron por manifestaciones tendenciosas, debido a que no compartía el entusiasmo de otros soldados con respecto al triunfo del Movimiento e incluso llegó a sugerir la posibilidad de pasarse al frente republicano, lo que sería calificado de tentativa de deserción (C.531/36). Estuvo preso en los calabozos del Regimiento de Infantería y pasó a la cárcel provincial para la vista de la causa. Quizá por la impresión de la sentencia tuvo un síndrome “hiposistólico”, que requirió su ingreso en el Hospital de la Trinidad (12/10/36), pero fue devuelto a la prisión para ser ejecutado el mismo día que el maestro Celso Escanilla, alcalde de Bogajo, y los promotores de la huelga en Retortillo, Máximo Muriel, Cristino Martínez y Celso Moro. Y esto lleva a pensar que el 23 de octubre los mandos de Salamanca, en cierto modo programaron una saca carcelaria por ellos mismos legalizada, mediante aquellos consejos de guerra esperpénticos.

No hay constancia de que los soldados delatores recibieran condecoraciones o premio alguno, como tampoco se tiene constancia de la reacción moral que tuvieran al comprobar la condena y ejecución de un compañero. Los mandos tenían vacunados a estos hombres jóvenes contra ese tipo de alicientes y de posibles remordimientos, explicándoles que era parte del “cumplimiento del deber” (una explicación que también tuvo mucho eco entre los denunciantes civiles, sin que al parecer los haya dejado plenamente satisfechos, pues nunca han reivindicado la condición de chivatos). Hubo otras denuncias análogas entre soldados, sin consecuencias tan graves, por ejemplo la de José Moreiro Acosta (C.875/37)

 

La consulta de los fondos del gobierno civil en el Archivo Histórico Provincial y de la documentación procesal revela que la toma de conciencia político-social y la afiliación sindical (Socorros Mutuos, STT) estaba bastante desarrollada en Cabrillas. Los vecinos más señalados fueron molestados por los represores. Andrés Garavís García, alcalde perteneciente o simpatizante de Izquierda Republicana, se había enfrentado con el secretario municipal, que ponía dificultades para el aprovechamiento de la dehesa boyal por parte de los afiliados de la Sociedad Obrera. Longinos Corcho, concejal, como presidente de esta Sociedad en 1932 o 1933, había liderado la parcelación del terreno comunal de Las Eras y después había apoyado al citado alcalde. Hubo maestros depurados y otros vecinos sancionados económicamente. De modo que, a falta de más información, la represión arroja un balance provisional de 14 afectados:

- víctimas mortales: 1

- víctimas carcelarias: 7

- depurados: 2

- sancionados, embargados: 4.

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nota de prensa sobre el acto de P.R.O.H.E.M.I.O. ante el monolito de Robleda 2014
Homenaje Robleda 14 de agosto 2014.pdf
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Por fin en la mañana de ayer pudimos dar una sepultura digna a mi tío José Prieto Martín, cuyos restos yacían al lado de una carretera desde su vil asesinato en el verano de 1936.

Ha sido un acto emotivo, lleno de dolor en las caras de sus hijos pero a la vez con la esperanza de futuro en los mensajes de sus bisnietos quienes por fin están conociendo la verdad y pueden hablar claro sin miedo a las represalias que han sufrido las generaciones anteriores, víctimas del franquismo y de un estado que aún a día de hoy se niega a reconocer estos crímenes, a pedir perdón y a recuperar la dignidad de tantas personas, tantos familiares nuestros, cuyos restos y recuerdos siguen estando enterrados en una fosa común.

Mi agradecimiento para todos los que desde diferentes ámbitos hacen posible este trabajo de recuperación.

Susana L.

 

Víctimas castellanas en los Campos Nazis

Hoy presentamos un trabajo acerca de los castellanos en los campos de concentración nazis. Es el producto de la colaboración de varios compañeros pertenecientes a los Foros por la Memoria: Juan Carlos García Funes, del Foro por la Memoria de Segovia; Eduardo Martín, del Foro por la Memoria de Zamora; Susana Luengo, del Foro por la Memoria de Castilla y León, y de Orosia Castán, perteneciente al mismo Foro. Se trata de ofrecer una visión lo más amplia posible acerca de hechos ocurridos en nuestra Comunidad, para lo que los autores han investigado lo sucedido en su provincia, ofreciendo un todo para su mejor comprensión.

Saludamos esta iniciativa y esperamos que se convierta una colaboración constante que enriquece nuestra página, abriendo el horizonte a más y mejores informaciones

 

 

Escalera de Mauthausen
 

 

http://www.represionfranquistavalladolid.org/?Vitimas-castellanas-en-los-Campos

 

La represión franquista dejó 200 muertos en Ciudad Rodrigo

Ciudad Rodrigo fue una de las zonas más represaliadas por el bando nacional en la provincia

 

http://www.lacronicadesalamanca.com/la-represion-franquista-dejo-200-muertos-en-ciudad-rodrigo/

 

Ciudad Rodrigo fue una de las zonas más represaliadas por el bando nacional nada más producirse el levantamiento contra la República, en 1936. El historiador y nieto de un represaliado en la comarca mirobrigense, Ángel de Miguel, calcula que unas 200 personas fueron asesinadas en los ‘paseos’ organizados por carabineros, guardias civiles y falangistas sin consejos de guerra ni diligencias previas de por medio.

Muchas víctimas siguen enterradas en fincas de la comarca, a la espera de que las investigaciones y la disponibilidad de fondos permitan localizar sus restos y poder darles una sepultura digna.

Además de las aproximadamente 200 personas asesinadas desde que produjo el levantamiento, en julio y hasta mediados de diciembre de 1936, hay un millar más de salmantinos que sufrieron otro tipo de represalias de carácter económico (fueron expoliados) o encarcelados, pero sólo son datos provisionales, “porque cada día que estudiamos surge alguna novedad”, explica De Miguel, que este sábado ha contado sus investigaciones en un acto organizado en la biblioteca del Palacio del Arzobispo Fonseca, en el marco de las actividades del décimo aniversario de Salamanca Memoria y Justicia.

Hay que leer esta página de la historia para superarla y aprender

Hubo depuraciones, penas de prisión y castigos económicos fruto de la delación entre vecinos por rencillas o envidias, rencor e incluso algunos que creyendo que cumplían la nueva ley denunciando al vecino sin otra intención. “Es imposible cerrar la herida porque sigue abierta. No hay rencor, pero sí ilusión por que se sepa qué ha pasado, que se ha sufrido y que eso no ha sido gratis. La gente que ha sufrido quiere que se reconozca su sufrimiento y que ese dolor ha servido para algo”, señala el historiador salmantino.

Familias destrozadas

“Muchas familias fueron brutalmente trastocadas porque perdieron al padre, la madre o al hermano, pero también sus bienes fueron expoliados y quedaron marcados durante decenios como que eran hijos de los rojos y los otros no, y las relaciones eran tensas”, comenta De Miguel.

Pese a que muchos se empeñan en que no se sigan investigando los crímenes del franquismo, el historiador salmantino explica que “hay que leer esta página de la historia para superarla y aprender. La memoria no es un mero recuento de cosas, sino el acerbo cultural que nos permite formar nuestra personalidad y proyectar nuestro futuro”, relata.

Los investigadores que buscan las fosas comunes se están encontrando, además de con la incomprensión de la parte más reaccionaria de los opositores a que se conozcan esos crímenes, con las trabas que ponen algunos propietarios de las fincas donde se cree que están esas fosas comunes y la falta de medios para iniciar las excavaciones y, cuando se encuentran restos mortales, realizar las pruebas de ADN.

Restos recuperados

Entre los 200 asesinados en la comarca de Ciudad Rodrigo ya se han recuperado los cuerpos de los vecinos del Bodón (sus restos estaban en la finca Las Medinillas, junto a Bañobárez) y los de Fuenteguinaldo, que fueron asesinados al lado del monasterio de La Caridad, en Ciudad Rodrigo.

También hay vecinos recuperados en Robleda y los restos de los últimos nueve ciudadanos asesinados en grupo en la finca de Ravida, en diciembre del 36, “pero que fueron desenterrados y no sabemos dónde los llevaron de nuevo”.

 

YAGÜE, EL CID DEL SIGLO XX

 

por Luis Castro Berrojo

 

 

Yagüe, el que inicia el Movimiento el 17 de julio en Ceuta, donde no hay resistencia, pero sí los primeros asesinatos de civiles y militares leales al gobierno legítimo; el que avanza hasta Maqueda, a un paso de Madrid, al frente de la Columna de la Muerte, dejando simas de sangre popular a su paso; el impulsor de Franco a la dictadura vitalicia; el pionero de la Guerra Relámpago, luego desarrollada por Hitler en toda su extensión; el que por un día cambia el nombre de la plaza de Cataluña por la del Ejército Español; Yagüe, primer ministro del Aire, de la aviación “del imperio que llega”, como él decía, pero sin aviones. (Se los quiso pedir a su amigo Goering, pero este los estaba acopiando para atacar a Polonia y a Rusia, plagadas de morlocks granates y judíos aplastables); Yagüe, que sin duda hubiera luchado con el III Reich, al lado de su camarada Muñoz Grandes, si no hubiera sido por los achaques y sufrimientos por la patria de Franco.El general Yagüe, marqués de San Leonardo de Yagüe, con varias cruces militares, una de ellas por su acción en Asturias en 1934, donde sus legionarios ensayaron con los mineros la vesánica represión que luego sería habitual en la guerra; Palma de Plata de Falange; hijo predilecto de Burgos, Soria, Oviedo, Badajoz, etc.; Gran Cruz del Águila alemana potenzada con cuatro diminutas esvásticas; medalla al trabajo y de sufrimientos por la patria, etc. Yagüe, consejero nacional, capitán general y virrey de Burgos en una década que no dudamos en calificar de ominosa (1943-1952); aniquilador del maquis en 1944; Yagüe, “el que tantas cosas hizo por Burgos”. Hizo un hospital, pues ya se sabe que la guerra causa muchos heridos y también sabemos que Dios nos da la enfermedad y su remedio. A veces, como es el caso, en la misma persona. Hizo también la barriada de su nombre, de casas “ultrabaratas”, cerca de la abarrotada cárcel y bien lejos del centro, no fuera a ser que los obreros quisieran codearse en el Espolón con las distinguidas señoritas de la Sección Femenina o los alféreces de reenganche. He hizo, eso sí, la gran metrópolis militar, el West Point celtibérico, con su Academia de Ingenieros, su Ciudad Deportiva militar –estrangulando el acceso de Gamonal a Fuentes Blancas– el nuevo edificio del Gobierno Militar, la Residencia de Oficiales, la 2ª fase de la barriada militar, el cuartel de Tropas de Sanidad, la ampliación del aeródromo y de los viejos cuarteles de Calzadas, etc, etc., todo ello en buena medida a costa de las arcas municipales, que luego no tenían dinero para pavimentar las calles, sanear barrios o atender el hambre y las enfermedades reinantes en las barriadas periféricas. Pero por Burgos y hacia el imperio. FrancoYague-detallec4.jpgSe dice que un Franco agonizante mandaba llamar a Yagüe para que fuera a detener la Marcha Verde en las provincias del Sahara español. Aznar, retorcido donde los haya, envió a Ceuta como gobernador militar a Juan Yagüe (hijo) tras la crisis del Perejil, con más barcos y tropas para advertencia del rey moro. Yagüe, el general falangista, conspirador de pacotilla, aún ganaba batallas post mortem, como el Cid. Por eso aún se quiere homenajear su memoria, como si estuviéramos bajo el cuarentañismo. O en la Edad Media. Oh, Burgos, por qué no olvidar eso.

 

Luis Castro Berrojo

Y sin embargo ........

Estamos en un momento de indignación social,  desencanto, hastío y desesperanza en el que siguen repuntando los casos de corrupción política y desprestigio de la clase en el poder. Se está produciendo la aniquilación sistemática y definitiva de los derechos ciudadanos, se trata de un retroceso sin precedentes en todos los ámbitos: el trabajo, la sanidad, la educación la libre expresión, y todo ello por la vía legal. Reina el silencio y sin embargo el malestar es latente.

 

En esta falsa democracia que se desmorona ante nuestra impasibilidad, convivimos con el dolor. Ese dolor de hacer malabares con una nómina exigua para conseguir pagar las facturas y llegar a fin de mes, ese malestar de seguir visitando periódicamente la oficina de empleo, esa desidia y ese cansancio de ver día tras día y cada vez más patentes los símbolos de un régimen, que ya debería haberse marchado.


Y sin embargo, ese antiguo régimen con olor a naftalina sigue instalado en nuestro gobierno, desde la figura del jefe de estado, el partido en el gobierno, la oposición, todo dentro de un juego perfectamente orquestado para transmitir una ficticia apariencia de democracia. Nuestra democracia real murió asesinada y ultrajada. Nuestra democracia real fue enterrada en una fosa común y descansa a varios metros bajo la losa que suponen nuestra constitución y los pactos de la transición, bajo las mareas ciudadanas que de forma descoordinada ahora caminan sobre ella.


Esa democracia que nos fue arrebatada debe ser rescatada, honrada y resarcida y es sólo sobre esa democracia que podremos construir las bases fuertes de la República que nos merecemos aquellos que tenemos sangre roja corriendo por las venas.

Susana Luengo

Que rompan la Jesa Arriba - con muchísimu saleru

Para que asina los ricos - no puean crial becerros.

El que quiera ver moril - a to los ricos de usía

No tieni más que decil: ¿Que rompan la Jesa Arriba!

Que rompan la Jesa Arriba - que dejin el Gamonal,

Que lo rompa Martin Mochu - con el Moru Criminal.

Que rompan la Jesa Arriba - que rompan la Jesa Abaju,

que el que tieni vacas, vendi - y el que no se quea mirandu.

Que rompan la Jesa Abaju - que rompan la Jesa Arriba,

Que el que tieni vacas, vendi - y el que no tiene, las mira.

Quiera Dios que en algún día - la tortilla se regüelva,

Que los probis coman pan - y los ricus coman hierba.

Si quieris vel moril - a to los ricus de cuaju,

No tienis más que decil: ¿Que rompan la Jesa Abaju!

Que rompan la Jesa Abaju, - las Maribañas y el cuentu,

Verás a todus los ricus - morilsi de aburrimientu.

Y si quieris vel moril - a los ricus de la Plaza,

No tienis más que decil: ¿Que rompan las Maribañas!

Y si quieris vel moril - a los ricus de la Iglesia,

No tienis más que decil: ¿Que rompan las dos edesas!

Andan idiendu los ricus - que no quierin a los probis,

Sembraremus esus cachus - aunque se sigan remolis.

Empiezan en Navalengua, - terminan en el Pocitu,

Las quisierun roturás - y ahora las siembran los ricus.

Rompierun la Jesa Abaju - roturarun la de Arriba,

Ningún ricu se murió - ni de probi, ni de envidia.

Que rompan la Jesa Abaju, - que dejin el Gamonal,

Pa que lo rompa Martín - con el Moru Criminal.

Que rompan la Jesa Abaju, - que dejin el Majadal,

Pa que lo rompa Juanitu - con la Roja y la Salá.

 

Copla tradicional robleana, procedente de la época en que se procedió a la roturación de las dehesas en Robleda para hacer efectiva la Reforma Agraria Republicana.

 

Referencia bibliográfica

 

IGLESIAS OVEJERO, Ángel, "El folclore fue historia vivida: Que rompan la Jesa Arriba", Cahiers du P.R.O.H.E.M.I.O. nº11, Presses Université d'Orleans 2009, pp. 555-556

 

EL FANDANGU DE ROBLEA "QUE ROMPAN LA JESA ARRIBA, QUE ROMPAN LA JESA ABAJO"
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