[Croniquilla dedicada a todas las personas que asistieron a la presentación de La represión franquista en el sudoeste de Salamanca (1936-1948)

[Croniquilla dedicada a todas las personas que  asistieron a la presentación de La represión franquista en el sudoeste de Salamanca (1936-1948): alcaldes, concejales y responsables políticos de la Ciudad y su Comarca, compañeros del Centro de Estudios Mirobrigenses y su secretaria Socorro Uribe Malmierca, familiares y vecinos de víctimas, suscriptores y otras personas interesadas por la memoria histórica, algunas llegadas de lejos. De un modo u otro, con su presencia, contribuyeron a un inesperado y estimulante éxito de público, que es complementario de la extensa implicación de mirobrigenses y foráneos en la publicación del libro, cuyos ejemplares, por otro lado, están casi todos vendidos. Dedicatoria agradecida para la prensa digital local y las páginas web del CEM y de Farinatos por la Memoria, que difunden nuestras croniquillas y necrologios].

 

La segunda serie de razias de guardias y milicianos fascistas se centraron en los últimos días de julio contra pueblos que, a imagen de la Ciudad, se habían señalado por sus manifestaciones hostiles al Movimiento: Retortillo, El Bodón, Villar de Ciervo, Robleda y de nuevo Ciudad Rodrigo. Una de las primeras operaciones de los comandos represivos (aludidos el pasado día 21) tuvo lugar en Retortillo. El alcalde republicano Isaías Montero Egido y los concejales se habían negado a entregar el mando municipal a unos individuos fascistas llegados de Vitigudino el día 22. Esto sucedió en el contexto de una huelga que los socios de la Casa del Pueblo (STT) y la agrupación de Socorros Mutuos habían proclamado el día 20 para defender la República. Por ello el día 25 de julio de 1936 (fiesta señera de Santiago, de descanso obligado durante la faenas de la siega) José Vidriales Varas, tres números de la Guardia Civil y cuatro falangistas se presentaron en esta localidad. La Comandancia de Salamanca les había encomendado la misión de efectuar un recorrido con registros, recogida de banderas y detenciones en Muñoz, Martín de Yeltes, Boada y La Fuente de San Esteban. En Retortillo detuvieron a cinco personas que serían sumariados por el procedimiento “de urgencia” en Salamanca, tres hombres y dos mujeres (C.747/36).

A consecuencia de la documentación incautada, estos y otros numerosos vecinos, cargos municipales, sindicalistas y huelguistas fueron procesados entre 1936 y 1937, empezando por el alcalde Isaías Montero, zapatero de profesión, condenado a reclusión perpetua y una sanción de 10.000 pts. (este importe equivalía a la fortuna que por entonces se les calculaba a los labradores “ricos”), juzgado con otros diez (C.878/36). La misma suerte corrieron el concejal Facundo Calderón García y otros seis (C.748/37), así como otros 23 vecinos (C.380/37). Los peor parados fueron tres vecinos que habían huido en la redada del 25 de julio, porque habían oído que a los socios de la Casa del Pueblo los sacaban de la localidad y eran “fusilados por las fuerzas militares y milicias armadas”: Celso Moro, Cristino Bartolomé Martínez y Máximo Muriel. Estuvieron huidos hasta el día 12 de agosto, cuando cayeron en una trampa análoga a los falsos “bandos de perdón” (Espinosa 2006a: 146). Fiándose de la buena disposición, al parecer no fingida, del alcalde militarista, un sargento de Ingenieros retirado, se presentaron en el pueblo, donde fueron detenidos. Los tres fueron procesados, junto con Juan Inés Moro, acusada de haber ocultado entre el estiércol una pistola de su hermano Celso (C.462/36). La joven fue absuelta y los tres varones condenados a muerte en el consejo de guerra (28/09/36) y ejecutados (23/10/36).

En total se ha identificado a más de medio centenar de vecinos represaliados:

-          5 víctimas mortales

-          46 detenidos y presos (informados y procesados)

-          un maestro depurado

-          3 multados (seguramente fueron más numerosos).

 

Las autoridades locales hasta ahora no han dejado constancia de reconocimiento alguno de estas víctimas, ni siquiera de las que fueron asesinadas. Esta es la identificación nominal y socio-profesional del Necrologio republicano de Retortillo:

 

Victorino García Calzada, de 38 años, natural de Boada, hijo de Juan y de Francisca, casado con María del Rosario Sánchez Moro, jornalero; sacado de su domicilio (09/08/36) para Castillejo de Huebra, término de Muñoz, donde fue enterrado fuera del cementerio, en una fosa común, según testimonio de su nieto Victorino García Calderón (ASMJ, inscripción de la defunción fuera de fecha, 26/03/80).

Heliodoro Sánchez Moro, de 25 años, hijo de Julián y de Rosalía, vaquero, vocal de comité de huelga (20/07/36), detenido y preso en Ciudad Rodrigo, aunque no figura en el listado de la cárcel del partido judicial (Desaparecidos 1936). Como su cuñado Victorino García fue de los primeros eliminados clandestinamente (09/08/36), en la misma saca, lugar y demás circunstancias, según testimonio del citado Victorino García, su sobrino nieto (ASMJ).

Cristino Bartolomé Martínez Muriel, de 27 años, hijo de Hermógenes y de Paula, soltero, jornalero, secretario de la Sociedad de Trabajadores de la Tierra (STT), concejal. Huyó a la finca de Pito y Sierro cuando la Guardia Civil y la Falange lo buscaban para llevarlo a Salamanca (25/07/36), fue detenido en Retortillo por los “guardias cívicos”, preso en Vitigudino (12/08/36) y en Salamanca (20/08/36). Un consejo lo condenó a muerte por “adhesión a la rebelión” (28/09/36) y fue ejecutado en el campo de El Marín (23/10/36), siendo enterrado en el cementerio de Salamanca (23/10/36), según la C.462/36.

Celso Moro Hernández, de 31, nacido en Cerralbo, hijo de Nicolás y de Margarita, soltero, jornalero, teniente de alcalde, presidente de la STT, huido, apresado, procesado, condenado a muerte, ejecutado y enterrado en las mismas circunstancias que Cristino Bartolomé Martínez.

 

Máximo Muriel Blanco, de 26 años, hijo de Aniano y de Rosario, soltero, jornalero, vocal de la Sociedad de Trabajadores de la Tierra (STT), huido, apresado, procesado, condenado a muerte, ejecutado y enterrado en las mismas circunstancias que Cristino Bartolomé Martínez.

Croniquilla del verano y otoño sangrientos de 1936: cese de las gestoras republicanas y creación de las milicias fascistas (21/07/2016)   Ángel Iglesias Ovejero

Una vez declarado el bando de guerra en Ciudad Rodrigo, las fuerzas rebeldes usurparon el poder municipal en los pueblos de la comarca. Depusieron a los gestores republicanos y nombraron para los cargos a vecinos adictos a los golpistas en las localidades donde habían detectado conatos de “resistencia” a la Sublevación o, con anterioridad, una marcada exigencia de reformas republicanas por parte de los socios de la Casa del Pueblo. Esta operación violenta, realizada con intervención de oficiales militares y jefes de puestos de la Guardia Civil y de Carabineros, apoyados por gente armada a sus órdenes, llevaría una semana aproximada. La deposición se efectuaría al proclamar el estado de guerra en alguna localidad (desde el día 20 de julio) y la imposición de la comisión militarista se formalizaría al día siguiente, a partir del 21 de julio, como en la Ciudad y en Aldea del Obispo.

De este relevo forzado en Ciudad Rodrigo se encargó Juan Sáez Chorot, capitán de la Guardia Civil y comandante militar provisional de la plaza. El día 21 de julio, de una tacada confirmó la destitución de la corporación legítima (“por haber abandonado la Gestora municipal sus funciones”, lo cual era una mentira manifiesta, pues los gestores legítimos habían sido detenidos por el ejército y los agentes rebeldes) e impuso otra de corte militarista, presidida por Magín Vieyros de Anta, sargento de Infantería retirado. En otras localidades del partido judicial mirobrigense los comandantes de los puestos de la Guardia Civil o de Carabineros efectuaron el nombramiento por delegación de la autoridad militar de la 7ª Región Militar (Valladolid). En teoría el nombramiento de nuevas gestoras incumbía al gobernador civil golpista (primero Rafael Santa-Pau y después Ramón Cibrán, jefes militares ambos), pero a veces actuaban como delegados otros oficiales o personas civiles hasta que fueron cesados el 5 de agosto. En el partido de Sequeros actuaron como delegados para esta misión, además de Ventura Sánchez-Tabernero, marqués de Llén, Antonio Maíllo, jefe de Acción Popular, y Manuel Fuentes, jefe de Falange en dicha localidad.

En la indicada sesión de plenos del 21 de julio, el Cap. Sáez, siguiendo un bando del general Mola fechado en Burgos el día anterior, autorizaba y alentaba a la nueva Corporación para la creación de “una milicia fascista” a base de las Juventudes de las formaciones derechistas, “constituyendo un Cuerpo de Agentes para el mantenimiento del orden” (AMCR, ses., 21/07/36). Con este objetivo serían equipados como los militares, llevando correaje, armamento, distintivos. Los “servicios” que, hasta su disolución en 1939,  prestaron estos milicianos fascistas son de sobra conocidos en general; los detalles se expondrán llegado el caso. Las diversas facciones ya tenían jefes o los tuvieron pronto, aunque solamente Falange y Acción Popular parecían tener una organización bien establecida en Ciudad Rodrigo, con Juan Agustín Calzada Hernández y Lorenzo Muñoz Báez al frente, respectivamente. El alcalde Vieyros en la susodicha sesión nombró jefe de las milicias de la Ciudad a Eusebio Arévalo Vicente, que, por suerte para él y sobre todo para los mirobrigenses, no dejó huellas conocidas de sus “hazañas”,  pues enseguida sería eclipsado por Ernesto Bravo Rivero, alférez de complemento del Rgto. de Infantería de la Victoria (Salamanca), que se hallaba de permiso en Ciudad Rodrigo al iniciarse el Alzamiento. De su eficacia represiva él mismo se hizo pregonero cuando fue procesado y de sus amenazas con la pistola en la mano testificaron las víctimas de sus extorsiones (C.2133/37).

 

Los milicianos fascistas en seguida fueron inseparables acompañantes de los comandos de la Guardia Civil que la jerarquía militar de Salamanca enviaba a determinados pueblos o zonas para los registros domiciliarios, detenciones de republicanos señalados y recogida de “donativos” para el Ejército, que eran multas y verdaderas extorsiones. Las primeras redadas de este tipo se comprueban en torno al 25 de julio en Retortillo y los pueblos de la Sierra. Una vez instalado el terror en regla, en la segunda semana de agosto, los milicianos fascistas practicaban las correrías con más autonomía, sobre todo allí donde no había puestos de la Guardia Civil o de los Carabineros, pero no actuaban por su cuenta. Ellos mismos dejaron claro que, para las ejecuciones extrajudiciales, tenían delegación e incluso órdenes verbales de las autoridades militares y, llegado el caso de ser acusados de “gravísimos cargos”, los consejos de guerra los absolvieron (C.2133/37), a no ser que los jueces instructores hicieran pasar a los victimarios por antiguos izquierdistas (C.728/37).

Croniquilla del verano y otoño sangriento de 1936: el bando de guerra y las primeras detenciones en Ciudad Rodrigo y Saelices  (para 19/07/2016)

La noticia de la sublevación militar contra la II República llegaría a Ciudad Rodrigo y su zona de un modo confuso los días 18 y día 19 de julio. Las autoridades republicanas de la Ciudad, los líderes políticos que apoyaban al Frente Popular y los socios de la Casa del Pueblo estuvieron reunidos en el ayuntamiento para seguir las emisiones de radio, que también escuchaban otros simpatizantes y curiosos. La Guardia Civil se negó a entregar las armas, anteriormente requisadas por orden gubernamental, para que los sindicalistas pudieran defender la República, pero no proclamó el bando de guerra ni impidió hasta la tarde del 19 la salida de coches con emisarios portadores de consignas para una serie de pueblos de la comarca. La corporación municipal y los responsables políticos, con la ayuda de algunos policías y carabineros, consiguieron mantener el orden republicano y trataron de que se hiciera lo mismo en los pueblos. Para ello enviaron a dichos emisarios con la orden de que obstaculizaran el paso de las fuerzas rebeldes y los fascistas que las apoyaban. Así intentaron hacerlo principalmente los sindicalistas de Saelices, El Bodón, Fuenteguinaldo y Robleda, entre otros pueblos.

El día 20 de julio efectivos del Ejército, la Guardia Civil y Milicias Facistas, llegados de Salamanca, proclamaron el estado de guerra (bando del general Andrés Saliquet, El Norte de Castilla, Valladolid, 19/07/36) en Ciudad Rodrigo, Fuentes de Oñoro y Saelices. El mismo día comenzó la represión, pues entonces serían detenidos seis vecinos de la Ciudad y tres de Saelices, que, por orden militar, fueron enviados a la prisión provincial, adonde llegaron otro detenido el día 30 de julio y otros dos el día 3 de agosto, uno de ellos vecino de Salamanca. En total doce, contra los cuales el Cap. Gaspar Holgado enseguida empezó  a instruir un juicio sumarísimo (J.sum.265/36):

 

Joaquín Gaite Veloso, catedrático de enseñanza media, socialista, Luis Sánchez Rivero, agente de Vigilancia, Aristóteles González Riesco, registrador de la propiedad, socialista, gestor provincial, Epifanio Cejudo Cejudo, peatón de correo (Saelices), Eusebio Garduño Alonso, jornalero, socialista (Saelices), Martín Cenizo Calderero, jornalero (STT) , socialista, concejal (Saelices), Vicente Repila Tetilla, carretero, Emiliano Calvo Vallejo, alpargatero, socialista, Aquilino Moro Ledesma, sastre, concejal, de Izquierda Republicana , Domingo Hurtado Martínez, electricista, comunista, Manuel Martín Cascón, abogado, alcalde, de Izquierda Republicana, y Antero Pérez Rodríguez (vecino de Salamanca), abogado, contable, presidente de las Juventudes Socialistas. (Para otros detalles y necrologio se remite a la croniquilla del día 30 de agosto).

 

 

El día 20 quizá serían detenidos también dos jornaleros de Saelices, Aquilino Mateos Blanco y Santiago Sánchez Peinado, respectivamente presidente y secretario del Sindicato de la Tierra (STT), que el día 7 agosto serían ejecutados clandestinamente en la dehesa de Majuelos (ver croniquilla y necrologio del día 8 de agosto).

Croniquillas y necrologios  del verano y otoño sangriento de 1936 en el SO de Salamanca en su octogésimo aniversario (18/07/2016)

 (Ángel Iglesias Ovejero)

 

Hoy se cumplen 80 años del inicio de la represión franquista, que duró en este territorio desde el bando de guerra (19 de julio de 1936) hasta el fin de la Dictadura, pero sus efectos se han hecho sentir hasta hoy. Por ello, como prometíamos el 14 de abril pasado, es buen momento para tratar de dar un paso más en el reconocimiento de sus víctimas, ya iniciado con el homenaje a las víctimas de Casillas de Flores el día de ayer. Con ello no se trata de fomentar el odio (¿contra quién, contra los represores muertos impunes?), como los tardo-franquistas quieren hacer creer a los incautos, al tiempo que aprovechan la ocasión para dárselas de mansos corderos y de enviar “generosos” perdones (que no les cuestan nada, porque regalan lo que no es suyo, después de haberse cobrado con creces, durante cuarenta años, las deudas a que fueran acreedores en otras partes, si es que realmente las tuvieron) y pavonearse de la buena educación que han recibido y lo buenos que son. Las víctimas republicanas de esta zona nunca fueron perdonadas, ni vivas ni muertas, sino injuriadas, negadas y olvidadas oficialmente. Ellas y sus familiares tienen derecho a una dignificación de su memoria, que es un deber que incumbe a todos los demócratas. Y para cumplirlo es necesario que éstos sepan lo que pasó, sin tapujos, hasta donde sea posible. Los negacionistas y olvidadizos pueden seguir por su camino, derramando lágrimas de cocodrilo si lo desean (en realidad ni olvidan ni perdonan, como lo prueban las cruces de los “caídos por Dios y por España”, que no fueron otra cosa que carne de cañón en una guerra promovida por Franco y los suyos, cuyas nóminas encabezan a veces el yugo y las flechas, así como el nombre de José Antonio Primo de Rivera, todos ellos todavía “presentes” en numerosos pueblos, a pesar de su ilegalidad). Nosotros seguiremos exactamente el sentido contrario: contra la negación y el olvido, sin odio, porque no tenemos adversarios ni energía para ello, y sin perdones históricos, porque no tenemos delegación de nadie para impartirlos.

A grandes rasgos los avatares de la guerra y la represión en la provincia de Salamanca han sido analizados por Santiago López y Severiano Delgado. Sobre la primera hay poco que contar. No era posible la resistencia, sin armas, contra los enemigos de la República, los rebeldes del Ejército, la Policía, los Institutos armados y las Milicias fascistas, también armadas enseguida, si es que sus miembros no lo estaban ya antes del Alzamiento, como sucedía con los falangistas y japosos (Juventudes de Acción Popular) de Ciudad Rodrigo en la primavera de 1936. El terror fue el germen del Nuevo Estado, que ya se cobró las primera víctimas el día mismo de la proclamación del estado de guerra en Salamanca (19/07/1936). Pero el conocimiento de los hechos y de sus agentes y pacientes durante mucho tiempo fue obstaculizado por el miedo y las políticas de la memoria hasta finales del siglo XX (F. Espinosa 2006): la “negación” durante toda la Dictadura, el “olvido” en la Transición (1977-1981) y la “suspensión” de actividades de reconocimiento después (1982-1996). Con la apertura de los archivos militares se pudo analizar la “represión legalizada”, pero no la “extrajudicial”, que fue la más extendida en los pueblos de la comarca mirobrigense en 1936. Este fue el motivo básico de nuestro trabajo sobre La represión franquista en el sudoeste de Salamanca (recientemente editado por el Centro de Estudio Mirobrigenses y cuya presentación está prevista para el próximo día 23), que, además de los obstáculos previstos, se encontró con la cantinela de que la memoria histórica, apenas “resurgida”, ya se daba por superada y obsoleta (“¿qué queremos eso?, ya hace mucho tiempo que pasó”).

En gran medida este trabajo se basa en información oral y escrita relativa a unas sesenta localidades del SO de Salamanca afectadas por la violencia de Estado entre 1936 y 1948, período en que estuvo vigente el estado de guerra. Así se comprueba que las represalias se centraron en una veintena de pueblos, donde los represores habían detectado una fuerte implantación sindical y arraigo republicano, manifiesto en los intentos de aplicación de las reformas (sobre todo la reforma agraria) antes del Movimiento, los conatos de oposición al producirse el mismo o de desafección después. Por esta razón los ayuntamientos de las aludidas localidades fueron invitadas a colaborar en la edición del libro, cosa que hicieron las corporaciones de Aldea del Obispo, El Bodón, Ciudad Rodrigo, Fuenteguinaldo, Mogarraz y Robleda. En los otros municipios dieron la callada por respuesta (porque, al parecer, la mezquindad y el olvido son compatibles con la falta de cortesía). Tampoco quiso colaborar la Diputación de Salamanca, confirmando así que esta provincia es la más negada para el reconocimiento de la memoria de la represión en la Comunidad de Castilla y León, que tampoco ha sido pionera en ese sentido. Sin embargo, no sería justo privar a los vecinos de dichos pueblos (ni a otros posibles interesados) del conocimiento de lo que pasó en ellos a partir del 19 de julio de 1936. En consecuencia, aquí nos proponemos recordar brevemente las principales efemérides (o lo que deberían ser efemérides recordadas), a modo de crónica fragmentaria sobre la violencia ejercida contra ciudadanos indefensos, principalmente en el primer año de la guerra civil.

Las principales referencias bibliográficas son las ya mencionadas: Santiago López García y Severiano Delgado Cruz (2001): “Víctimas y Nuevo Estado (1936-1940)”. En: Ricardo Robledo Hernández, coordinador, J-L. Martín, director: Historia de Salamanca. Siglo XIX. Salamanca, Centro de Estudios Salmantinos, 219-324; (2004): “La guerra civil en la comarca de Ciudad Rodrigo”. En: La raya luso-española: relaciones hispano-portuguesas del Duero al Tajo. Salamanca, punto de encuentro. Coed. Diputación de Salamanca, Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo y Centro de Estudios Mirobrigenses, 158-161; (2007): “Que no se olvide el castigo: la represión en Salamanca durante la guerra civil”. En: Ricardo Robledo: Esta salvaje pesadilla: Salamanca en la guerra civil española. Barcelona, Crítica, 99-187. Ángel Iglesias Ovejero: La represión franquista en el sudoeste de Salamanca (1936-1948), Centro de Estudios Mirobrigenses (2016), donde pueden verse otras fuentes y bibliografía (p. 637-663). Para detalles sobre personas represaliadas en la provincia de Salamanca se remite también a la base de datos de la Asociación de Salamanca por la Memoria y la Justicia (ASMJ): salamancamemoriayjusticia.org.

 

Los necrologios responden al objetivo de que los lectores corrijan eventuales errores y señalen detalles y otros nombres de víctimas. La operación ya ha empezado a dar sus frutos en el homenaje de las víctimas de Casillas de Flores, donde Pilar Martín ha confirmado que su tío José Martín fue una de las víctimas mortales, hasta ahora consideradas dudosas.

 

Homenaje a las víctimas mortales de Casillas de Flores en la represión franquista (16/07/2016)

(Ángel Iglesias Ovejero)

Mañana está prevista en Casillas de Flores la colocación de una placa con los nombres de las víctimas mortales de esta localidad en la represión franquista, que hasta ahora no han tenido ninguna forma de  reconocimiento por parte de las autoridades locales ni de ninguna otra de la provincia de Salamanca y la Comunidad de Castilla y León. El homenaje, en el que sería deseable la presencia de la corporación municipal, se debe a la iniciativa responsable y generosa de las familias Gómez Álvarez y González Moreiro,

descendientes respectivos de Antonio Álvarez Martínez y de José María Moreiro Ríos.

 

Como anticipo de las croniquillas y necrologios del verano y otoño sangriento de 1936 en el SO de Salamanca, a partir del próximo día 18, se propone aquí el necrologio de Casillas de Flores, con las víctimas mortales hasta ahora identificadas.

 

José María Moreiro Ríos, de 37 años, hijo de Ángel y Cándida, dueño de un establecimiento de bebidas, alcalde republicano, casado con Isabel Gómez Martín, con quien tenía tres hijos menores. Murió “víctima de la guerra” el día 8 de agosto de 1936, según la dedicatoria de su esposa e hijos en la lápida del cementerio de Casillas de Flores, donde está enterrado (Iglesias 2009a). Un expediente de 1979, a instancia de su viuda, con información testifical, corrige la fecha de su muerte y la causa (detención sangrienta en las afueras del pueblo): “el día 13 de agosto de 1936 fue sacado de su domicilio de Casillas de Flores (...) y muerto violentamente [por mano] del hombre” (AMCR, Viudas; RCCdF., act. def. 03/03/80). La fecha del día 8 quizá corresponda a la de un primer intento de detención del que conseguiría librarse provisionalmente, gracias a la ayuda de Ángel Montero Estévez, que a su vez tendría que esconderse en Portugal y sería multado con 50.000 pesetas, de nuevo denunciado en 1941 (C.171/41).

 

Felipe Rastrero Antúnez, de 59 años, hijo de Manuel y Rosaura, sin indicación de profesión, casado con Rosalía González Alfonso, con quien tenía cinco hijos. Falleció “en Casillas de Flores” el día 13 de agosto de 1936, “por motivos de la guerra civil española”, sin indicación del lugar donde fue enterrado, según su tardía acta de defunción  (RCCdF., 29/10/1981, “expediente instado por Dª Celia Rastrero González”). Según testimonios de familiares (CdF 2006), fue víctima de una detención sangrienta en su propio domicilio. Después de un registro, los victimarios le dispararon a las piernas y, cuando se desangraba sin asistencia médica, lo remataron en presencia de su familia (Iglesias 2009a).

 

Antonio Francisco Álvarez Martínez (a) “Portones”, de 36 años, hijo de Manuel e Isabel, jornalero, teniente de alcalde republicano, casado con Julia Moreiro Antúnez, con quien tenía tres hijos menores. Había estado en Francia. Fue detenido por carabineros en presencia de su esposa e hijos. Después de un fugaz paso por la cárcel local (CdF 2009), ingresó en la prisión del partido judicial como “detenido [militar]” a las 20.15 horas del día 30 de julio de 1936. En teoría fue puesto “en libertad” el 8 de octubre; pero de hecho fue objeto de una saca carcelaria (AMCR, Desaparecidos 1936). En un informe policial de 1979 se añade que esta salida en libertad se produjo “en unión de otros que figuran en distinto expediente, sin que conste nada más” (AMCR, Viudas), sin duda en referencia a los vecinos de Fuenteguinaldo también sacados aquel día. Sobre su destino y enterramiento caben diversas conjeturas; el más probable parece la finca de Aldeanueva de Portanobis, término de Castillejo de Martín Viejo. Allí se practicó una exhumación (2010) en la que se hallaron restos de tres víctimas.

 

Antonio Cánovas (o Canovas) Mesa (nat. de Mazarrón, Murcia), de 38 años, hijo de Juan y María de las Mercedes, quizá albañil, presidente de la Sociedad Obrera (STT), casado con Basilisa González Zamarreño, sin constancia exacta de descendencia. Según el acta de defunción tardía, falleció “de muerte violenta” el día 15 de octubre de 1936 en las afueras de Ciudad Rodrigo, sin indicación del lugar de sepultura (RCCR, act. def. 31/01/1981). La documentación de archivo revela que fue detenido el mismo día que Antonio F. Álvarez y, aunque se benefició de una fugaz salida de la cárcel, ambos debieron de compartir los mismos avatares finales de la saca carcelaria y lugar de enterramiento.

 

Timoteo Feliciano Mateos Ríos, de 29 años, hijo de José y Adela, jornalero. Fue detenido el 7 de octubre con los vecinos de Fuenteguinaldo, con quienes ingresó en la prisión del partido judicial y como ellos fue sacado a las 4 horas de la mañana del día siguiente (AMCR, Desaparecidos 1936), siendo asesinado en el camino de Gazapos, cerca del antiguo monasterio de La Caridad. Había estado en Francia, donde tenía un hermano,  Manuel “Penche”, que regresó a España para defender la República (CdF 2007).

 

Manuel Bermejo Hernández (a) “de tio Clico”, de 33 años, hijo de Quirico y Julia, jornalero. Estuvo casado dos veces, primero con María Antonia Palos González (15/11/1926) y después con Manuela Álvarez Lanchas (21/11/1931), prima hermana de Antonio Álvarez, sin que haya constancia de su descendencia (CdF 2008). Sería asesinado en lugar desconocido con posterioridad al 29 de septiembre de 1936, pues en esa fecha el informante Vicente Carballo, que debía haberse incorporado antes al servicio militar y no pudo hacerlo por enfermedad, estuvo cinco días en el hospital de Ciudad Rodrigo y allí coincidió con Manuel “de tio Clico”, que también estaba enfermo. Precisamente allí, los enemigos de Manuel solicitaban apoyos al mencionado informante para su eliminación, a lo que Vicente se negó (CdF 2008).

 

Quirico Bermejo Escamochero (a) “tio Clico” (nat. Villamiel, Cáceres), hijo de Ramón y Ladislaa, jornalero, aunque sembraba una huerta, con la cual habría alimentado a varios hijos que tenía con su esposa Julia Hernández, tres al menos registrados en el libro de bautismos (Archivo diocesano CR). Fue asesinado como su hijo Manuel, pero quizá después de éste y en una detención sangrienta en fecha indeterminada (CdF 2008 y 2009). La detención se habría producido con el engaño habitual en estos casos, solicitando su entrega “porque no le pasaría nada”.

 

Los testimonios orales y escritos hablan de una decena larga de casillanos ejecutados extrajudiciales, con total impunidad de los victimarios, pero de momento solamente se han obtenido datos incompletos sobre algunas de estas presumibles víctimas. En su eliminación habrían participado falangistas de Casillas de Flores, que también actuaron en los asesinatos cometidos en Fuenteguinaldo y en los conatos de Navasfrías. Según rumores, había una copiosa “lista” de elegidos para el sacrificio, que habría aligerado un sargento de la Guardia Civil, por estar casado con una mujer de Casillas y ver en el listado el nombre de un cuñado. Otros se librarían en el viaje macabro porque “las fuerzas” los habrían dejado escapar o, con más probabilidad, los detenidos saldrían con vida del juego de la muerte (“caza del conejo”), que, desde el mes de agosto de 1936, los noveles “falangistas” practicaban en la aplicación criminal de la “Ley de fugas”. Y finalmente, algunos afortunados se salvaron de milagro o por influjo de derechistas pudientes.

 

Entre los de la “lista” figuraba el padre del informante Emilio Hernández (de ocho años entonces), Francisco Hernández, a quien un tal “Gallina” (que se menciona en otras detenciones) “le metió la escopeta en la boca”. Después tuvo que esconderse cerca de la frontera portuguesa con un hermano suyo, llamado Ángel, y dos primos. Emilio les llevaba la comida. Esto sucedió después de que gente amiga condujera en un carro de vacas a la madre y otros tres hijos (el mayor enfermo de meningitis) a las Cuestas de Alberguería de Argañán, adonde todavía fueron a buscar al padre, “cuando estaban trillando”, pero el dueño de la finca se interpuso. Esta persona perseguida acabó de pastor del conde de Montarco (CdF 2006).

 

Muchas dudas han generado los nombres de José Bernal y José Martín. Según unos informantes, José Bernal desapareció y su madre preguntaba por él, hasta que un vecino (G.) le dijo: “No lo busques más, porque lo maté yo” (CdF 2006). Otro informante pone en duda que muriera e incluso llega a afirmar que “era político, pero no lo mataron” y se casó dos veces (CdF 2007-2008,  Iglesias 2009a). No puede excluirse la homonimia parcial o alguna otra circunstancia que lleve a confundir personas. En efecto, otros informantes mencionan a José Martín entre las víctimas mortales del pueblo: “(…) el hijo de una tal María “la Casquella”, la cual insultaba a todos [los represores] porque le habían llevado un hijo” (CdF 2009). Cabe la posibilidad de que los dos apellidos divergentes se refieran a la misma persona: José Bernal Martín, hijo de Valentín y Adelaida, nacido en Casillas de Flores el de 22 de febrero de 1896 y bautizado el 26 siguiente (ADCR).

 

Dudas parecidas envuelven el destino de dos hijos de Felipe Rastrero y Rosalía González: Manuel y José Rastrero González. Según el informante Vicente Carballo, estos hermanos fueron víctimas de una ejecución fallida por falangistas casillanos:

 

“Los sacaron los falangistas (…) y los quedaron como si los hubieran matado. [Manuel y José] consiguieron escapar al monte, donde otro hermano, Jesús, iba con las cabras. José tenía que incorporarse al ejército, y el abuelo, que, a diferencia del padre, era de derechas, medió y se pudo incorporar en Salamanca, no sin encontrarse con un guardia de Casillas (…), que era un cabrón. Estuvo en la guerra y después se apuntó en la División Azul, por miedo de que lo mataran los falangistas, pero hubo otros 18 ó 20 de Casillas que estuvieron en esa División, algunos buscando la vida, e hicieron carrera militar. José Rastrero estuvo después en Francia, pero no tuvo suerte, murió allí, sin que se sepa la causa. Manuel Rastrero, al parecer, estaba en Francia antes del Movimiento” (CdF 2008).

 

Algunas de estas y otras dudas similares se habrían resuelto con una simple consulta del archivo municipal de Casillas de Flores, lo que en su momento no se pudo efectuar a satisfacción, porque era de los que “no estaban catalogados”. Los herederos de la tradición local todavía están a tiempo de procurar otras informaciones, incluidas las referidas a las “víctimas indirectas” de la represión, entre las que se han identificado tres fallecidos:

 

Tomasa Mateos Hernández, muerta en desamparo y por depresión (22/11/38), al estar su marido en el frente de guerra franquista y su madre en la cárcel (C. 1309/38)

Manuel García Peña, muerto en el campo de concentración de Mauthausen (12/02/41) (MCU)

Manuel Álvarez Moreiro, de 17 años, hijo de Antonio F. Álvarez, jornalero. Falleció en extrañas circunstancias relacionadas con la tenencia de armas (29/03/48). Su cadáver apareció en el campo y presentaba herida de arma de fuego.  Oficialmente el hecho fue calificado de “suicidio”, pero a sus familiares no les convenció esta versión, por considerarla inverosímil (CdF 2009).

 

Además de la represión sangrienta, en Casillas de Flores hubo afectados por otras modalidades represivas:

-11 presos o detenidos

- 4 depurados (2 maestras y 2 militares, uno de estos también preso)

- 9 sancionados con multas (5 de ellos también presos).

 

sáb

06

ago

2016

La orden del general Mola (06/08/36) y el modus operandi de los victimarios. Necrologio  de “desconocidos” y forasteros

Al cabo de tres semanas de la sublevación, los represores habían afinado su sistema del terror y, además de la Guardia Civil, sobre todo tenían milicianos fascistas (neo-falangistas principalmente) para llevarlo a cabo. Las detenciones empezaron a ser el preludio inmediato de las ejecuciones extrajudiciales, clandestinas. A la intensificación y extensión de las operaciones asesinas contribuyó el estímulo que supuso una orden del general del Ejército del Norte (06/08/36), el general Mola, que enseguida fueron repercutidas en otras de la 7ª Región. En aquélla se autorizaba a simplificar los trámites de identificación de agentes y pacientes cuando se hallaban cadáveres por heridas de armas de fuego (que solo podían tener las fuerzas rebeldes). Los registros civiles ofrecían como causa hipotética y cínica de las muertes un enfrentamiento de los detenidos con las fuerzas militares: “choque combativo”, “choque con fuerza armada”, “resistencia a fuerza armada”, etc., fórmulas sugeridas por la propia autoridad militar, en relación con los bandos de julio. En la terminología represiva con dichos términos se alude a la manipulación alevosa de la Ley de fugas (20/01/1921), en referencia a la posibilidad de que las fuerzas del orden tiraran a matar en caso de que el preso intentara fugarse. Con esta estratagema los secuaces golpistas mataban a mansalva, simulando que los presos habían tratado de escapar, un método criminal aplicado en toda la retaguardia franquista. Ya el artículo 2º del bando de guerra del general Saliquet (19/07/36) casi los invitaba a obrar así en la 7ª Región (No precisarán intimidación ni aviso (…) para impedir los intentos de fuga de los detenidos). Los jóvenes victimarios ejecutaban estas operaciones criminales como un juego: “la carrera del galgo, o del conejo” (Preston 2011: 283).

A la eficacia mortífera de este método contribuía la impunidad que los mandos y la jurisdicción militar garantizaban a los victimarios, en cuyo modus operandi se incluían los intercambios de  servicios entre verdugos de unas localidades y de otras, así como el anonimato de los individuos y de las “fuerzas” ejecutoras. Esto era así incluso cuando el asesinato se consumaba a la vista de familiares y vecinos. Pero, de ordinario y con el mismo objetivo de impunidad, las ejecuciones extrajudiciales se perpetraban de noche y en sacas a veces alejadas de las localidades de origen, con lo cual se conseguía que los muertos fueran real o supuestamente considerados “desconocidos” o forasteros, de modo que se les negaba el duelo a sus familias y a ellos se les infamaba post mortem. Fue una constante a lo largo del verano y otoño sangrientos de 1936.

Sin entrar en detalles (para lo cual se remite a los necrologios locales), aquí se avanza el necrologio de los “desconocidos” y forasteros mencionados en los registros civiles y los testimonios, ordenados por localidades y fechas del hallazgo de los cadáveres. Esto permite tener una idea de la geografía del terror: los mataderos y fosas (Iglesias 2016: 297, mapa). El objetivo adicional aquí es completar los datos insuficientes con las aportaciones que eventuales lectores puedan ofrecer:

 angel.iglesias@wanadoo.fr

 

N.B. Los correos no firmados no serán leídos

 

 

Alberca (La) (cf. necrologio del día 12 de agosto)

 

¿6 de agosto? Cadáver de un Desconocido, en la carretera de La Alberca a Sotoserrano (Hernández 2004: 292)

12 de agosto, hallazgo de tres cadáveres de desconocidos muertos por arma de fuego  en el regato de las Marquesas y enterrados en el cementerio local de La Somada (RCLA), posteriormente identificados dos de ellos como matrimonio, vecinos de Molinillo, y el tercero vecino de Béjar  (ASMJ):

Desconocida, identificada: Sinforosa López Gómez, casada  con el siguiente

Desconocido, también identificado: Santiago López. Dos hijos de este matrimonio también fueron asesinados: Dionisio y Santiago López López. Un claro ejemplo de exterminio familiar, habitual en la retaguardia franquista, bien comprobado en la provincia de Salamanca.

Desconocido, identificado: Rufino Posidonios De La Rúa Cortés.

 

Bocacara

 

8 de agosto. Hallazgo de 2 cadáveres de hombres desconocidos en el término de Bocacara (ASMJ, act. def. 08/08/36). Uno de ellos sería el de José Hernández Lamas, vecino de Aldea del Obispo, pero la fecha del día 8 de agosto podría ser errónea, pues la misma ASMJ señala su acta de defunción el día 22/08/36. A falta de comprobación, su identidad socio-profesional se ofrece en el necrologio de Aldea del Obispo (día 21 de agosto).

En el otoño los ejecutores fascistas abandonaron otros cadáveres, entre ellos de vecinos de La Fuente de San Esteban, en la “Cuesta de los Muertos”, a unas centenas de metros a la izquierda de la carretera que, a la altura de Valdecarpinteros, sale de la N-620 en dirección a Bocacara.

 

Boadilla

 

13 de agosto. Asesinato y enterramiento en una fosa del cementerio de Cuatro vecinos de Robleda (necrologio de la 1ª tanda, 13 de agosto).

 

Bodón (El)

 

12 de agosto. Además del cadáver de Cipriano Hernández Vegas, vecino Martiago (necrologio, 11 de agosto), se halló otro de un Desconocido: “de unos 35 ó 40 años” de edad, “vestía pantalón de pana, abarcas de goma, camisa clara, calzoncillo blanco, una blusa de percal color amarillo claro y calcetines de algodón blanco”, que falleció en “despoblado”, a consecuencia de “disparos de arma de fuego” y fue enterrado en el cementerio local (act. def. 13/08/36).

26 de agosto. Apareció en el término de El Bodón el cadáver de un Desconocido: “de 30 á 35 años”, “vestía traje de paño azulado con listas, sin chaleco, zapatos negros, camisa de seda blanca con listas, con las iniciales J. V., camiseta de verano de punto de seda y calzoncillo corto con las mismas iniciales y calcetines grises”, que falleció en “despoblado”, por “disparos de arma de fuego”, y fue enterrado en el cementerio local (act. def. 27/08/36). Las iniciales de la vestimenta permitieron su identificación en 1987: José Vicente Martín, de 33 años, hijo José y de Segunda, natural de Salamanca y vecino de Moraleja, donde era médico. Según testimonios recogidos por Julián Chaves, José Vicente primero huyó a Portugal, después volvió y lo tuvieron preso en Coria, de donde lo dejaron volver libre a Moraleja, pero las ejecuciones que se practicaban en este pueblo lo decidieron a marcharse a Salamanca, en compañía de su amigo Julio Valle, maestro sin ejercicio. En la provincia de Salamanca los detuvieron y fueron enviados a Ciudad Rodrigo, donde los responsables de la represión decidirían la muerte de José Vicente, que ejecutarían los falangistas en el término de El Bodón, dejando su cadáver abandonado y sus pertenencias expuestas al pillaje (Iglesias 2008a). Por la Causa 2133/37 se sabe que antes de su ejecución estuvo preso en el cuartel de la Falange en Ciudad Rodrigo (ubicado en el instituto de “Los Sitios”), donde, después de confesarse con el capellán de la cárcel Romualdo Sánchez Iglesias, le confió el dinero que tenía para sufragios por su alma al jefe local y comarcal de Falange, Agustín Calzada, que se quedó con el importe del legado, según se desprende del testimonio del mencionado sacerdote.

31 de agosto. En el mismo término, otro cadáver de  Desconocido, que, según la tradición familiar debía de ser Ángel Ovejero García (necrologio de Robleda, 2ª tanda).

9 de septiembre se registra en fecha tardía (RCEB, t. 19, p. 178, núm. 5/1980, según expediente tramitado por el Juzgado de Hoyos, “a instancia de Dª María Delgado Vidal”) la muerte de Esteban Sánchez Hernández, de 38 años, natural de Trevejo y vecino de Cilleros (Cáceres). Según Julián Chaves, Esteban Sánchez huyó a Portugal con otro perseguido, Donato Silguero, vecinos ambos de Cilleros. La policía lusa entregó al primero a las autoridades españolas y probablemente eliminó a Donato. A Esteban Sánchez decidieron trasladarlo a la cárcel de Ciudad Rodrigo, adonde no llegaría, pues lo asesinarían por el camino con dos vecinos de la provincia de Salamanca  (Iglesias 2008a). Por estos indicios, más bien cabe suponer  que Esteban Sánchez era uno de los tres varones que fueron asesinados en La Jernandilla de Robleda, uno de los cuales, según Cipriano Ovejero, uno de los empleados municipales encargados de recoger los cadáveres, creía recordar que se apellidaba Sancho (infra: Robleda).

Fecha indeterminada. Según testimonios bodoneses, Dos desconocidos aparecieron cadáveres “en la cumbre de Robleda” (EB 2004B). Podrían ser víctimas ya descritas, pero no se puede descartar que se trate de otras dos personas, a las que aluden testimonios de Robleda. Según tio Benito “Chaqueta”, entonces muchacho de unos 15 años, que guardaba ovejas en las proximidades de Vadocarros, una tarde vio llegar dos hombres en caballerías, con alforjas, quizá de vuelta de Ciudad Rodrigo. Los sorprendieron unos falangistas, que los mataron y enterraron en la parte alta de las curvas de Vadocarros (por donde hoy se accede a la presa de Irueña), quedándose con las caballerías y las alforjas (R 2011).

 

Carpio de Azaba

 

11 de agosto. Cadáver de un Desconocido en el sitio del Canto Hincao, dehesa del Manzano, “entre el kilómetro 97 y 98 de la carretera de Ciudad Rodrigo (sic) a La Alberguería”: “una persona en tierra decúbito izquierdo, con la gorra tapándole la cara y que viste pantalón de pana negro en regular uso, chaqueta de dril, claro con rayas, la gorra blanca muy usada, albarcas de goma, en regular uso, trapos rotos de calcetines, de una edad aproximada de 50 años y con un crucifijo pequeño sujeto por una alfiler en la chaqueta del lado izquierdo, pelo negro y afeitado al parecer de tres días. Se le aprecian tres heridas en la cabeza (…) al parecer de arma de fuego, suponiendo sea una víctima del estado actual, por no aparecer señales de lucha, notando solo la sangre propia de las heridas. En un bolsillo tiene 20 ¿céntimos?   (C.463/37: f. 2vº).

Otoño de 1936. Testimonios de El Bodón señalan hallazgos de cadáveres de Varios desconocidos asesinados en el mismo paraje por la época de la recogida de la bellota (Iglesias 2008a).

 

Castillejo de Huebra (Muñoz)

 

9 de agosto. Asesinato de Victorino García Calzada y de Heliodoro Sánchez Moro, vecinos de Retortillo (necrologio, día 25 de julio).

13 de agosto. Asesinato y enterramiento de Tres vecinos de Robleda en una fosa del campo en esta finca, propiedad de los Sánchez Cobaleda, destinada a la cría de ganado bravío (necrologio de la 1ª tanda, 13 de agosto).

Fecha indeterminada del verano/otoño de 1936. Según testimonio de Isidro Sánchez, en la parte derecha  de la carretera de Salamanca a Ciudad Rodrigo (en dirección a Salamanca), en una cuneta de la “Curva de los muertos”, subida la cuesta de Castillejo de Huebra, aparecieron Dos cadáveres, que “eran de la parte de Ciudad Rodrigo”.

 

Castillejo de Martín Viejo

 

11 de agosto. Los cadáveres de Cuatro vecinos de Ciudad Rodrigo, inicialmente presentados como casi Desconocidos, fueron hallados flotando en las aguas del río Águeda, junto al puente de acceso a Serranillo del cual presumiblemente habían sido arrojados (necrologio de Ciudad Rodrigo del 9 al 11 de agosto).

24 de agosto. Cadáveres de Dos desconocidos hallados sobre el puente del río Águeda (Siega Verde), uno de ellos quizá de Cilleros, según documentos hallados en su vestimenta, fallecidos a causa de disparos de arma de fuego y enterrados en el cementerio municipal (act. def. 26/08/36, ASMJ).

2 de septiembre. Cadáver de un Desconocido, sin identificación nominal, pero apodado “El Confitero”, hallado en el sitio de “Alza Pierna”, fallecido por disparos de arma de fuego y enterrado en el cementerio municipal (act. def. 26/08/36, ASMJ).

 Fecha incierta de 1936. Los testimonios señalan que un Pastor desconocido fue arrojado desde el mismo puente (E 2015).

 

Coria (Cáceres)

 

Fecha imprecisa del verano/otoño de 1936. Un tal Marcelino, vecino de El Payo, fue asesinado cerca de esta población extremeña (EP 2007).

 

Ciudad Rodrigo

 

15 de agosto de 1936. Apareció cadáver en Ciudad Rodrigo, por herida de arma de fuego, Dámaso Robledo Sánchez, de 48 años, natural de Villares de Yeltes y vecino de Tenebrón, hijo de José y Calixta, ganadero, casado con Avelina Martín Encinas, padre de cinco hijos; enterrado en el cementerio de Ciudad Rodrigo (act. def. 28/05/43, ASMJ).

29 o 30 de noviembre. Hallazgo de los cadáveres de Dos desconocidos en el río Águeda, cerca de La Caridad, según el acta del juez (30/11/36, Sumario 92, act. def. 02/12/36), ASMJ, que no menciona heridas por arma de fuego).

Ver necrologio del día 11 para otros hallazgos de cadáveres.

Encina (La)

 

28 de agosto. En el domicilio del falangista Frutos Cortés falleció Blas Chaves Abola, “de 4 años y m[edio], natural de la casa cuna de Ciudad Rodrigo, de padres desconocidos”, a consecuencia de lo que piadosamente hay que considerar accidente por “un disparo de armas de fuego”, armas de las que disponían los falangistas de este pueblo y de las que habían hecho uso en Robleda el 13 de agosto (Iglesias 2008a: 139).

 

Fuente de San Esteban (La)

 

16 de agosto. Asesinato de Feliciano Galán Rodríguez, vecino de El Bodón (necrologio, día 9 de agosto).

 

Fuenteguinaldo

 

27 de agosto. Cadáver de una Persona Desconocida. Según el acta de defunción (RCFG, act. def. 27/08/1936), se trataba de un varón, de 25 a 30 años, hallado en el paraje de Vadocarros, “encontrándose el cadáver en posición de cúbito supino y vestía camisa blanca listada, calzoncillos blancos, calcetines de algodón color café, americana de paño azul listado, pantalón de paño color café con lista blanca, cinturón blanco y negro con dos argollas, alpargatas abiertas, piso de goma, color blanco y planta negra de material”. El informe médico señalaba que tenía dos heridas de arma de fuego, “una en el tórax y otra en cerebro”  (Iglesias 2008a).

22 de septiembre. Dos personas desconocidas, cuyos cadáveres también se hallaron en el sitio de Vadocarros, ambos sin duda abatidos por armas de fuego, aunque esta circunstancia está tachada en las actas de defunción. Una de ellas, varón de 30 a 35 años, “que vestía: camisa clara listada, calzoncillos blancos, calcetines de algodón color amarillo, alpargatas azul claro con piso de cáñamo, pantalón de pana color café rayada, americana de dril azul oscuro con lista blanca”, fallecido “a consecuencia de (borrado)” y enterrado en el cementerio de Fuenteguinaldo (RCFG, act. def. 22/09/36). Su identidad podría corresponder a la de Teodosio Salcedo Marín, víctima cacereña (Iglesias 2008a). El apellido de Salcedo aparece en el reverso de una de las cartas que se hallan en la americana del otro cadáver. Este era un varón de 30 a 32 años, “que vestía camisa clara listada, calzoncillos blancos, sin calcetines, alpargatas color café con piso de goma, pantalón de pana rayada color café, chaleco de pana café claro rayada, americana de dril imitación paño, azul claro listada, y gorra bilbaína azul, hallándosele documentos a nombre de Gervasio Mora y una cartera de piel y una fotografía en grupo” (RCFG, act. def. 22/09/1936). De estos documentos se deduce que en 1927 Gervasio cumplía el servicio militar en Ceuta, y por estar enfermo, el Coronel le concede “dos meses de licencia” para que marche a Allo (por Hoyos), en la provincia de Cáceres. Entre 1934 y 1936 vivía en Hoyos, donde era guarda municipal y quizá tuviera allí un hermano llamado Vicente, además de la madre. Por esos años se casaría (tal vez con Ana María Guerrero Collado, de Peñaparda) y tendría un hijo, según se deduce de las cartas que le escribe su hermano Gabino, que reside en Pauillac, departemento de la Gironde (Francia), casado con Ángela Gómez. En la 1ª carta se queja a un tal Jacinto de que su hermano no le escriba para decirle si “está de guarda todavía” y “si se ha casado”, y le transmite las señas para que lo haga: Monseur Gavino Mora, Chateau Pontet Canet, Gironde, Francia (Sum. 180/36: f. 4), que en otra carta corrige y completa. En la segunda, dirigida directamente a Gervasio, le pide a éste que le escriba porque está esperando, no se sabe bien, si las noticias o la persona del hermano: (…) por saber de ti ni contestación ni tu porque yo te estoi esperando i tu no llega (Sum.180/36: f. 6). En la tercera Gabino desea a su hermano Gervasio salud, así como a su esposa e hijo, y se excusa de su tardanza en escribir por estar dudando entre irse o quedarse, porque ya no gana tanto “como antes”. Y la última carta lleva fecha de 8 de abril de 1936, está dirigida conjuntamente a la madre y al hermano, aunque focalizada en la primera, en la que se refiere al envío a Gervasio de un retrato y un paquete de simiente, requiriendo a continuación noticias sobre la nueva situación en el pueblo, porque hasta en Francia “se suena” que hay cambios importantes, además de la composición de la corporación municipal, pues “le quitan las fincas a los ricos y se las dan a los pobres”. Queda la duda de si el retrato aludido es o no el mismo que llevaba una de las personas asesinadas en Vadocarros, casi con seguridad Gervasio Mora. Así pues, la identidad de esta víctima no ofrece muchas dudas, y de ello se deduce que son erróneos la fecha y el lugar del asesinato, 15 de agosto de 1936 y término de Perales del Puerto, que, respectivamente, consigna el acta de defunción de 04/02/1981 del registro civil de Perales del Puerto. El primer error ya lo había observado J. Chaves (2008), quien señala que Gervasio Mora Mangas era guarda municipal de Hoyos y se fugó, como Teodosio Salcedo Marín, presidente de la Casa del Pueblo, cuando los facciosos se apoderaron de la localidad. Gervasio Mora fue detenido a mediados de septiembre en el término de Villamiel y Teodosio Salcedo en una finca de Hoyos, de cuya cárcel los sacaron, para ser fusilados, junto con dos vecinos de Perales del Puerto, Pedro Velo Mangas (ver infra, Peñaparda) y Claudio Sánchez Gil.

Fecha indeterminada. Dos personas desconocidas, cuyos cadáveres habrían sido depositados junto al cementerio y enterrados en “la perrera” (cementerio civil), según el testimonio reciente de J. Vicente Iglesias (FG 2010), pero todavía no confirmado por otras fuentes.

 

Gallegos de Argañán

 

18 de agosto. Junto al puente de la rivera de Azaba apareció el cadáver de Benito González Gómez (a) “El Pernales”, inicialmente presentado como casi Desconocido, “de 45 a 50 años de edad”, domiciliado en Ciudad Rodrigo, de profesión limpiabotas, “color moreno, frente regular, pelo castaño, con canas, entradas pronunciadas, con inutilidad en el brazo derecho”, que “falleció en este término municipal, a consecuencia de heridas de arma de fuego (una en la cabeza y dos en el pecho)”, y su cadáver recibió sepultura en el cementerio de este pueblo  (C.264/37). La diligencia de identificación del cadáver describe éste con detalle (se le aprecia la inutilidad del antebrazo derecho), así como la vestimenta, un atado de ropa limpia y 400 pts., de lo que parece deducirse que esta víctima quizá estaría tratando de evadirse a Portugal. En 1937 el Jefe de Investigación y Vigilancia de Ciudad Rodrigo facilita la identificación nominal de la víctima, “de 42 años, soltero, natural u oriundo de Béjar”, donde tenía una hermana (C. 264/37: f. 16).

 

Maíllo (El)

 

17 de agosto. Hallazgo en “Las Datas” de los cadáveres de Tres desconocidos, al parecer vecinos de Mogarraz (croniquilla del día 5 de agosto, necrologio del próximo día 17)

 

Martín de Yeltes

 

9 de agosto. Cadáveres de Dos Desconocidos, hallados entre los kilómetros 62 y 63 de la carretera de Salamanca a Ciudad Rodrigo, uno de los cuales sería Ángel Acosta y el otro Agustín Pino, vecinos de El Bodón (necrologio de la primera tanda, 9 de agosto).

 

Navasfrías

 

Fecha desconocida de 1936. En el monte de El Picotu apareció el cadáver de un Desconocido, víctima de saca domiciliaria o carcelaria (N 2007, Iglesias 2008a).

 

El Payo (necrologio, 7 de septiembre)

 

7 de septiembre. Apareció cadáver en la calle Carlos Alaejos Sanz, “por disparos de arma de fuego” (act. def. 08/09/36).

 10 de septiembre. En Los Carvajales se encontró el cadáver de un Desconocido, a consecuencia de “dos disparos por choque con la fuerza pública”, víctima de una saca domiciliaria o carcelaria (Iglesias 2008a).

Verano/otoño de 1936. Asesinatos y enterramientos clandestinos de Decenas de desconocidos en la finca de Los Carvajales, entre ellos la legendaria “Maestra de Acebo” o “de El Payo” y varios vecinos de este pueblo (Iglesias 2008a).

 

Peñaparda

 

22 de agosto.  Desconocido, “como de unos 32 a 34 años aproximadamente, que vestía pantalón de paño negro, chaqueta dril rayada, botas de material cuero negras, pelo negro, estatura regular y delgado sin señas particulares que se puedan apreciar, falleció en la carretera de Ciudad Rodrigo al Puente de Guadancil”, a consecuencia de “heridas de arma de fuego” y fue enterrado en el cementerio de Peñaparda (act. def. 22/08/36). Podría ser “el cadáver del Cruce”, entre Perosín y Peñaparda, aludido en El Payo (EP 1973). Quizá sería el muchacho moribundo que pedía agua y fue escuchado de la informante Petra Lozano, adolescente que cuidaba cabras, quien, no teniendo recipiente, le calmó la sed con el mandil empapado en el regato cercano, antes de que “el tio Mariano” y “el tio Julianón” lo remataran (P 2008, Iglesias 2008a). Pero también podría tratarse de Pedro Velo Mangas o de algún otro, pues parece confirmarse que en esta zona hubo otro punto fatídico, el Km. 79 de la carretera del Puente de Guadancil a Ciudad Rodrigo, en el que al menos aparecieron Tres cadáveres de desconocidos, entre ellos este de un hombre “delgadito” que según, el informe pericial del médico Esteban Martín Herrero, “presentaba herida[s] por arma de fuego, una a tres dedos de la tetilla izquierda, otra en el hipocondrio izquierdo y otra en la cara”. En la estadística criminal de guerra este homicidio se clasifica como “delito de asesinato” (C.231/37).

4 de septiembre. Los cadáveres de Dos desconocidos se hallaron en “El Gatuñal”, junto a la carretera, muertos a consecuencia de heridas por armas de fuego y enterrados en el cementerio municipal (RCP, C.230/37, act. def. 04/09/36, Iglesias 2008a). Uno de ellos, “bajo”, ha sido identificado como Juan Ovejero García en la tradición familiar (necrologio de Robleda, 3ª tanda). La otra víctima es descrita “como de unos cincuenta años aproximadamente, que vestía pantalón de pana, color café, chaqueta de dril clara y alpargatas negras con piso de goma; estatura regular y barba bastante crecida” Las muertes de ambos en la estadística criminal de guerra se clasifican como “delito de asesinato” (C.230/37).

10 de septiembre. Se registran las muertes en Perosín de Dos desconocidos, hallados cadáveres (Iglesias 2008a).  Uno de ellos ha sido identificado como Pedro Velo Mangas, que había sido alcalde republicano de Perales del Puerto; el otro podría ser Claudio Sánchez Gil, teniente de alcalde del mismo municipio. Al parecer fueron sacados con otras dos víctimas cacereñas (supra, Fuenteguinaldo).

31 de octubre. Cadáver de una “Desconocida Hembra”, “de treinta a treinta y cinco años de edad aproximadamente, alta, gruesa, vestía bata negra, mantón negro, medias negras, y alpargatas pelotares encarnadas con piso de goma, pañuelo negro por la cabeza, y un poco picada de viruela”; falleció a consecuencia de “heridas de arma de fuego” y fue enterrada en el cementerio de Peñaparda (RCP, act. def. 01/11/1936). Jesús Carlos Arroyo (2012) identifica a esta desconocida con María Herrero (o Herrera), apodada “La Ratona”, cuya familia había albergado a Máximo Calvo, un notable local. Estuvo detenida en la cárcel de Hoyos, de donde salió el 30 de octubre de 1936; no se volvió a saber nada de ella. Por la fecha esta identidad  podría corresponder a la de “la desconocida”. J. Chaves la menciona en su libro sobre la “Represión en Cáceres”.

 

Robleda (necrologios, día 13, final de agosto y 6 de septiembre)

 

¿21 de agosto? Según testimonios de Robleda, en fecha indeterminada del verano un Desconocido fue hallado moribundo por unos muchachos y rematado a estacazos por fascistas o empleados del ayuntamiento en un camino aledaño de Los Palus Cruzáus. Podría tratarse de Ignacio Sierra Borrego, de 36 años, natural y vecino de Ciudad Rodrigo, hijo de Antonio y Ramona, albañil, casado con Mª Encarnación Sánchez Pérez, padre de una niña póstuma. Según un informe policial de Ciudad Rodrigo en 1979: “(...) se sabe que fue detenido el 20 de agosto de 1936 por una pareja de la Guardia Civil en el pueblo de Navasfrías y, en su traslado a Ciudad Rodrigo, el día 21 fue ejecutado en la cuneta de la carretera en el término municipal de Robleda y posteriormente en unión de otros más trasladado al Cementerio Municipal de esta Ciudad, donde fue enterrado en una fosa común” (AMCR, Viudas). Lo más probable es que el Desconocido del que se tienen noticias por Desiderio Sánchez  (R 2005) e Ignacio Sierra sean dos víctimas diferentes. Los datos apuntados sobre Ignacio no coinciden en su totalidad con los escasas circunstancias que se consignan en el acta posterior de defunción (RCCR, 06/04/49), según la cual habría sido asesinado en el término de Ciudad Rodrigo.

22 de agosto. Un Desconocido, “hallado muerto (…) al sitio del “Empalme”, a consecuencia de “disparos de armas de fuego”, enterrado en el cementerio de Robleda (def. 22/08/36, Iglesias 2008a).

Fecha incierta de agosto o septiembre de 1936, durante las faenas de recolección: Tres Desconocidos. Por encargo de las autoridades locales, Cipriano Ovejero, Francisco Sánchez y otros empleados tuvieron que ir a recoger tres cadáveres de personas asesinadas de Villamiel (Cáceres), tirados en una cuneta del sitio de La Jernandilla, a unos tres kilómetros en la carretera de Robleda a Ciudad Rodrigo, y llevarlos al cementerio. No hay constancia en el registro civil. El testigo cree recordar el nombre de uno de los muertos, por tener cédula, Félix Sancho, y por el parecido deduce que eran “un padre y dos hijos”. Y añade que otro vecino, requerido para el mismo trabajo, se quedó como trofeo con el sombrero de uno de los muertos (R 2003). Otra informante, de 12 años entonces,  vio pasar por la puerta de su casa tres cadáveres, que llevaban calcetines de color rosa, y serían un padre, un hijo y el suegro de éste, quizá naturales de San Martín de Trevejo (R 2011).

2 de septiembre. Cadáver de un Desconocido, como de 20 años de edad”, enterrado en el cementerio de Robleda, identificado como Julián Ovejero García, vecino del pueblo muerto en detención sangrienta (necrologio de la 3ª tanda, 6 de septiembre).

6 de septiembre. Cadáver de un Desconocido, “como de unos 50 años de edad”, enterrado en el cementerio de Robleda, identificado como Fermín Mateos Carballo García, vecino del pueblo muerto en detención sangrienta  (necrologio de la 3ª tanda, 6 de septiembre).

¿9 de septiembre? Cadáver de un Desconocido, como de unos 40 años de edad”, enterrado en el cementerio de Robleda, cuya identidad sería la de Félix Hueso Pascual, vecino de Peñaparda  (necrologio de Peñaparda en septiembre)

 

Saelices el Chico

 

7 de agosto. Aquilino Mateos Blanco y Santiago Sánchez Peinado aparecieron cadáveres en la dehesa de Majuelos (croniquilla y necrologio, día 8 de agosto).

 

Sancti-Spíritus

 

5 de septiembre. Segundo Mateos Baz, vecino de Robleda, asesinado y enterrado en esta localidad (necrologio de Robleda, 2ª tanda), donde se ubica la finca de Fuenterroble, donde testimonios de 1991 señalan enterramientos clandestinos en 1936.

 

Torrejoncillo (Cáceres)

 

26 de agosto. Asesinato de Valentín Caballero Devesa, natural de Navasfrías, detenido hacia el día 20 en Moraleja (Cáceres), de donde era vecino (necrologio de Navasfrías).

 

Valdespino de Abajo (Ciudad Rodrigo)

 

Quizá a mediados de agosto. Feliciano Fabián Gonzalo Porras, vecino de Agallas, sacado para Valdespino de Abajo (necrologio, día 14 de agosto).

 

Valdespino de Arriba (La Encina)

 

En torno al 20-25 de agosto. Según testimonios orales, se produjo la ejecución extrajudicial en Valdespino de Abajo de un vecino de La Herguijuela de Ciudad Rodrigo: Simón Barbero Merino (LHCR 2008a-b), de 38 años, hijo de Patricio y María, jornalero, casado con Florencia Aparicio Merino; tenía un niño y criaba dos hospicianos, o “pilongos”. Cuando lo detuvieron estaba trabajando en la carretera de El Sahugo a Descargamaría (Cáceres), en el paraje de La Malena. En su detención participaron falangistas de ambos pueblos, los de El Sahugo conocidos del informante Juan Iglesias (R 1973, R 1976). Los de Descargamaría también se llevaron preso a un tal Agapito, quien se escapó de la cárcel, huyó a Portugal y posteriormente volvió, antes de emigrar a San Sebastián (R 1973, R 1976). Según otros informantes, también participaron en la detención de Simón Barbero “los Cencerreros de Ciudad Rodrigo”, que lo llevaron al matadero de Valdespino [¿de Arriba?], donde lo enterraron primeramente con otros cuatro o cinco en una fosa (“entonces se veían las piedras cuando se iba a la Ciudad”). Su hija adoptiva Josefa habría conseguido que el cura del Carpio de Azaba hiciera gestiones para que el cadáver de Simón recibiera sepultura en el cementerio de este pueblo, lo que está sin comprobar (Iglesias 2008a).

 

Villar de Ciervo

 

31 de agosto. Un Desconocido hallado cadáver en el sitio de “Rodera de los Vivales”, por disparos de arma de fuego, enterrado en el cementerio local (act. def. 31//08/36, ASMJ).

 

Zamarra

 

 

2 de septiembre. “Entre el kilómetro 6 y 7 de la carretera de Ciudad Rodrigo en la unión de las dos Serradillas” se hallaron dos cadáveres, considerados de Desconocidos forasteros, enterrados en el cementerio municipal, según el acta de defunción (04/09/36, Sum./36). Uno era el de Sebastián Mateos (necrologio de Robleda, 3ª tanda) y el otro llevaba documentos a nombre de Ángel González Gorjón: “de 32 años aproximadamente”, probablemente natural y vecino de Ciudad Rodrigo, “hijo de Primo y María”, sin constancia de profesión, domicilio y estado civil. Así pues, la identidad de Ángel González se dedujo de los documentos que se hallaron en su vestimenta y pertenencias, entre ellas un portamonedas sin dinero, quizá robado por los victimarios. El informe del médico local, Francisco Domínguez señala que la víctima, además de faltarle los dedos meñique y anular de la mano derecha, quizá amputados con anterioridad (lo que explicaría que Ángel hubiera sido excluido totalmente del servicio militar el 22 de mayo de 1924) ha sido objeto un bárbaro ensañamiento: (…) este individuo ha muerto a consecuencia de diversas heridas por disparos de arma de fuego, habiéndole yo apreciado las siguientes: una con orificio de entrada en la nuca y salida en la región occipital derecha con esquirlas, otra herida cuyo orificio de entrada está situado en el cuello en un corte posterior y el de salida en la región parietal derecha en el que también aparecen esquirlas, otra herida con orificio de entrada en el hombro izquierdo y en cara superior teniendo el orificio de salida en la región escapular del mismo lado, otra herida con el orificio de entrada en la parte anterior del abdomen a cuatro centímetros del ombligo, otra cuyo orificio de entrada está en la raíz del pene y el de salida en la región glútea izquierda, presentando también una perforación por disparo en la muñeca izquierda. El número y consideración de las lesiones explican la causa de su muerte. (Sum.167/36: f. 6-7). Casi con seguridad se puede deducir que su asesinato se había producido previamente y en el término de Ciudad Rodrigo, dado que el cadáver de Ángel González, según el informe médico, presentaba cinco heridas de arma de fuego y el del Desconocido dos y en el lugar donde yacían ambos sólo se hallaron dos casquillos de bala, uno de ellos “sin disparar”. Por otros testimonios posteriores de las mismas diligencias, se comprobaron las idas y venidas de dos vehículos procedentes de Ciudad Rodrigo, que dieron la vuelta en la unión de las carreteras de las dos Serradillas. Primero llegó y volvió una camioneta y después otro vehículo más pequeño. El juez municipal de Zamarra y el juez de instrucción de Ciudad Rodrigo, Fausto Sánchez, se escudaron en las triquiñuelas de la justicia militar, para no hacer pesquisa alguna sobre la identidad de los conductores y ocupante de dichos vehículos.

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vie

05

ago

2016

Croniquilla del verano y otoño sangriento de 1936. La tercera serie de detenciones. La actividad de los comandos represivos en Mogarraz y La Alberca

Los comandos represivos siguieron actuando en la primera semana de agosto. A partir del día 6 las patrullas de milicianos eran más numerosas y visibles por todas partes, pero su protagonismo en las operaciones macabras durante todo el mes fue controlado por suboficiales y números de la Guardia Civil o de Carabineros. En la Sierra de Francia los registros domiciliarios y detenciones fueron dirigidos por los sargentos Juan Vázquez Rodríguez y José López Martín, jefes respectivos de los puestos de la Guardia Civil en Miranda del Castañar y La Alberca. Las operaciones partieron de la Comandancia de Salamanca, donde estaban concentradas las fuerzas de los puestos de La Alberca y quizá de Cepeda. El día 5, festividad patronal de la Virgen de las Nieves en Mogarraz, se presentó una de estas patrullas mixtas y detuvo a dos vecinos que fueron sacados para El Robledo, término de La Herguijuela de la Sierra, donde fueron tiroteados, pero no muertos. Uno de ellos, Norberto Herrera, juez del juzgado municipal, resultó herido en una pierna (Dil.Mog/36); el otro salió ileso. Su identidad se conoce por el testimonio de E. Puerto: Zacarías Maíllo Criado (Hernández 2004: 292). Norberto fue repetidamente denunciado, unas veces por separado y otras junto con otros vecinos mogarreños. En consecuencia fue procesado varias veces por la vía militar y, sin ser condenado nunca, estuvo arbitrariamente detenido en prisión unos diez años, parte de ellos en el campo de concentración de Santa Espina (Valladolid).

 

Según el testimonio de E. Puerto, el mismo 5 de agosto fueron detenidos otros vecinos de Mogarraz, que, incluidos Norberto y Zacarías, habrían sumado un total de seis. Tres de ellos, Alfonso Hernández, Manuel Barrado y Atanasio Regaña, fueron llevados juntos al matadero, con previo paso por la cárcel de La Alberca. Pero es probable que haya confusión de fecha (entre la Virgen de las Nieves, 5 de agosto, y la Asunción de la Virgen, el día 15), pues seguramente su identidad corresponde a la de los tres cadáveres de desconocidos mogarreños, hallados el 17 de agosto en el sitio de Las Datas (El Maíllo), junto al camino de El Casarito (ver croniquilla prevista para el próximo día 17). De las operaciones de Mogarraz se encargó el mencionado sargento (GC) Juan Vázquez y en las de  La Alberca participaron este suboficial y el también citado sargento López, que informó sobre las personas que había detenido e interrogado en su ida y vuelta a La Alberca, entre el 5 y el 7 de agosto de 1936, hasta su regreso a Salamanca, llevando presos a 5 vecinos y dejando en arresto domiciliario a otro que estaba enfermo y sería sacado poco después: Baldomero Calama (ver croniquilla del próximo día 12). 

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lun

01

ago

2016

CARTA ABIERTA A LAS AUTORIDADES CIVIL Y ECLESIÁSTICA DE ROBLEDA, ASÍ COMO A LOS VECINOS ROBLEDANOS SOBRE EL HOMENAJE PREVISTO EL  PRÓXIMO DÍA 6 DE AGOSTO

A LAS VÍCTIMAS LOCALES Y FORASTERAS ENTERRADAS EN EL CEMENTERIO, CUANDO SE CUMPLEN 80 AÑOS DE SU ASESINATO

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dom

31

jul

2016

Croniquilla del verano y otoño sangriento de 1936. Las multas impuestas en Villar de Ciervo, Robleda y otras localidades ( 31/07/2016)

La sanción económica (imposición y cobro de multas, embargos, requisas y robos) era una forma casi benigna de violencia contra los republicanos en comparación con la eliminación física, la cárcel y los trabajos forzados. Por ello ha dejado menos huella en la memoria colectiva, a no ser las terroríficas multas impuestas por el capitán general de la 7ª Región a varios vecinos de Fuenteguinaldo en 1937. En la práctica el terror del Nuevo Estado manejaba todas esas formas represivas al mismo tiempo y, en concreto, la sanción económica y los asesinatos se imbrican y resultan complementarios a lo largo del período sangriento de 1936, pero las extorsiones empezaron antes que las ejecuciones extrajudiciales sistemáticas (segunda semana de agosto). El día 31 de julio los extorsionadores fascistas se presentaron en Villar de Ciervo (donde oficialmente se ha comprobado la recogida de 1.350 pesetas, pero los testimonios aludían a 15.000 pts.) y el 1º de agosto en Robleda. Más tarde, el día 11 de agosto visitaron Puebla de Azaba, el día 14 La Fuente de San Esteban y el 19 Alberguería de Argañán; pero sin duda hubo otras visitas menos documentadas. Estas razias eran transversales y los extorsionadores foráneos, como el alférez Ernesto Bravo y el sargento Juan Vázquez (GC), recorrían amplios territorios y convergían a veces en sus objetivos, como Vilvestre, pueblo ribereño visitado repetidas veces.

El modus operandi de estas exacciones violentas responde a las consignas y cautelas de opacidad previstas por los mandos militares (Mola, sobre todo) para las actividades terroristas del Nuevo Estado: tirar la piedra y esconder la mano. Como los agentes de la represión eran sabedores de que no tenían autoridad para imponer multas copiosas, coaccionaban a las autoridades locales (que también habían sido nombradas ilegalmente por militares rebeldes) para que convocaran a los vecinos denunciados y les impusieran la sanción que ellos se llevaban. Así pensaban asegurarse la impunidad, por si el curso de la guerra cambiaba o algún juez instructor o fiscal militar se ponía pesado en caso de denuncia por parte de los extorsionados, lo que éstos hacían rara vez, pues el auditor de guerra podía proponer una segunda sanción, como sucedió en Vilvestre.

En poco tiempo el método se fue haciendo cada vez más expeditivo. Al principio, la recaudación se efectuaba por sus pasos contados. Primero los “recaudadores” imponían la sanción a los izquierdistas señalados por sus colaboradores locales y en una segunda visita exigían el pago, utilizando como argumento persuasorio malos tratos y amenazas o, con una eficacia mucho mayor, recordando las eliminaciones ya efectuadas con los sacados de la propia localidad o alguna otra vecina. Los jefes comarcales pronto se cansaron de este lento protocolo e impusieron la sanción y el pago dentro de un plazo muy limitado en una sola visita, bajo amenazas de muerte o de aumento de la cuantía. Si la operación no les parecía bastante lucrativa, para otras visitas, recurrían a subalternos locales, que ellos mismos o los jefes superiores habían nombrado. Parte de las multas de septiembre en Puebla de Azaba fueron cobradas por el jefe de Falange de Fuenteguinaldo, Ezequías Hernández, y por falangistas de Casillas de Flores; y en La Fuente de San Esteban actuaron subalternos de Ciudad Rodrigo (C.2133/37). Algunos de estos jefecillos, engreídos y ya sintiéndose impunes, aventajaron a sus maestros en osadía, como Julio del Corral en Robleda y Félix Rodríguez en Peñaparda, que, sin contar otros robos, cobraron multas a algunas de sus víctimas antes de mandarlas ejecutar, como hacía el jefe de Falange de la Ciudad.

Todo esto tiene una perfecta ilustración con las aludidas multas impuestas en Robleda el día 1º de agosto, que no todos los multados habrían satisfecho antes del 15 de agosto. Según el testimonio en 1938 del secretario habilitado del juzgado municipal,  Laureano Enrique (“Roque”), después de la caza del hombre el día 13 de agosto de 1936 la represión se prosiguió al día siguiente, 14 de agosto, ahora en forma de multas a 33 vecinos, incluido el declarante. Fueron convocados por el alguacil Joaquín García Mateos para que se presentaran en el pleno de Ayuntamiento, presidido por el alcalde, Rafael Pedraza del Corral, auxiliado por el secretario del mismo, Rogelio del Corral Lozano. Allí se les notificó la cuantía que cada uno debía pagar, la cual en total ascendía a 13.000 ó 13.500 pesetas, que bajo pena de que “les darían el paseo en coche como les había ocurrido a los del día anterior”, les exigieron para las once del día siguiente, 15 de agosto. El método del terror surtió efecto inmediato. Las multas asignadas a cada uno fueron satisfechas, a cambio de un recibo firmado en que los multados reconocían “que voluntariamente donaban aquella cantidad para el Ejército”. Pero hubo tres excepciones de notables locales que no lo hicieron: el médico Víctor Viñuela Herrero, el maestro –que en 1938 sería jefe local de Falange– Gabriel Zato Vicente y el farmacéutico Marciano Delgado García, “todos ellos izquierdistas”, que debían de haber pagado entre 1.500 y 2.000 pesetas, que eran los contertulios habituales y parientes de Rogelio y Julio del Corral. Por esta razón, la cantidad recaudada que a finales de agosto la delegación municipal fue a entregar a la Falange de Ciudad Rodrigo ascendía a 9.050 pts. El declarante, Laureano Enrique, que no tenía constancia del motivo de este trato de favor,  pagó 500 pesetas.

Estos fueron los multados en Robleda en agosto de 1936, según la relación del Ayuntamiento (Iglesias 2016: apéndice I.5):

 Baldomero Campal García, 50 pts.; Miguel Caño Santos, 450 pts.;  Laureano Enrique Aldehuelo, 500 pts.; Félix Gallego Arévalo, 800 pts.;  Fructuoso Gallego Gil, 200 pts.; Antonio García Vegas, 200 pts.; Matías Lozano Pedraza, 50 pts.; Juan Martín Mateos, 50 pts.; Víctor Martín Mateos, 100 pts.; Fermín Mateos Carballo, 150 pts.; José Mateos Carballo, 100 pts.; Juan Mateos Carballo, 50 pts.; Fausto Mateos Mateos, 100 pts.; Sebastián Mateos Mateos, 100 pts.; Benito Mateos Prieto, 25 pts.; Felipe Ovejero Sánchez, 150 pts.; Agapito Pascual Moro, 400 pts.; Agustín Pascual Ovejero, 200 pts.; Francisco Pascual Ovejero, 100 pts.; José Prieto Carballo, 100 pts.; José Prieto Martín, 200 pts.; Pablo Prieto Mateos, 250 pts.; Juan Prieto Sánchez, 100 pts.; Bautista Ramos Alonso, 450 pts.; Félix Sánchez Carballo, 50 pts.; Francisco Sánchez Carballo, 700 pts.; Francisco Sánchez Mateos (menor), 50 pts.; Sabino Sánchez Ovejero, 75 pts.; Antonio Vicente Mateos, 50 pts.; Manuel Vicente Mateos, 250 pts.; Eduardo Villoria García, 3.000 pts. (C.2133/37: 535).

 

 

Como los registros y las detenciones, la imposición y el cobro de multas, que en el lenguaje represivo oficial se denominaban “donativos”, eran ensayos para “servicios de represión” de mayor calado. Ambas operaciones, como se ha apuntado, requerían la elaboración previa de relaciones nominales de izquierdistas en los ayuntamientos, con frecuencia bastante extensas, que después constituían la base de las famosas “listas negras” de republicanos elegidos para el sacrificio. En los listados de Robleda se aprecia que, entre la veintena de víctimas mortales, figuran cinco personas que habían sido multadas el 1º de agosto con otros izquierdistas por coacción de Ernesto Bravo y J. Agustín Calzada sobre el alcalde y los gestores facciosos: los hermanos Fermín, José y Juan Mateos Carballo, Sebastián Mateos Mateos y José Prieto Martín. No se debe excluir que las multas que habían sido impuestas a estas víctimas fueran pagadas por sus viudas.

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dom

24

jul

2016

[Croniquilla dedicada a todas las personas que asistieron a la presentación de La represión franquista en el sudoeste de Salamanca (1936-1948)

[Croniquilla dedicada a todas las personas que  asistieron a la presentación de La represión franquista en el sudoeste de Salamanca (1936-1948): alcaldes, concejales y responsables políticos de la Ciudad y su Comarca, compañeros del Centro de Estudios Mirobrigenses y su secretaria Socorro Uribe Malmierca, familiares y vecinos de víctimas, suscriptores y otras personas interesadas por la memoria histórica, algunas llegadas de lejos. De un modo u otro, con su presencia, contribuyeron a un inesperado y estimulante éxito de público, que es complementario de la extensa implicación de mirobrigenses y foráneos en la publicación del libro, cuyos ejemplares, por otro lado, están casi todos vendidos. Dedicatoria agradecida para la prensa digital local y las páginas web del CEM y de Farinatos por la Memoria, que difunden nuestras croniquillas y necrologios].

 

La segunda serie de razias de guardias y milicianos fascistas se centraron en los últimos días de julio contra pueblos que, a imagen de la Ciudad, se habían señalado por sus manifestaciones hostiles al Movimiento: Retortillo, El Bodón, Villar de Ciervo, Robleda y de nuevo Ciudad Rodrigo. Una de las primeras operaciones de los comandos represivos (aludidos el pasado día 21) tuvo lugar en Retortillo. El alcalde republicano Isaías Montero Egido y los concejales se habían negado a entregar el mando municipal a unos individuos fascistas llegados de Vitigudino el día 22. Esto sucedió en el contexto de una huelga que los socios de la Casa del Pueblo (STT) y la agrupación de Socorros Mutuos habían proclamado el día 20 para defender la República. Por ello el día 25 de julio de 1936 (fiesta señera de Santiago, de descanso obligado durante la faenas de la siega) José Vidriales Varas, tres números de la Guardia Civil y cuatro falangistas se presentaron en esta localidad. La Comandancia de Salamanca les había encomendado la misión de efectuar un recorrido con registros, recogida de banderas y detenciones en Muñoz, Martín de Yeltes, Boada y La Fuente de San Esteban. En Retortillo detuvieron a cinco personas que serían sumariados por el procedimiento “de urgencia” en Salamanca, tres hombres y dos mujeres (C.747/36).

A consecuencia de la documentación incautada, estos y otros numerosos vecinos, cargos municipales, sindicalistas y huelguistas fueron procesados entre 1936 y 1937, empezando por el alcalde Isaías Montero, zapatero de profesión, condenado a reclusión perpetua y una sanción de 10.000 pts. (este importe equivalía a la fortuna que por entonces se les calculaba a los labradores “ricos”), juzgado con otros diez (C.878/36). La misma suerte corrieron el concejal Facundo Calderón García y otros seis (C.748/37), así como otros 23 vecinos (C.380/37). Los peor parados fueron tres vecinos que habían huido en la redada del 25 de julio, porque habían oído que a los socios de la Casa del Pueblo los sacaban de la localidad y eran “fusilados por las fuerzas militares y milicias armadas”: Celso Moro, Cristino Bartolomé Martínez y Máximo Muriel. Estuvieron huidos hasta el día 12 de agosto, cuando cayeron en una trampa análoga a los falsos “bandos de perdón” (Espinosa 2006a: 146). Fiándose de la buena disposición, al parecer no fingida, del alcalde militarista, un sargento de Ingenieros retirado, se presentaron en el pueblo, donde fueron detenidos. Los tres fueron procesados, junto con Juan Inés Moro, acusada de haber ocultado entre el estiércol una pistola de su hermano Celso (C.462/36). La joven fue absuelta y los tres varones condenados a muerte en el consejo de guerra (28/09/36) y ejecutados (23/10/36).

En total se ha identificado a más de medio centenar de vecinos represaliados:

-          5 víctimas mortales

-          46 detenidos y presos (informados y procesados)

-          un maestro depurado

-          3 multados (seguramente fueron más numerosos).

 

Las autoridades locales hasta ahora no han dejado constancia de reconocimiento alguno de estas víctimas, ni siquiera de las que fueron asesinadas. Esta es la identificación nominal y socio-profesional del Necrologio republicano de Retortillo:

 

Victorino García Calzada, de 38 años, natural de Boada, hijo de Juan y de Francisca, casado con María del Rosario Sánchez Moro, jornalero; sacado de su domicilio (09/08/36) para Castillejo de Huebra, término de Muñoz, donde fue enterrado fuera del cementerio, en una fosa común, según testimonio de su nieto Victorino García Calderón (ASMJ, inscripción de la defunción fuera de fecha, 26/03/80).

Heliodoro Sánchez Moro, de 25 años, hijo de Julián y de Rosalía, vaquero, vocal de comité de huelga (20/07/36), detenido y preso en Ciudad Rodrigo, aunque no figura en el listado de la cárcel del partido judicial (Desaparecidos 1936). Como su cuñado Victorino García fue de los primeros eliminados clandestinamente (09/08/36), en la misma saca, lugar y demás circunstancias, según testimonio del citado Victorino García, su sobrino nieto (ASMJ).

Cristino Bartolomé Martínez Muriel, de 27 años, hijo de Hermógenes y de Paula, soltero, jornalero, secretario de la Sociedad de Trabajadores de la Tierra (STT), concejal. Huyó a la finca de Pito y Sierro cuando la Guardia Civil y la Falange lo buscaban para llevarlo a Salamanca (25/07/36), fue detenido en Retortillo por los “guardias cívicos”, preso en Vitigudino (12/08/36) y en Salamanca (20/08/36). Un consejo lo condenó a muerte por “adhesión a la rebelión” (28/09/36) y fue ejecutado en el campo de El Marín (23/10/36), siendo enterrado en el cementerio de Salamanca (23/10/36), según la C.462/36.

Celso Moro Hernández, de 31, nacido en Cerralbo, hijo de Nicolás y de Margarita, soltero, jornalero, teniente de alcalde, presidente de la STT, huido, apresado, procesado, condenado a muerte, ejecutado y enterrado en las mismas circunstancias que Cristino BartoloméMartínez.

 

Máximo Muriel Blanco, de 26 años, hijo de Aniano y de Rosario, soltero, jornalero, vocal de la Sociedad de Trabajadores de la Tierra (STT), huido, apresado, procesado, condenado a muerte, ejecutado y enterrado en las mismas circunstancias que Cristino BartoloméMartínez.

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nota de prensa sobre el acto de P.R.O.H.E.M.I.O. ante el monolito de Robleda 2014
Homenaje Robleda 14 de agosto 2014.pdf
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Por fin en la mañana de ayer pudimos dar una sepultura digna a mi tío José Prieto Martín, cuyos restos yacían al lado de una carretera desde su vil asesinato en el verano de 1936.

Ha sido un acto emotivo, lleno de dolor en las caras de sus hijos pero a la vez con la esperanza de futuro en los mensajes de sus bisnietos quienes por fin están conociendo la verdad y pueden hablar claro sin miedo a las represalias que han sufrido las generaciones anteriores, víctimas del franquismo y de un estado que aún a día de hoy se niega a reconocer estos crímenes, a pedir perdón y a recuperar la dignidad de tantas personas, tantos familiares nuestros, cuyos restos y recuerdos siguen estando enterrados en una fosa común.

Mi agradecimiento para todos los que desde diferentes ámbitos hacen posible este trabajo de recuperación.

Susana L.

 

Víctimas castellanas en los Campos Nazis

Hoy presentamos un trabajo acerca de los castellanos en los campos de concentración nazis. Es el producto de la colaboración de varios compañeros pertenecientes a los Foros por la Memoria: Juan Carlos García Funes, del Foro por la Memoria de Segovia; Eduardo Martín, del Foro por la Memoria de Zamora; Susana Luengo, del Foro por la Memoria de Castilla y León, y de Orosia Castán, perteneciente al mismo Foro. Se trata de ofrecer una visión lo más amplia posible acerca de hechos ocurridos en nuestra Comunidad, para lo que los autores han investigado lo sucedido en su provincia, ofreciendo un todo para su mejor comprensión.

Saludamos esta iniciativa y esperamos que se convierta una colaboración constante que enriquece nuestra página, abriendo el horizonte a más y mejores informaciones

 

 

Escalera de Mauthausen
 

 

http://www.represionfranquistavalladolid.org/?Vitimas-castellanas-en-los-Campos

 

La represión franquista dejó 200 muertos en Ciudad Rodrigo

Ciudad Rodrigo fue una de las zonas más represaliadas por el bando nacional en la provincia

 

http://www.lacronicadesalamanca.com/la-represion-franquista-dejo-200-muertos-en-ciudad-rodrigo/

 

Ciudad Rodrigo fue una de las zonas más represaliadas por el bando nacional nada más producirse el levantamiento contra la República, en 1936. El historiador y nieto de un represaliado en la comarca mirobrigense, Ángel de Miguel, calcula que unas 200 personas fueron asesinadas en los ‘paseos’ organizados por carabineros, guardias civiles y falangistas sin consejos de guerra ni diligencias previas de por medio.

Muchas víctimas siguen enterradas en fincas de la comarca, a la espera de que las investigaciones y la disponibilidad de fondos permitan localizar sus restos y poder darles una sepultura digna.

Además de las aproximadamente 200 personas asesinadas desde que produjo el levantamiento, en julio y hasta mediados de diciembre de 1936, hay un millar más de salmantinos que sufrieron otro tipo de represalias de carácter económico (fueron expoliados) o encarcelados, pero sólo son datos provisionales, “porque cada día que estudiamos surge alguna novedad”, explica De Miguel, que este sábado ha contado sus investigaciones en un acto organizado en la biblioteca del Palacio del Arzobispo Fonseca, en el marco de las actividades del décimo aniversario de Salamanca Memoria y Justicia.

Hay que leer esta página de la historia para superarla y aprender

Hubo depuraciones, penas de prisión y castigos económicos fruto de la delación entre vecinos por rencillas o envidias, rencor e incluso algunos que creyendo que cumplían la nueva ley denunciando al vecino sin otra intención. “Es imposible cerrar la herida porque sigue abierta. No hay rencor, pero sí ilusión por que se sepa qué ha pasado, que se ha sufrido y que eso no ha sido gratis. La gente que ha sufrido quiere que se reconozca su sufrimiento y que ese dolor ha servido para algo”, señala el historiador salmantino.

Familias destrozadas

“Muchas familias fueron brutalmente trastocadas porque perdieron al padre, la madre o al hermano, pero también sus bienes fueron expoliados y quedaron marcados durante decenios como que eran hijos de los rojos y los otros no, y las relaciones eran tensas”, comenta De Miguel.

Pese a que muchos se empeñan en que no se sigan investigando los crímenes del franquismo, el historiador salmantino explica que “hay que leer esta página de la historia para superarla y aprender. La memoria no es un mero recuento de cosas, sino el acerbo cultural que nos permite formar nuestra personalidad y proyectar nuestro futuro”, relata.

Los investigadores que buscan las fosas comunes se están encontrando, además de con la incomprensión de la parte más reaccionaria de los opositores a que se conozcan esos crímenes, con las trabas que ponen algunos propietarios de las fincas donde se cree que están esas fosas comunes y la falta de medios para iniciar las excavaciones y, cuando se encuentran restos mortales, realizar las pruebas de ADN.

Restos recuperados

Entre los 200 asesinados en la comarca de Ciudad Rodrigo ya se han recuperado los cuerpos de los vecinos del Bodón (sus restos estaban en la finca Las Medinillas, junto a Bañobárez) y los de Fuenteguinaldo, que fueron asesinados al lado del monasterio de La Caridad, en Ciudad Rodrigo.

También hay vecinos recuperados en Robleda y los restos de los últimos nueve ciudadanos asesinados en grupo en la finca de Ravida, en diciembre del 36, “pero que fueron desenterrados y no sabemos dónde los llevaron de nuevo”.

 

YAGÜE, EL CID DEL SIGLO XX

 

por Luis Castro Berrojo

 

 

Yagüe, el que inicia el Movimiento el 17 de julio en Ceuta, donde no hay resistencia, pero sí los primeros asesinatos de civiles y militares leales al gobierno legítimo; el que avanza hasta Maqueda, a un paso de Madrid, al frente de la Columna de la Muerte, dejando simas de sangre popular a su paso; el impulsor de Franco a la dictadura vitalicia; el pionero de la Guerra Relámpago, luego desarrollada por Hitler en toda su extensión; el que por un día cambia el nombre de la plaza de Cataluña por la del Ejército Español; Yagüe, primer ministro del Aire, de la aviación “del imperio que llega”, como él decía, pero sin aviones. (Se los quiso pedir a su amigo Goering, pero este los estaba acopiando para atacar a Polonia y a Rusia, plagadas de morlocks granates y judíos aplastables); Yagüe, que sin duda hubiera luchado con el III Reich, al lado de su camarada Muñoz Grandes, si no hubiera sido por los achaques y sufrimientos por la patria de Franco.El general Yagüe, marqués de San Leonardo de Yagüe, con varias cruces militares, una de ellas por su acción en Asturias en 1934, donde sus legionarios ensayaron con los mineros la vesánica represión que luego sería habitual en la guerra; Palma de Plata de Falange; hijo predilecto de Burgos, Soria, Oviedo, Badajoz, etc.; Gran Cruz del Águila alemana potenzada con cuatro diminutas esvásticas; medalla al trabajo y de sufrimientos por la patria, etc. Yagüe, consejero nacional, capitán general y virrey de Burgos en una década que no dudamos en calificar de ominosa (1943-1952); aniquilador del maquis en 1944; Yagüe, “el que tantas cosas hizo por Burgos”. Hizo un hospital, pues ya se sabe que la guerra causa muchos heridos y también sabemos que Dios nos da la enfermedad y su remedio. A veces, como es el caso, en la misma persona. Hizo también la barriada de su nombre, de casas “ultrabaratas”, cerca de la abarrotada cárcel y bien lejos del centro, no fuera a ser que los obreros quisieran codearse en el Espolón con las distinguidas señoritas de la Sección Femenina o los alféreces de reenganche. He hizo, eso sí, la gran metrópolis militar, el West Point celtibérico, con su Academia de Ingenieros, su Ciudad Deportiva militar –estrangulando el acceso de Gamonal a Fuentes Blancas– el nuevo edificio del Gobierno Militar, la Residencia de Oficiales, la 2ª fase de la barriada militar, el cuartel de Tropas de Sanidad, la ampliación del aeródromo y de los viejos cuarteles de Calzadas, etc, etc., todo ello en buena medida a costa de las arcas municipales, que luego no tenían dinero para pavimentar las calles, sanear barrios o atender el hambre y las enfermedades reinantes en las barriadas periféricas. Pero por Burgos y hacia el imperio. FrancoYague-detallec4.jpgSe dice que un Franco agonizante mandaba llamar a Yagüe para que fuera a detener la Marcha Verde en las provincias del Sahara español. Aznar, retorcido donde los haya, envió a Ceuta como gobernador militar a Juan Yagüe (hijo) tras la crisis del Perejil, con más barcos y tropas para advertencia del rey moro. Yagüe, el general falangista, conspirador de pacotilla, aún ganaba batallas post mortem, como el Cid. Por eso aún se quiere homenajear su memoria, como si estuviéramos bajo el cuarentañismo. O en la Edad Media. Oh, Burgos, por qué no olvidar eso.

 

Luis Castro Berrojo

Y sin embargo ........

Estamos en un momento de indignación social,  desencanto, hastío y desesperanza en el que siguen repuntando los casos de corrupción política y desprestigio de la clase en el poder. Se está produciendo la aniquilación sistemática y definitiva de los derechos ciudadanos, se trata de un retroceso sin precedentes en todos los ámbitos: el trabajo, la sanidad, la educación la libre expresión, y todo ello por la vía legal. Reina el silencio y sin embargo el malestar es latente.

 

En esta falsa democracia que se desmorona ante nuestra impasibilidad, convivimos con el dolor. Ese dolor de hacer malabares con una nómina exigua para conseguir pagar las facturas y llegar a fin de mes, ese malestar de seguir visitando periódicamente la oficina de empleo, esa desidia y ese cansancio de ver día tras día y cada vez más patentes los símbolos de un régimen, que ya debería haberse marchado.


Y sin embargo, ese antiguo régimen con olor a naftalina sigue instalado en nuestro gobierno, desde la figura del jefe de estado, el partido en el gobierno, la oposición, todo dentro de un juego perfectamente orquestado para transmitir una ficticia apariencia de democracia. Nuestra democracia real murió asesinada y ultrajada. Nuestra democracia real fue enterrada en una fosa común y descansa a varios metros bajo la losa que suponen nuestra constitución y los pactos de la transición, bajo las mareas ciudadanas que de forma descoordinada ahora caminan sobre ella.


Esa democracia que nos fue arrebatada debe ser rescatada, honrada y resarcida y es sólo sobre esa democracia que podremos construir las bases fuertes de la República que nos merecemos aquellos que tenemos sangre roja corriendo por las venas.

Susana Luengo

Que rompan la Jesa Arriba - con muchísimu saleru

Para que asina los ricos - no puean crial becerros.

El que quiera ver moril - a to los ricos de usía

No tieni más que decil: ¿Que rompan la Jesa Arriba!

Que rompan la Jesa Arriba - que dejin el Gamonal,

Que lo rompa Martin Mochu - con el Moru Criminal.

Que rompan la Jesa Arriba - que rompan la Jesa Abaju,

que el que tieni vacas, vendi - y el que no se quea mirandu.

Que rompan la Jesa Abaju - que rompan la Jesa Arriba,

Que el que tieni vacas, vendi - y el que no tiene, las mira.

Quiera Dios que en algún día - la tortilla se regüelva,

Que los probis coman pan - y los ricus coman hierba.

Si quieris vel moril - a to los ricus de cuaju,

No tienis más que decil: ¿Que rompan la Jesa Abaju!

Que rompan la Jesa Abaju, - las Maribañas y el cuentu,

Verás a todus los ricus - morilsi de aburrimientu.

Y si quieris vel moril - a los ricus de la Plaza,

No tienis más que decil: ¿Que rompan las Maribañas!

Y si quieris vel moril - a los ricus de la Iglesia,

No tienis más que decil: ¿Que rompan las dos edesas!

Andan idiendu los ricus - que no quierin a los probis,

Sembraremus esus cachus - aunque se sigan remolis.

Empiezan en Navalengua, - terminan en el Pocitu,

Las quisierun roturás - y ahora las siembran los ricus.

Rompierun la Jesa Abaju - roturarun la de Arriba,

Ningún ricu se murió - ni de probi, ni de envidia.

Que rompan la Jesa Abaju, - que dejin el Gamonal,

Pa que lo rompa Martín - con el Moru Criminal.

Que rompan la Jesa Abaju, - que dejin el Majadal,

Pa que lo rompa Juanitu - con la Roja y la Salá.

 

Copla tradicional robleana, procedente de la época en que se procedió a la roturación de las dehesas en Robleda para hacer efectiva la Reforma Agraria Republicana.

 

Referencia bibliográfica

 

IGLESIAS OVEJERO, Ángel, "El folclore fue historia vivida: Que rompan la Jesa Arriba", Cahiers du P.R.O.H.E.M.I.O. nº11, Presses Université d'Orleans 2009, pp. 555-556

 

EL FANDANGU DE ROBLEA "QUE ROMPAN LA JESA ARRIBA, QUE ROMPAN LA JESA ABAJO"
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