Las primeras sacas domiciliarias y carcelarias de Ciudad Rodrigo. Ángel Iglesias Ovejero

En Ciudad Rodrigo no se puede poner fecha segura a determinadas sacas domiciliarias o carcelarias, dada la incierta cronología de los testimonios orales, que señalan el asesinato primero fallido y después consumado de Tomás Fraile Fraile hacia el dos de agosto, cerca del pantano del Águeda; o la de algún otro mal identificado, como un “hermano de Justo Pata”, Manolo “El Cojo”, que por esta razón no hemos incluido en el cómputo definitivo de víctimas mirobrigenses. Pero este último, casi con seguridad, sería “El Confitero”, hallado cadáver en el término de Castillejo de Martín Viejo  (croniquilla del día 6 de agosto), pues informantes fiables señalan que “El Cojo” era dueño de un puesto de caramelos, con el que se desplazaba a las ferias de los pueblos. Debido a su cojera, “fue sacado a rastras por la puerta de la Colada”, siendo asesinado por Saelices el Chico y Castillejo de Martín Viejo (CR 2009). 

Las actas de defunción, aunque laboriosas y erráticas, registran la identidad de varios vecinos mirobrigenses, “detenidos por señores militares” el 9 o el 10 de agosto y eliminados casi con seguridad en la noche de este día para el día 11, en que fueron hallados cadáveres, aunque podría haber desfase de un día antes o después en algún caso. Fueron sacados por parejas o en grupo y entre ellos hubo algunos concejales mencionados en el necrologio de ediles, al que se remite, llegado el caso. 

Junto al cadáver del edil Eugenio Cerezo (necrologio de la corporación municipal mirobrigense, día 30 de agosto) apareció el de otro vecino de Ciudad Rodrigo: 

 

José López Rodríguez (a) “Garabayo”, de 32 años, sin constancia de filiación, tabernero, vendedor ambulante, casado, pero con su cónyuge y eventual descendencia sin identificar. El 27 de julio lo llamó a declarar el juez de instrucción. Falleció en La Giera, cerca de La Caridad y fue enterrado en el cementerio municipal de Ciudad Rodrigo, sin que se consignen en el acta de defunción otros datos (RCCR, 12/08/1936), pero de ella se deduce que debió de ser asesinado en la madrugada del día 11 de agosto. Según el reconocimiento del cadáver por parte del médico forense (11/08/36), la muerte sería anterior a dicho día 11 (AMCR), pero como en el caso de Luís Hernández, no parece que estas apreciaciones haya que tomarlas al pie de la letra. 

  

La misma noche, en la ejecución inicialmente fallida del concejal Ángel López (a) “El Carracedo”, sucumbieron sus compañeros de saca, Silvestre López López (a) “El Mora” y un Desconocido para él, que sería uno de los otros tres mirobrigenses cuyos cadáveres aparecieron flotando junto al Puente del Águeda en el lado opuesto del yacimiento prehistórico de Siega Verdesiendo enterrados en el cementerio de Castillejo de Martín Viejo  (actdef. 12/08/36):  

 

Antonio García Herrero, vecino de Ciudad Rodrigo, sin indicación de edad, naturaleza, filiación, profesión, estado civil, situación familiar, fecha y lugar de detención; “falleció en las aguas del río Águeda [término municipal de Castillejo de Martín Viejo], el día se ignora [10 u 11/08/36], a consecuencia de muerte violenta y disparos de arma de fuego (…)” y su cadáver recibió sepultura en el cementerio de este pueblo (C.545/37: 4vº). En enero de 1937, confirma esta identificación nominal en el juzgado de Ciudad Rodrigo su padre, Luciano García Martín, de 73 años, casado, empleado municipal, vecino de dicha Ciudad (07/01/37), de cuyo testimonio se deduce que fue detenido por el alférez Ernesto Bravo (“un militar que se hallaba en esta ciudad”) y el pretexto para la saca que afectó a su hijo y sus compañeros de infortunio fue un traslado a Salamanca. 

Vicente Díaz Sáez (a) “El Jabonero”, vecino de Ciudad Rodrigo, sin indicación de edad, naturaleza, filiación, profesión, estado civil, situación familiar, fecha y lugar de detención; falleció en idénticas  circunstancias y fue enterrado en el mismo lugar que Antonio García (C.545/37: 6). En enero de 1937, lo identifica nominalmente en el juzgado de Ciudad Rodrigo su padre, Eulogio Díaz Martín, de 64 años, casado, jornalero, vecino de dicha Ciudad (08/01/37), según el cual fue detenido “por unos señores militares de esta ciudad 

Ángel Cerezo Hernández, vecino de Ciudad Rodrigo, sin indicación de edad [39 años], naturaleza, filiación, profesión, estado civil, situación familiar, fecha y lugar de detención; falleció en idénticas  circunstancias y fue enterrado en el mismo lugar que Antonio García (C.545/37: 5). En enero de 1937 lo identifica nominalmente como Eugenio Cerezo Hernández en el juzgado de Ciudad Rodrigo su viuda, Amparo Cuadrado García, de 38 años, de profesión sus labores, vecina de dicha Ciudad (07/01/37). Pero en el auto del juez Fausto Sánchez, se refiere a Ángel Cerezo Hernández (C.545/37: 24). Existe, pues, cierta confusión, entre los hermanos  Ángel y Eugenio Cerezo Hernández, aunque el primero sería el que apareció cadáver en el Puente del Águeda, enterrado en el cementerio de Castillejo de Martín Viejo.  

Silvestre López López  (a) “El Mora”, vecino de Ciudad Rodrigo, sin indicación de edad, naturaleza, filiación, profesión, estado civil, situación familiar, fecha y lugar de detención; falleció en idénticas  circunstancias y fue enterrado en el mismo lugar que Antonio García (C.545/37: 5). En enero de 1937, lo identifica nominalmente en el juzgado de Ciudad Rodrigo su madre, Manuela López Antón, de 64 años, viuda, de profesión sus labores, vecina de dicha Ciudad (08/01/37), según la cual “por orden de unos señores militares le dijeron que se presentara en la Comisaría de Vigilancia de esta Ciudad, lo que así efectuó, donde estuvo seis días detenido y después se le halló cadáver en el término de Castillejo de Martín Viejo” (f. 23). 

 

Otros dos vecinos de la Ciudad fueron eliminados en estas fechas:  

Luis (o ¿Denis?) Hernández Rodríguez, de 24 años, soltero, enterrado en el cementerio municipal de Ciudad Rodrigo, sin que se consignen en el acta de defunción otros datos (RCCR, 12/08/1936), aunque de ella se deduce que debió de ser asesinado en la madrugada del día 11 de agosto. Sin embargo, en el reconocimiento del médico forense, fechado ese mismo día 11, se considera imposible la autopsia debido al “estado de descomposición” del cadáver y para autorizar el enterramiento estima que la muerte “parece ser data de más de 24 horas” (AMCR), y por tanto sería anterior a tal fecha, pero la fiabilidad de los detalles de estos trámites resulta escasa. 

Andrés González Gorjón (o con probable error en el orden de apellidos, Andrés Gorjón González, en el RCCR), de 39 años, casado con Purificación Hernández, padre de un niño al menos (Proc./CR abr.38: 2), enterrado en el cementerio municipal de Ciudad Rodrigo, sin que se consignen en el acta de defunción otros datos (12/08/1936). Pero de ella se deduce que debió de ser asesinado en la madrugada del día 11 de agosto. Con toda probabilidad, se trata de la misma víctima que, con error de lectura en un apellido, en dicho día registran López y Delgado (2007: 170): Andrés González Gordón. Esta víctima a su vez lleva los mismos apellidos (con el probable error de lectura en GORDÓN) que otra persona, cuyo cadáver apareció tres semanas más tarde en Zamarra (02/09/36): Ángel González Gorjón (croniquilla del 6 de agosto). 

 

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