Homenaje a las víctimas mortales de Casillas de Flores en la represión franquista (16/07/2016)

(Ángel Iglesias Ovejero)

Mañana está prevista en Casillas de Flores la colocación de una placa con los nombres de las víctimas mortales de esta localidad en la represión franquista, que hasta ahora no han tenido ninguna forma de reconocimiento por parte de las autoridades locales ni de ninguna otra de la provincia de Salamanca y la Comunidad de Castilla y León. El homenaje, en el que sería deseable la presencia de la corporación municipal, se debe a la iniciativa responsable y generosa de las familias Gómez Álvarez y González Moreiro,

descendientes respectivos de Antonio Álvarez Martínez y de José María Moreiro Ríos.

 

Como anticipo de las croniquillas y necrologios del verano y otoño sangriento de 1936 en el SO de Salamanca, a partir del próximo día 18, se propone aquí el necrologio de Casillas de Flores, con las víctimas mortales hasta ahora identificadas.

 

José María Moreiro Ríos, de 37 años, hijo de Ángel y Cándida, dueño de un establecimiento de bebidas, alcalde republicano, casado con Isabel Gómez Martín, con quien tenía tres hijos menores. Murió “víctima de la guerra” el día 8 de agosto de 1936, según la dedicatoria de su esposa e hijos en la lápida del cementerio de Casillas de Flores, donde está enterrado (Iglesias 2009a). Un expediente de 1979, a instancia de su viuda, con información testifical, corrige la fecha de su muerte y la causa (detención sangrienta en las afueras del pueblo): “el día 13 de agosto de 1936 fue sacado de su domicilio de Casillas de Flores (...) y muerto violentamente [por mano] del hombre” (AMCR, Viudas; RCCdF., act. def. 03/03/80). La fecha del día 8 quizá corresponda a la de un primer intento de detención del que conseguiría librarse provisionalmente, gracias a la ayuda de Ángel Montero Estévez, que a su vez tendría que esconderse en Portugal y sería multado con 50.000 pesetas, de nuevo denunciado en 1941 (C.171/41).

 

Felipe Rastrero Antúnez, de 59 años, hijo de Manuel y Rosaura, sin indicación de profesión, casado con Rosalía González Alfonso, con quien tenía cinco hijos. Falleció “en Casillas de Flores” el día 13 de agosto de 1936, “por motivos de la guerra civil española”, sin indicación del lugar donde fue enterrado, según su tardía acta de defunción  (RCCdF., 29/10/1981, “expediente instado por Dª Celia Rastrero González”). Según testimonios de familiares (CdF 2006), fue víctima de una detención sangrienta en su propio domicilio. Después de un registro, los victimarios le dispararon a las piernas y, cuando se desangraba sin asistencia médica, lo remataron en presencia de su familia (Iglesias 2009a).

 

Antonio Francisco Álvarez Martínez (a) “Portones”, de 36 años, hijo de Manuel e Isabel, jornalero, teniente de alcalde republicano, casado con Julia Moreiro Antúnez, con quien tenía tres hijos menores. Había estado en Francia. Fue detenido por carabineros en presencia de su esposa e hijos. Después de un fugaz paso por la cárcel local (CdF 2009), ingresó en la prisión del partido judicial como “detenido [militar]” a las 20.15 horas del día 30 de julio de 1936. En teoría fue puesto “en libertad” el 8 de octubre; pero de hecho fue objeto de una saca carcelaria (AMCR, Desaparecidos 1936). En un informe policial de 1979 se añade que esta salida en libertad se produjo “en unión de otros que figuran en distinto expediente, sin que conste nada más” (AMCR, Viudas), sin duda en referencia a los vecinos de Fuenteguinaldo también sacados aquel día. Sobre su destino y enterramiento caben diversas conjeturas; el más probable parece la finca de Aldeanueva de Portanobis, término de Castillejo de Martín Viejo. Allí se practicó una exhumación (2010) en la que se hallaron restos de tres víctimas.

 

Antonio Cánovas (o CanovasMesa (nat. de Mazarrón, Murcia), de 38 años, hijo de Juan y María de las Mercedes, quizá albañil, presidente de la Sociedad Obrera (STT), casado con Basilisa González Zamarreño, sin constancia exacta de descendencia. Según el acta de defunción tardía, falleció “de muerte violenta” el día 15 de octubre de 1936 en las afueras de Ciudad Rodrigo, sin indicación del lugar de sepultura (RCCR, act. def. 31/01/1981). La documentación de archivo revela que fue detenido el mismo día que Antonio F. Álvarez y, aunque se benefició de una fugaz salida de la cárcel, ambos debieron de compartir los mismos avatares finales de la saca carcelaria y lugar de enterramiento.

 

Timoteo Feliciano Mateos Ríos, de 29 años, hijo de José y Adela, jornalero. Fue detenido el 7 de octubre con los vecinos de Fuenteguinaldo, con quienes ingresó en la prisión del partido judicial y como ellos fue sacado a las 4 horas de la mañana del día siguiente(AMCR, Desaparecidos 1936), siendo asesinado en el camino de Gazapos, cerca del antiguo monasterio de La Caridad. Había estado en Francia, donde tenía un hermano, Manuel “Penche”, que regresó a España para defender la República (CdF 2007).

 

Manuel Bermejo Hernández (a) “de tio Clico”, de 33 años, hijo de Quirico y Julia, jornalero. Estuvo casado dos veces, primero con María Antonia Palos González (15/11/1926) y después con Manuela Álvarez Lanchas (21/11/1931), prima hermana de Antonio Álvarez, sin que haya constancia de su descendencia (CdF 2008). Sería asesinado en lugar desconocido con posterioridad al 29 de septiembre de 1936, pues en esa fecha el informante Vicente Carballo, que debía haberse incorporado antes al servicio militar y no pudo hacerlo por enfermedad, estuvo cinco días en el hospital de Ciudad Rodrigo y allí coincidió con Manuel “de tio Clico”, que también estaba enfermo. Precisamente allí, los enemigos de Manuel solicitaban apoyos al mencionado informante para su eliminación, a lo que Vicente se negó (CdF 2008).

 

Quirico Bermejo Escamochero (a) “tio Clico” (nat. Villamiel, Cáceres), hijo de Ramón y Ladislaa, jornalero, aunque sembraba una huerta, con la cual habría alimentado a varios hijos que tenía con su esposa Julia Hernández, tres al menos registrados en el libro de bautismos (Archivo diocesano CR). Fue asesinado como su hijo Manuel, pero quizá después de éste y en una detención sangrienta en fecha indeterminada (CdF 2008 y 2009). La detención se habría producido con el engaño habitual en estos casos, solicitando su entrega “porque no le pasaría nada”.

 

Los testimonios orales y escritos hablan de una decena larga de casillanos ejecutados extrajudiciales, con total impunidad de los victimarios, pero de momento solamente se han obtenido datos incompletos sobre algunas de estas presumibles víctimas. En su eliminación habrían participado falangistas de Casillas de Flores, que también actuaron en los asesinatos cometidos en Fuenteguinaldo y en los conatos de Navasfrías. Según rumores, había una copiosa “lista” de elegidos para el sacrificio, que habría aligerado un sargento de la Guardia Civil, por estar casado con una mujer de Casillas y ver en el listado el nombre de un cuñado. Otros se librarían en el viaje macabro porque “las fuerzas” los habrían dejado escapar o, con más probabilidad, los detenidos saldrían con vida del juego de la muerte (“caza del conejo”), que, desde el mes de agosto de 1936, los noveles “falangistas” practicaban en la aplicación criminal de la “Ley de fugas”. Y finalmente, algunos afortunados se salvaron de milagro o por influjo de derechistas pudientes.

 

Entre los de la “lista” figuraba el padre del informante Emilio Hernández (de ocho años entonces), Francisco Hernández, a quien un tal “Gallina” (que se menciona en otras detenciones) “le metió la escopeta en la boca”. Después tuvo que esconderse cerca de la frontera portuguesa con un hermano suyo, llamado Ángel, y dos primos. Emilio les llevaba la comida. Esto sucedió después de que gente amiga condujera en un carro de vacas a la madre y otros tres hijos (el mayor enfermo de meningitis) a las Cuestas de Alberguería de Argañán, adonde todavía fueron a buscar al padre, “cuando estaban trillando”, pero el dueño de la finca se interpuso. Esta persona perseguida acabó de pastor del conde de Montarco (CdF 2006).

 

Muchas dudas han generado los nombres de José Bernal y José Martín. Según unos informantes, José Bernal desapareció y su madre preguntaba por él, hasta que un vecino (G.) le dijo: “No lo busques más, porque lo maté yo” (CdF 2006). Otro informante pone en duda que muriera e incluso llega a afirmar que “era político, pero no lo mataron” y se casó dos veces (CdF 2007-2008,  Iglesias 2009a). No puede excluirse la homonimia parcial o alguna otra circunstancia que lleve a confundir personas. En efecto, otros informantes mencionan a José Martín entre las víctimas mortales del pueblo: “(…) el hijo de una tal María “la Casquella”, la cual insultaba a todos [los represores] porque le habían llevado un hijo” (CdF 2009). Cabe la posibilidad de que los dos apellidos divergentes se refieran a la misma persona: José Bernal Martín, hijo de Valentín y Adelaida, nacido en Casillas de Flores el de 22 de febrero de 1896 y bautizado el 26 siguiente (ADCR).

 

Dudas parecidas envuelven el destino de dos hijos de Felipe Rastrero y Rosalía González:Manuel y José Rastrero González. Según el informante Vicente Carballo, estos hermanos fueron víctimas de una ejecución fallida por falangistas casillanos:

 

“Los sacaron los falangistas (…) y los quedaron como si los hubieran matado. [Manuel y José] consiguieron escapar al monte, donde otro hermano, Jesús, iba con las cabras. José tenía que incorporarse al ejército, y el abuelo, que, a diferencia del padre, era de derechas, medió y se pudo incorporar en Salamanca, no sin encontrarse con un guardia de Casillas (…), que era un cabrón. Estuvo en la guerra y después se apuntó en la División Azul, por miedo de que lo mataran los falangistas, pero hubo otros 18 ó 20 de Casillas que estuvieron en esa División, algunos buscando la vida, e hicieron carrera militar. José Rastrero estuvo después en Francia, pero no tuvo suerte, murió allí, sin que se sepa la causa. Manuel Rastrero, al parecer, estaba en Francia antes del Movimiento” (CdF 2008).

 

Algunas de estas y otras dudas similares se habrían resuelto con una simple consulta del archivo municipal de Casillas de Flores, lo que en su momento no se pudo efectuar a satisfacción, porque era de los que “no estaban catalogados”. Los herederos de la tradición local todavía están a tiempo de procurar otras informaciones, incluidas las referidas a las “víctimas indirectas” de la represión, entre las que se han identificado tres fallecidos:

 

Tomasa Mateos Hernández, muerta en desamparo y por depresión (22/11/38), al estar su marido en el frente de guerra franquista y su madre en la cárcel (C. 1309/38)

Manuel García Peña, muerto en el campo de concentración de Mauthausen (12/02/41) (MCU)

Manuel Álvarez Moreiro, de 17 años, hijo de Antonio F. Álvarez, jornalero. Falleció en extrañas circunstancias relacionadas con la tenencia de armas (29/03/48). Su cadáver apareció en el campo y presentaba herida de arma de fuego.  Oficialmente el hecho fue calificado de “suicidio”, pero a sus familiares no les convenció esta versión, por considerarla inverosímil (CdF 2009).

 

Además de la represión sangrienta, en Casillas de Flores hubo afectados por otras modalidades represivas:

-11 presos o detenidos

- 4 depurados (2 maestras y 2 militares, uno de estos también preso)

- 9 sancionados con multas (5 de ellos también presos).

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